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27 de marzo de 2018

La huelga general en Francia

Emmanuel Macron, el presidente de Francia, logró imponer, hace un par de meses, la Reforma Laboral, incluso recurriendo a una ‘ordonnance’, una suerte de decreto de necesidad y urgencia, que en Francia no necesita la ulterior validación por parte del Parlamento. Esa contra-reforma se hizo efectiva sin la necesidad de enfrentar una lucha de la clase obrera. Para eso contó con el apoyo de la burocracia sindical. El contraste con los combates que, bajo el gobierno de François Hollande, impidieron que ese ataque siguiera adelante, no habría podido ser mayor. La perspectiva de una huelga general que derrotara esta nueva tentativa, parecía haber quedado relegada por un cierto periodo.

Las cosas cambiaron en las últimas semanas, cuando Macron decidió privatizar el sistema ferroviario francés, abrir el mercado a la concurrencia privada y extranjera, y eliminar el status de empleado público de los trabajadores ferroviarios. El ataque del estado y la patronal venía en retraso con referencia a los demás países de la Unión Europea. La iniciativa, sin embargo, tenía lugar cuando la crítica al derrumbe del sistema ferroviario privatizado en Gran Bretaña ha dado paso a reclamos multitudinarios a favor de la nacionalización del transporte. La desregulación y  privatización de la famosa Sociedad Nacional de los Ferrocarriles fue recibida por advertencias de los especialistas de que provocaría un alza de las tarifas y un deterioro de los servicios periféricos. Para consumar la privatización, Macron decidió que el Estado francés se haría cargo de la deuda de empresa, cifrada en 40 mil millones de euros.

A diferencia de lo ocurrido con la reforma laboral, sin embargo, esta vez hubo una reacción, e incluso provocó un retorno intempestivo de la huelga general. El 22 de marzo pasado hubieron manifestaciones de numerosos sectores en toda Francia, aunque organizadas en forma separada: ferroviarios, por supuesto, pero también de contingentes enormes de jubilados y de trabajadores que atienden el cuidado de personas de tercera edad.

Los tres principales sindicatos ferroviarios han votado una ‘grève perlée’ singular, parecida a la que Palazzo había prometido, hace un tiempo, de parte de los bancarios. Consiste en parar las labores dos días por semana durante tres meses, con la participación de los cuadros superiores de la empresa, hasta derrotar la privatización ferroviaria. El cuarto sindicato, SUD Rail, fuerte en varias regiones, votó, en cambio, la huelga indefinida. Para la vanguardia de los trabajadores, ‘los planes de lucha’, con ‘paros parciales’ a discreción, forman parte del planteo habitual de transacción con el gobierno, que ha desgastado luchas pasadas, en oposición a la necesidad de una lucha por el retiro incondicional y completo del proyecto privatizador.

Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, Macron llamó a la burocracia sindical a negociar, ya que hasta ahora la había entretenido, como ocurre con Triaca y la CGT, con ‘conversaciones’ sobre la decisión ya tomada. Aunque los sindicatos han presentado una agenda de demandas, que Le Monde ha caracterizado, correctamente, como una oferta de capitulación de parte del gobierno, el mismo diario advierte que “las partes habrían acercado posiciones”. Nada nuevo por aquí, pero el lunes 2 tendrá lugar un paro general de “advertencia”, que es la introducción de las huelgas semanales, y de la huelga indefinida de parte de SUD Rail.

La lucha del movimiento obrero mundial contra las Reformas Laborales y la precariedad del trabajo, ocupa un lugar destacado en el debate que el Partido Obrero desarrolla en el 25 Congreso.    

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