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15 de marzo de 2018 | #1494

Siria, una guerra de alcance internacional

El asedio en Gouta, en las cercanías de Damasco, por parte del régimen sirio, y el bombardeo contra el cantón kurdo de Afrin y la invasión territorial subsiguiente, por parte de Erdogan, han abierto una nuevo capítulo de la guerra en Siria. Luego de la expulsión de Isis, lejos de atenuarse el escenario bélico en Medio Oriente, estamos ante un recrudecimiento y extensión de la guerra. Las crónicas coinciden en denunciar una masacre, donde tanto las huestes de Al Asad, secundadas por Rusia, como las de la oposición, fogoneada por Estados Unidos y sus aliados políticos en la región, no vacilan en apelar a los métodos más aberrantes. El exterminio tiene como principal víctima a la población civil indefensa. No se queda atrás el ejército turco, que tiene cercada a la localidad kurda de Afrin, sometida a bombardeos incesantes e indiscriminados y a un bloqueo de suministros básicos. El mismo método aplica Al Assad en Gouta. 

La guerra en Siria ya se ha cobrado 400.000 muertos. De los 23 millones de habitantes, 4 millones se han visto obligados a emigrar al exterior y otros 11 fueron forzados a desplazarse internamente. Un holocausto comparable, por sus efectos sociales, a lo acontecido en las guerras mundiales.

El papel de Turquía 

La guerra en Siria asume cada vez más un carácter internacional directo. Turquía viene de incursionar en territorio sirio lindero a sus fronteras. Arabia Saudita, y en especial Israel, a su turno, están embarcados en una escalada contra Irán. Esto se potencia como consecuencia de la crisis que se verifica en Estados estratégicos, como Arabia Saudita, afectada por la competencia del combustible no convencional de Estados Unidos. Pero también por el avance del Estado segregacionista de Israel, la escalada sionista sobre Jerusalén y los nuevos asentamientos de colonos en territorio palestino. En paralelo, Trump viene de plantear una ruptura del pacto con Irán y anunciar el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel.

Putin y Trump han hecho la vista gorda frente a las incursiones del régimen turco en el territorio sirio lindero a sus fronteras, pasando por alto las garantías ofrecidas al movimiento kurdo. Pero las ambiciones de Turquía van más lejos: apuntan a crear un corredor armado bajo su control en toda la frontera con Siria y extenderlo al norte de Irak.

Este plan expansionista de Erdogan plantea, más a la corta que a la larga, una colisión con Estados Unidos y con Rusia. A diferencia de Rusia, que dio luz verde a la ofensiva turca, tanto el régimen sirio como su aliado iraní se opusieron. Esto es así porque, por un lado, la persecución de Turquía a las fuerzas kurdas podría terminar fortaleciendo a otras sectores de la oposición mucho menos dispuestos que los kurdos a negociar con Damasco; y por otro lado, la captura de Afrin podría fortalecer la posición de Turquía en Siria y convertirse en un posible obstáculo para el progreso de Irán en la región.

Mientras tanto, los acuerdos para un “cese de hostilidades” en los territorios en disputa han sido rotos, reabriéndose los bombardeos y ataques, tanto del lado de Bashar al Assad y Rusia, como del llamado Ejército Libre, que incluye fuerzas ‘islámicas’, apoyado por Turquía. 

Estados Unidos ha ratificado su apoyo a las milicias kurdas para formar una fuerza militar en la frontera norte, aunque hay que ver hasta qué punto está dispuesto en llegar a una ruptura con un aliado estratégico de la Otan, como es Turquía. El objetivo norteamericano continúa siendo derrocar al gobierno sirio y quebrar el frente político militar de Irán-Hezbollah-Siria. 

Israel, entretanto, apaña a milicias bajo su control en la frontera del Golán, con la finalidad última de disputar el control político del Líbano, y se han iniciado enfrentamientos entre el Estado sionista, las tropas de Irán y las milicias de Hezbollah. Putin había pactado con Netanyahu, en 2015, la apertura del espacio aéreo a la aviación israelí.

De todos modos, asistimos a una deliberación interna en la burguesía norteamericana sobre los pasos a dar. La línea que prevalece por el momento es la de preservar un acuerdo con Irán. El giro brusco que han sufrido las relaciones con Corea del Norte forma parte de esta crisis interna, pues Trump no tiene el apoyo del establishment militar para iniciar una guerra. En un plano paralelo, estos choques explican la posible destitución de Netanyahu, donde hay círculos de poder y del aparato del Estado sionista que rechazan una aventura militar. 

Una experiencia aleccionadora 

El balde agua fría que recibió el movimiento kurdo, a quien Estados Unidos le soltó la mano, es altamente aleccionador para las fuerzas y corrientes que abrazan la causa de la liberación nacional y social. 

Los movimientos que confían sus aspiraciones a los acuerdos con las potencias en disputa, ya han sufrido varios reveses -no menor ha sido el fracaso del referendo reciente en favor de la independencia del Kurdistán en Irak. Lo mismo ha ocurrido en forma repetida con la causa palestina. La “solución” de los dos Estados en el territorio de Palestina no ha pasado de ser una ficción, llevando la lucha histórica del pueblo palestino a una frustrante encerrona.

La guerra en Siria amenaza abarcar desde Asia Central al Mediterráneo. El escenario geográfico de la guerra se extiende: en el Yemen es cada vez más cruenta, mientras se agravan, entre otros, los choques entre las monarquías petroleras de Qatar y Arabia Saudita, debido al pacto de Qatar-Irán para la explotación del mayor yacimiento de gas conocido.

Campaña mundial

La cuestión de la guerra se ha convertido en apremiante para todos los trabajadores. Es necesario que la clase obrera se involucre en esta batalla estratégica contra el imperialismo. 

En este cuadro, llamamos a los trabajadores de la Argentina y del mundo a una acción internacional común por el cese de los bombardeos de Estados Unidos y Rusia en Siria; de Estados Unidos y Arabia Saudita contra Yemen, y por el retiro de sus ejércitos; por el retiro completo de Turquía de Siria y de Irak, y el cese de su guerra contra el pueblo kurdo en Turquía; por un socorro humanitario a Siria bajo control de las organizaciones obreras; abajo el régimen de Erdogan, por una Turquía obrera y socialista. Es necesario promover la guerra nacional por la expulsión de todas las potencias en presencia, con la perspectiva de una República Unica de Palestina, incluido el derecho al retorno de la población expulsada del territorio desde 1948 y por una Unión Obrera y Socialista del Medio Oriente. Bajo esta perspectiva, defendemos el derecho a la unidad nacional del Kurdistán.

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