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12 de diciembre de 2016

Renzi, 'Ciao'

Adónde va la crisis política y la crisis financiera en Italia y en Europa

Publicado en https://www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/662656730581858

Desde antes aún del referendo constitucional en Italia, la prensa internacional ha estado debatiendo si una derrota del gobierno de Matteo Renzi tendría el efecto de desatar una crisis política y financiera que podía impactar incluso más allá de sus fronteras -o se limitaría a una tormenta en un vaso de agua. La dificultad para ofrecer una previsión cierta se potencia porque la crisis italiana no puede ser aislada de otros factores aún más poderosos que operan en la economía mundial -en primer lugar, la salida incesante de capitales de China, la inminencia de una crisis financiera en este país y el impacto de la devaluación del yuan en las relaciones conflictivas entre Estados Unidos y China a partir de la victoria de Trump.

El referendo de los capitalistas

Después de la derrota aplastante del Sí en el reciente referendo (60 contra 40 y un record de participación electoral), la crítica a su convocatoria se hizo unánime –como ocurre siempre con los que pontifican sobre los hechos consumados. El primer ministro Renzi, sin embargo, necesitaba obtener una mayoría popular para un proyecto que le daba armas excepcionales para abordar la crisis económica y bancaria del país, que es la más intensa de toda Europa. Italia, simplemente, tiene hoy un PBI per cápita inferior al de 2008 y, según el FMI, sólo volvería a ese nivel recién en 2024; además, reúne el 40% de todos los préstamos incobrables del conjunto de la zona euro.

La aprobación de la reforma política del gobierno habría significado, en estas condiciones, transferir, por un lado, poderes de los gobiernos locales al gobierno central para imponer privatizaciones y concesiones a inversores y, por otro lado, ratificar la vía judicial rápida para los casos de quiebras de bancos y la ejecución de deudas impagas. No es casual que el Financial Times se inquiete ahora por la posibilidad de que la victoria del No implique la obstrucción a la normativa legal que permite la recuperación rápida de los préstamos en mora (2/12) –algo que es esencial, dice, para el éxito de cualquier rescate bancario. El referendo, en una palabra, era la expresión política de una salida capitalista a la crisis feroz del sistema bancario de la península, que tiene deudas en mora por 360 mil millones de euros y definitivamente incobrables por casi 100 mil millones. Por eso, tenía el apoyo decidido de Claudio Descalzi de la petrolera ENI; del mandamás de Italia, Sergio Marchionne, de Fiat-Chrysler; y de Mauro Moretti de Finnmecanica (FT, 30/11).

El referendo acerca de reformas constitucionales tenía la función, por sobre todo, de legitimar a un gobierno que había emergido de un golpe parlamentario, dos años antes, o sea sin un apoyo electoral. Con menos estridencia que el golpe en Brasil, Renzi desplazó del gobierno a la fracción rival de los ex primeros ministros Bersani y Letta, con la finalidad, como en el caso brasileño, de producir un viraje hacia el ajuste, las privatizaciones y el ataque final a la legislación laboral. Europa asistía al surgimiento de tres gobiernos de facto, en clave ‘tercermundista’: el español Rajoy, la inglesa Theresa May y Renzi. La derrota del Sí reunió, por eso, al conjunto del sindicalismo italiano y a los partidos de izquierda, más la fracción disidente del partido oficial. La dificultad, ahora, para formar un nuevo gobierno reside, precisamente, en la posibilidad de zafar de la división del oficialismo. La alternativa, entonces, es que se establezca una administración interina hasta la realización de elecciones generales. En este caso, Italia lograría que su sistema político luzca más débil aún que el sistema bancario. Cuando Renzi convocó a este plebiscito, desconocía que enseguida iba a tener lugar la victoria del Brexit y más tarde la de Trump. La previsión se torna difícil en estos tiempos turbulentos.

