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1 de febrero de 2017

En Rusia es legal pegarles a las mujeres, los viejos y los chicos pero no más de una vez por año

El parlamento ruso acaba de despenalizar la violencia doméstica por 368 votos afirmativos, uno en contra y una abstención. Votaron una ley de protección descarada a los golpeadores. La violencia ejercida por el jefe de hogar ya no será delito aunque provoque  dolor físico y dejen moretones o arañazos. Es un pase libre para el maltrato contra las mujeres, los viejos y los chicos en un país donde el 40 por ciento de los crímenes graves suceden en el ámbito familiar, según el Ministerio del Interior ruso.
 
“Si Putin sanciona esta ley, sólo lesiones como conmociones cerebrales, las fracturas óseas o la repetición de golpizas  darían lugar a cargos criminales”, explica The New York Times (25/1). “Los legisladores admiten la violencia como una de las normas  de la vida familiar”, afirmó  Svetlana G. Aivazova,  especialista rusa en estudios de género.
 
En lo sucesivo, se podrá juzgar a los agresores cuando sus actos causen “daño a la salud” y se repitan más de una vez al año contra el mismo familiar.  La primera condena tendrá carácter civil –una multa leve- y la segunda podrá ser penal.
 
La tarea de juntar la prueba será de las víctimas, aunque el 90% desiste de la acusación porque convive con el denunciado. En Moscú, con una población de 12 millones de habitantes, sólo hay refugios para 150 personas (jezebel.com). La nueva ley prohíbe que la Justicia intervenga de oficio, derogando una reforma al Código Penal de 2016 que fue vista “como una amenaza a ‘la familia de toda la vida’” (Deutsche Welle, 27/1). La Iglesia Ortodoxa Rusa, “que ha incrementado constantemente su influencia en la política social en los últimos años”, dijo entonces “que el castigo físico era una tradición rusa y por lo tanto debería ser protegido como un derecho esencial dado a los padres por Dios” (NYT).
 
Nadie duda de que Vladimir Putin promulgará la ley, impulsada por cuatro legisladoras de su partido –¡hola, las de la ley del cupo!- y apoyada enfáticamente por el clero.
 
 "La descarada injerencia de la Justicia en la familia es intolerable", dijo Putin hace un mes en su rueda de prensa anual, al responder sobre la conveniencia de acabar con una ley que permite "encarcelar a un padre por unos chirlos en el culo que el niño se ha merecido".
 
Las cifras de la violencia contra las mujeres y los chicos en Rusia están en diáfana consonancia con este nivel de barbarie. Las últimas estadísticas oficiales conocidas (2008) revelan que el 25 por ciento del total de asesinatos (sin distinción de género) se cometieron en la casa. El Ministerio del Interior admite que  entre 12.000 y 14.000 mujeres son asesinadas anualmente por sus parejas:  40 por día. En Estados Unidos, con el doble de población, son un millar por año. Aun así, Marí Davtián, abogada especialista rusa en violencia familiar, eleva los femicidios diarios en Rusia a uno cada 40 minutos”.
 
La ley lleva la firma de la presidenta del Comité sobre Familia, Mujer y Asuntos infantiles del parlamento, Yelena Mizulina, quien sostuvo: “Las relaciones entre padres e hijos se basan en la autoridad de los padres. Las leyes deben apoyar esa tradición familiar y el sistema de valores que la sociedad mantiene". Para Mizulina que un hombre vaya a la cárcel por haber apaleado a su esposa "es un ataque contra la familia". Como dijo en otra oportunidad: “Las mujeres somos frágiles y aunque nos peguen eso no nos ofende. Pero a los hombres no se los puede ofender ni humillar”.
 
Mizulina es la legisladora que promovió, exitosamente,  la ley “contra la propaganda gay”, que prohibió hablar en público de “relaciones sexuales no tradicionales" (sic) para salvaguardar los oídos infantiles. La ley antigay opera como una eficaz herramienta de persecución que incluye la prohibición de la marcha del orgullo y penas de cárcel para los activistas. La homosexualidad, para Mizulina, equivale a la paidofilia, la adicción a las drogas, la pornografía.
 
Vyacheslav Volodin, portavoz de la Duma Estatal, dijo que la despenalización de la violencia doméstica  expresa la determinación del estado de "crear condiciones para que surjan familias fuertes".  “Familias fuertes” donde chicos y mujeres viven atemorizados y  soportando vejaciones en nombre del respeto a la autoridad del padre o del marido.  El Estado pretende que esas familias funcionen como una escuela de obediencia y resignación, y que esos sentimientos signen también el vínculo de sus miembros con el aparato de Estado, con los patrones, con las fuerzas de seguridad. Una necesidad imperiosa para un régimen en descomposición que pretende aniquilar todas las conquistas de las masas, sin distinción de género.
 
Los rusos no están solos en esta política. Donald Trump, un misógino militante, también aboga por el retorno a una familia basada en valores bastante parecidos. Como respuesta, las mujeres lo esperaron con una marcha que se cumplió en 670 ciudades y se califica como la más nutrida de la historia de Estados Unidos, incluidas las manifestaciones por los derechos de los negros o contra la guerra de Vietnam.
 
 
 

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