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13 de junio de 2018

Italia: los "antisistema" y la derecha xenófoba en el poder

Por Martín Sánchez

La formación de gobierno en Italia fue una experiencia tortuosa, que se dilató durante tres meses de negociaciones y que concluyó con un verdadero engendro: la formación de un gobierno de coalición entre los “antisistema” del Movimiento 5 Estrellas y la ultra xenófoba Liga del Norte (La Liga).

Versione italiana

El acuerdo original incluía la designación como ministro de Economía de Paolo Savona, cuyas declaraciones en favor de una salida del Euro generaron una verdadera explosión de los mercados y las instituciones. En un hecho inédito para el régimen parlamentarista italiano, el Presidente de la República Sergio Mattarella impugnó el gabinete y amagó con llamar a la formación de un gobierno alternativo, encabezado por un ex alto funcionario del FMI. La maniobra contaba con un claro aval de la Unión Europea, pero carecía de legitimidad, ya que el partido de Mattarella, el PD, salió tercero en las elecciones de marzo y de realizarse nuevas elecciones los sondeos indicaban que caería todavía más. Finalmente, tras varios días de crisis política e institucional y en medio de una corrida financiera frenética, se reformuló el gobierno con la designación de un nuevo ministro de Economía y el pasaje de Savona al ministerio de Asuntos Europeos.

A pesar de que el M5E obtuvo casi el doble de diputados que la Liga, le concedió la mitad de los cargos en el gabinete. La designación de Giusepe Conte para el cargo de Primer Ministro muestra la precariedad del acuerdo al que se arribó. Se trata de un completo ‘outsider’, casi desconocido, sin experiencia política y completamente manipulable. Será secundado por Luigi Di Maio, principal cara del M5E, y Matteo Salvini, líder de La Liga. Ambos ostentarán el cargo de viceprimeros ministros además de quedarse con el Ministerio de Trabajo en el caso de Di Maio y el Ministerio del Interior en el caso de Salvini.

Del euroescepticismo a la euro-resignación (provisoria)

El episodio abierto con la designación de Paolo Savona como ministro de Economía y el posterior veto presidencial, son ilustrativos de las contradicciones que atraviesan a la burguesía italiana y de la división en su propio seno. Savona no es un hombre anti-establishment, sino más bien un conspicuo representante del gran capital italiano: comenzó su carrera en el Banco de Italia y, desde entonces, ha pasado por grandes empresas e instituciones, como Aeropuertos de Roma, el gigante de la construcción Impregilo, la patronal Confindustria y hasta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Además, el título de ministro no le es novedoso, ya que en 1993 estuvo al mando de la cartera de Industria, Comercio y Trabajos Artesanos durante un año. Años atrás, Savona diseñó un plan económico difundido como “plan B” que contemplaba "crear una nueva moneda para lograr luego su devaluación” y en “disponer de herramientas eficaces para negociar con las instituciones europeas, también apoyándose en poderes externos al país”. Este plan de rescate de la burguesía italiana (negociación con “poderes externos” mediante), cuyo coste recaerá sobre los trabajadores por medio de la devaluación, va ganando peso entre los dueños de medianas y grandes industrias que se encuentran al borde de la quiebra e incluso entre algunos bancos que corren riesgo de ser deglutidos por las instituciones financieras europeas.

Desde 2007 Italia ha sufrido 17 trimestres de crecimiento económico negativo. La deuda pública italiana es de 2,3 billones de euros, lo que equivale al 132% del PBI. La banca italiana es sumamente frágil. En mayo del año pasado, el banco Monte Dei Paschi di Siena, el tercer banco más grande de Italia, junto con otros bancos, tuvieron que ser rescatados por el gobierno.

El derrumbe de las bolsas europea, la semana pasada, precipitado por la crisis política, volvió a poner al desnudo el nivel de exposición del conjunto de la banca italiana y reavivó los fantasmas de una bancarrota generalizada. Las primas de riesgo de los bancos italianos llegaron a sus niveles más altos en muchos años, superando incluso a la deuda griega. Un estudio reciente del Banco de Pagos Internacionales muestra que la deuda del gobierno italiano representa casi el 20% de los activos de los bancos italianos, uno de los niveles más altos del mundo.

