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7 de septiembre de 2017 | #1473

La independencia Catalana después de los atentados

La conmoción generada por los atentados en Barcelona y Cambrils dejó por unos días en segundo plano la pelea entre el gobierno español y el gobierno catalán por la realización del referéndum independentista en Cataluña convocado para el 1° de octubre. Pero la herida se reabrió rápidamente y la Generalitat (gobierno catalán) insiste en que se vote a pesar de las amenazas de Madrid.
 
Independentismo
 
El nacionalismo catalán, de larga data, resurgió con la crisis mundial y fundamentalmente con la bancarrota económica de España. La burguesía catalana salió a reclamar un mejor reparto de la torta fiscal y lo hizo aprovechando un contexto de movilizaciones masivas. Pero aunque desde  2012 la Generalitat viene cacareando con la separación de España, realizando marchas, consultas y demás, el proceso sigue un paso de tortuga.
 
Lo que sí avanzó a saltos es el ajuste contra el pueblo trabajador. Un estudio publicado por la Universidad Pompeu Fabra indica que el desempleo en Cataluña ronda en torno al 13% y entre los jóvenes llega a las tasas más altas de la UE junto con el resto de España, Grecia e Italia. Otros indicadores de deterioro del mercado de trabajo, como el nivel de precariedad, también se encuentran entre los más altos de la UE. De particular importancia ha sido el descenso salarial, que ha sido muy marcado entre los trabajadores con salarios bajos. Si en 2008 el 10% peor pago de la fuerza laboral percibía salarios por debajo de los 9.221 euros brutos anuales, en 2016 este 10% percibía salarios por debajo de los 7.841 euros brutos anuales (¡un descenso del 15%!).
 
Además, los recortes del gasto público fueron sustanciales. El gasto en educación se redujo un 17%, el gasto sanitario y de protección social un 14% y el de vivienda ¡60%! Acompañando estos recortes, hubo una privatización masiva de la gestión de los servicios públicos así como una externalización de tales servicios al sector privado. El ex-presidente de la Generalitat Artur Mas, resumía este programa antiobrero con el slogan “la austeridad nos hará fuertes”. Cabe destacar que el último eslabón en la cadena de precarización laboral, o sea quienes más vienen sufriendo el ajuste, son las comunidades de migrantes, entre las cuales los marroquíes son los más numerosos.
 
Junts pel Si, la actual coalición de gobierno, amalgama un amplio espectro de partidos que van desde los centro derechistas de Convergencia Democrática, en el gobierno desde hace más de dos décadas, hasta los izquierdistas de Esquerra Republicana. La realización del referéndum ha sido la prenda de la unidad bajo cuyo paraguas están cobijados incluso los anticapitalistas de la CUP, quienes aunque no formaron parte de Juts pel Si, permitieron formar gobierno y hasta firmaron un pacto de gobernabilidad. Finalmente después de varias dilaciones la fecha de la consulta fue establecida para este 1° de octubre.
 
Roces y confluencias
 
Ante el anuncio del referéndum el gobierno central puso el grito en el cielo. La secesión catalana significaría la bancarrota de una economía española endeudada por encima del 100% de su PBI, siendo que Cataluña aporta casi un 20% del producto bruto de toda España. Rajoy, desde el primer momento buscó mostrarse intransigente en la prohibición del referendum y desplegó una ofensiva legal y política enjuiciando a varios funcionarios de la Generalitat y amenazando con sanciones económicas. Pero también buscó descomprimir dejando entrever que aceptaría concederle a Cataluña un régimen tributario como el de Navarra o el País Vasco, es decir con potestad para mantener, establecer y regular sus impuestos.
 
Ante los atentados, ambas facciones buscaron aprovecharlos en su favor. Por el lado del gobierno central se insistió en la necesidad de la unidad con el sambenito de la lucha contra el terrorismo. La Generalitat por su parte exaltó “los valores del pueblo catalán” y consideró su respuesta a los atentados como “digna de un gobierno autónomo”. Diez días después de los atentados y faltando un mes para el 1° de octubre, tanto el presidente español como el presidente de la Generalitat, Puigdemont, abandonaron los circunloquios y volvieron a la carga: Rajoy llamó a suspender el referéndum, Puigdemont reiteró que su realización no tiene marcha atrás.
 