Por el camino de Grecia

Italia enfrenta ahora dos crisis –que además se encuentran entrelazadas. Dos bancos se encuentran en un trámite de rescate: el MPS y el Unicredit. Para el primero, Renzi estaba gestionando una inyección de capital de un fondo soberano (del Estado) de Qatar, al cual había prometido, a cambio, una prioridad en la agenda de privatizaciones. Sin Renzi, el negociado flaquea, incluso si otro banco italiano, el Intesa Sao Paolo, acaba de financiar a ese mismo fondo para la compra de acciones en Rofsnet, la petrolera rusa. La condición para este rescate ‘privado’ sería que MPS se deshaga de los activos en peor estado, de unos 30 mil millones de euros, que serían transferidos a una entidad privada, con garantía del Estado, para su ‘recuperación’. El problema aquí es que estos activos desahuciados cotizan al 33% de su valor original, y a que todo indica que caerían aún más –lo que aleja el interés de los fondos que operan en quiebras. En caso de que el rescate lo ejecute íntegramente el Estado, una norma nueva de la Comisión Europea establece que las acciones y los tenedores de cierto tipo de bonos deberían correr con las pérdidas. Esto significaría un perjuicio terminal para decenas de miles de pequeños ahorristas que fueron inducidos a comprar esos bonos con engaños. En estas circunstancias, el gobierno debería inyectar 5 mil millones de euros en concepto de capital; indemnizar a los ahorristas hasta 100 mil euros; y hacerse cargo de la deuda incobrable.

Para un Estado que ya tiene una deuda pública del 130% del PBI (dos billones de euros), la salida no luce saludable. Podría endeudarse con el Banco de Italia, el cual no emite euros, y por eso se vería obligado a endeudarse, a su vez, con el Banco Central Europeo – siguiendo el camino de la banca griega. Por último, el MPS es un banco de porte medio, y todavía se necesitarían recursos para atender al resto del sistema. El Unicredit, el mayor banco italiano, se encuentra negociando, precisamente, una inyección de capital privado de 15 mil millones de euros, el cual podría abandonar la operación ante la incertidumbre que se ha creado. El recurso final sería, según la agencia Dow Jones (6/12), la nacionalización del MPS.

El impacto internacional de esta situación financiera ‘catastrófica’ se encuentra atenuado, en apariencia, por algunas circunstancias. La primera es que la banca italiana ha tocado fondo, ya que ha perdido, a lo largo de la crisis, alrededor de un 80% de su valor accionario – o sea que los inversores han ‘absorbido’ la quiebra. La otra es que el anuncio, por parte de Trump, de un mayor déficit fiscal norteamericano, como consecuencia de reducciones de impuestos al capital y un aumento de gastos para infraestructura, ha elevado las cotizaciones bursátiles, incluso fuera de Estados Unidos. Un factor en sentido contrario es la aceleración de la salida de capitales de China y la previsión de crisis en las financieras que operan en forma paralela a los bancos. De otro lado, la compra de títulos públicos, por parte del Banco Central Europeo, ha agotado su ya escasa capacidad de reactivación de la economía, incluso creando una escasez de bonos para los operadores financieros que no encuentran otras oportunidades de inversión. Este impasse gigantesco explica el crecimiento de la tendencia a reclamar políticas ‘a lo Trump’ –o sea desatar el gasto fiscal en obras de infraestructura. Es, precisamente, a lo que se opone Alemania, que es la que ha sacado mayor ventaja de la política deflacionaria en curso y que advierte que una política fiscal expansiva haría subir las tasas de interés y agravar la situación de los bancos con activos en mora u operaciones financieras (‘derivados’) ruinosas.

Aunque Italia figure como el ‘enfermo’ financiero de la zona euro, el que se encuentra en terapia intensiva es el Deutsche Bank, que representa un ‘peligro sistémico’ mayor que la banca italiana en su conjunto. El Deutsche ha intervenido para camuflar las pérdidas del MPS y es el responsable de que la crisis italiana haya llegado al estado actual.

Populismo

El resultado del referendo italiano ha reforzado el tema del momento, acerca del reemplazo de los gobiernos actuales por la derecha o el llamado ‘populismo’. La prensa ha caracterizado que la mitad de los votos del No contra Renzi (30% del total) responderían a un electorado favorable al Movimiento Cinco Estrellas, lo que no sería suficiente para asegurarle un triunfo en elecciones adelantadas. La posibilidad de que Le Pen pueda ganar en Francia estaría ahora neutralizada por la candidatura de Fillon, un derechista tradicional. El ‘populismo’, tanto en uno como en otro caso, sería un acelerador de la crisis política. La crisis desatada por la migración de personas causada por las guerras imperialistas en Medio Oriente, ha sido usada como tema de campaña en EEUU (islamismo) o Reino Unido, pero no ha dado sustento a un movimiento chovinista con impacto popular. La crisis mundial ha provocado escisiones cada vez mayores en la burguesía mundial y crisis políticas más severas, sin suscitar todavía grandes acciones directas de los trabajadores, ni por lo tanto una polarización política. Pero es hacia eso que marchan los países desarrollados, inevitablemente.

 

 

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