Pero no sólo los bancos italianos están expuestos. BNP Paribas, el banco más grande de Francia, cuenta con 16.000 millones de euros en tenencias de deuda soberana italiana. Dexia, la entidad crediticia franco-belga que colapsó dos veces y fue rescatada dos veces entre 2008 y 2011 posee deuda italiana por 15.000 millones de euros. Y los españoles del Banco Sabadell, que ya arrastran una inmensa crisis, tienen 10.500 millones de euros invertidos en bonos italianos, el equivalente a casi el 40% de toda su cartera de activos fijos.

Incluso cuando Mattarella levantó el veto y se formó el nuevo gobierno, la tormenta financiera prosiguió y la bolsa de Milán siguió cayendo. Pero las palabras del flamante ministro de economía Giovanni Tria, que llevaba una semana sin hablar, aportaron tranquilidad a los mercados cuando prometió mantenerse en el euro, recortar el déficit y reducir la deuda. La señal siguiente la dio el propio Savona, declarando que era indispensable mantenerse en el euro. Por su parte, Conte, reunido en el G7, a pesar de haber buscado cierta complicidad con Trump, terminó haciendo causa común con los demás países europeos, repudiando la guerra monetaria y comercial impulsada por EEUU.

Como se ve, las convulsiones políticas por las que atraviesa Italia son un episodio más de la crisis mundial y particularmente de Europa, y se encuentran lejos de haberse acabado. En los próximos días el BCE dará a conocer la magnitud del recorte en la política de estímulos y compra de deuda que vinieron funcionando como un pulmotor para las finanzas de la zona euro y de Italia.

Guerra contra los inmigrantes, guerra contra la clase obrera

La xenofobia es una marca de nacimiento del discurso nacionalista-reaccionario de La Liga. Salvini, su máximo líder, vice Primer Ministro y ministro del Interior, pasó a la acción al prohibir el desembarco del Aquarius, un buque cargado de inmigrantes provenientes de Libia. La situación es dantesca, 629 almas se encuentran hacinadas en alta mar, entre ellas más de 150 son niños sin mayores que los acompañen. España aceptó acogerlos, pero ello implica más de tres días de traslado y un importante riesgo de naufragio. La prohibición de Salvini contó con el pleno respaldo y colaboración del ministro de Infraestructuras, Danino Toninelli, del M5E, al igual que del presidente Mattarella, del PD. El régimen político italiano está comandado por bestias.

El afluente de migrantes a Italia fue de 180 mil en 2016 y 120 mil en 2017. La causa fundamental de este verdadero éxodo es la guerra en Libia y en todo Medio Oriente, del cual Italia es impulsor como miembro de la Otan. Las condiciones de trabajo de semi-esclavitud a la que se somete a los inmigrantes desde hace años son el núcleo de la economía agrícola italiana, particularmente en el sur. Según New York Times, Italia es el segundo peor Estado de la UE en cuanto a esclavitud, detrás de Polonia. Los derechos de los trabajadores del campo han retrocedido cien años, en regiones donde la desocupación llega al 29% (provincia de Cretona, extremo Sur de la bota). El movimiento obrero tiene que estar unido contra la utilización de la inmigración para presionar contra las condiciones de trabajo y los salarios, la xenofobia busca truncar esta unidad y transformar a los inmigrantes en el chivo expiatorio de la crisis capitalista.

La promesa del M5E de la “renta básica de inclusión”, un subsidio de 780 euros para los desocupados es una trampa, ya que forzaría al beneficiario a aceptar una propuesta de trabajo precario a cambio de la renta, que se disfrazaría trabajo precario bajo la carátula de un plan social (bien argento). Así planteado, se trata de una subvención estatal de la fuerza de trabajo para las empresas privadas.

Perspectiva

La crisis mundial se abre paso como un terremoto. Europa, en su conjunto, ha entrado en un período de grandes crisis, que van a poner a prueba las fuerzas en presencia. La burocracia de la CGIL, defensora acérrima de la legalidad burguesa y entregadora de las principales conquistas del proletariado, se encuentra en un total inmovilismo. El surgimiento de sindicatos de base y listas de oposición entre los trabajadores puede significar una perspectiva de salida. Pero los trabajadores necesitan un planteo político. La clase obrera italiana debe desarrollar una alternativa al impasse y al retroceso impuesto por la burocracia stalinista, el centroizquierda, los eurocomunistas. Un balance histórico es necesario, para concluir en la necesidad de la independencia política del proletariado y del gobierno de los trabajadores.

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