Pero, cca pesar de que muchos analistas se refieren a la confrontación entre Cataluña y Madrid como un “choque de trenes”, la enorme mayoría considera que la independencia catalana no será posible. La falta total de apoyo internacional (ni la UE ni la ONU, ni Estados Unidos avalan el proceso independentista) y el pulgar abajo de una parte importante de la burguesía y el capital financiero de Cataluña que temen por los costos que acarrearían posibles represalias por una ruptura, condicionan y obstaculizan el proceso separatista.
 
Además, existen entre los dos gobiernos coincidencias fundamentales. En la última movilización contra los atentados que se realizó en Barcelona, el Rey y Rajoy fueron fuertemente cuestionados (y abucheados) por la intervención española en la guerra y los negocios de armas con Arabia Saudita (reconocidos patrocinadores del terrorismo). Desde el govern no se hicieron eco de esta crítica y desalentaron como pudieron las expresiones de repudio, después de todo en materia de política internacional no existen diferencias mayores con el gobierno central: los líderes del proceso independentista lo último que quieren es salirse de la Otan o de la UE. Semanas antes del atentado había tenido lugar una huelga de controladores aéreos en el Aeropuerto del Prat, que reclamaban contra la rebaja de salarios y el recorte de personal (¡ahora se sabe que el recorte de personal de control aeroportuario se hizo con nivel de alerta 4 por posibles ataques terroristas!), pero un operativo conjunto de la policía catalana y la Guardia Civil española desactivó la huelga. El sabotaje de las luchas obreras y la imposición del ajuste está por encima de las rencillas soberanistas.
 
En España está planteado un problema de poder que combina una profunda crisis de régimen político (es importante recordar que casi todo el año pasado transcurrió sin que pudiera formarse gobierno) con un principio de fisura estatal. El PSOE, Podemos y otros partidos opositores coquetean con la idea de una reforma constitucional para pasar del estado autonómico a un estado de naciones. Se realice o no el plebiscito estas tensiones de fondo seguirán operando. La crisis capitalista y la tendencia a la desintegración de la Unión Europea son las fuerzas centrífugas que apuntalan todo el proceso.
 
Perspectiva
 
La cuestión nacional no puede ser disociada de los intereses sociales en pugna y la lucha de clases. Trotsky estudió el problema del nacionalismo catalán e instó al POUM a no diluirse tras la perspectiva chouvinista de la gran y pequeñoburguesía catalana. “¿Qué significado tiene el programa del separatismo? La desmembración política y económica de España, o, dicho de otro modo, la transformación de la península Ibérica en una especie de península Balcánica, con estados independientes, barreras aduaneras, con ejércitos independientes y con guerras hispánicas " independientes"... Los obreros y los campesinos de las diferentes partes de España, ¿están interesados en el desmembramiento económico del país? De ninguna manera. Precisamente por esto, es nefasto identificar la decisiva lucha por el derecho a la autodeterminación, con la propaganda separatista. Nuestro programa es la Federación Hispánica, con el elemento indispensable de unidad económica. No tenemos intención de imponer este programa a las nacionalidades oprimidas de la península con la ayuda de las armas burguesas. En este sentido, estamos sinceramente por el derecho a la autodeterminación” (La cuestión nacional en Cataluña, L. Trotsky, 1931).
 
Cataluña fue una de las primeras regiones europeas en industrializarse y su poderosa clase obrera, vanguardia en la revolución española, tiene un legado heroico. La tarea de la izquierda ante la crisis entre Madrid y la Generalitat es denunciar el carácter antiobrero de ambas facciones y movilizar contra el ajuste impuesto por ambos gobiernos, para que la crisis la paguen los capitalistas. Una real autodeterminación nacional catalana sólo será posible con un gobierno de trabajadores en el marco de una Federación Socialista de los Pueblos Ibéricos.

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