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23 de julio de 2018

López Obrador, el “antisistema” moderado

Cómo se prepara para gobernar México

El nuevo presidente mexicano, para llegar al poder, tuvo que moderar su discurso (señalan los diarios mexicanos), aunque algunos también plantean que la realidad se acomodó a su programa. Lo cierto es que frente a la situación de crisis, que no solo vive México, sino el conjunto de Latinoamérica, López Obrador (AMLO) es necesario como último escalón para contener la movilización social que viene en ascenso un presidente de estas características. 

El giro que tuvo en su discurso se expresa por un lado en una acción más flexible. En 2006 cuando fue por su primer intento presidencial, identificó a la “elite de magnates como la mafia del poder”, ahora hay sectores del poder económico en su equipo. Uno de los que se podría beneficiar es el hombre más poderoso de México, el séptimo hombre más rico del mundo, Carlos Slim, quien a partir del negocio de las telecomunicaciones, hasta podría abrir un canal de televisión. 

En tiempos de sus primeras postulaciones, López Obrador rechazaba un acuerdo con la líder de la burocracia del sindicato de los maestros, presa por lavado de dinero y corrupción, hoy tiene a sus principales operadores en sus filas. También sumó a sus filas, sectores impresentables que vienen del PRI. Y como si fuera poco, plantea la amnistía del mismísimo presidente Peña Nieto (El País, 13/7) cuando hizo campaña, precisamente, contra la “mafia del poder”.

Reunión con Pompeo

López Obrador se reunió, luego de su victoria, con el secretario de estado norteamericano, Mike Pompeo. En la reunión buscaron acercar posiciones luego de los fuertes dichos que el nuevo presidente mexicano había propinado contra Trump. Hace un año, durante la presentación de su libro '¡Oye Trump!', López Obrador calificó como "irresponsable" la manera en que el presidente estadounidense emprendió una "estrategia neofascista" en su camino a la Casa Blanca. A partir del contundente triunfo de AMLO, todo cambió: el propio Trump lo felicitó por su triunfo. AMLO agradeció el gesto y resaltó el tono “respetuoso” que tuvo Trump hacia él.

La reunión pactada tenía como eje dos puntos controversiales, por un lado la política económica por la continuidad del tratado de libre comercio de América del Norte (TLC) y por otro la cuestión migratoria.

La jornada pareció confirmar lo que ya se veía como una tendencia desde la aplastante victoria de López Obrador: que las tensiones con Washington se relajan, al menos en el tono, y que la actual administración está dispuesta a garantizar una transición suave.

Hasta que tome posesión la nueva Administración el equipo encargado de seguir negociando el TLC con Estados Unidos y Canadá será el que nombró Peña Nieto. “Estamos teniendo una muy buena comunicación con México y con su nuevo presidente, que ganó las elecciones con rotundidad. Veremos qué pasa”, señalo Trump, recientemente ante su gabinete “Quizá alcancemos un acuerdo separado con México y negociemos con Canadá más tarde”. 

Según Marcelo Ebrard, el futuro canciller mexicano, no se tocaron algunos de los temas más delicados como el muro fronterizo o la posibilidad de llegar a un acuerdo en donde solicitantes de asilo centroamericanos buscarían refugio en México, en lugar de en Estados Unidos, a cambio de mayores apoyos del vecino del norte. Ya previamente habían destacado que estos puntos quedarían afuera de la agenda. 

EEUU busca que México juegue como un tapón para evitar la migración, que viene como camino obligado desde los países de Centroamérica, especialmente de Guatemala, Honduras y El Salvador. De hecho, es difícil que esta opción gane apoyo en México porque cargaría al país con la responsabilidad de atender decenas de miles de peticiones de asilo más, según un funcionario (El Financiero, 13/7).

Gabinete moderado

López Obrador reiteró su compromiso de respetar la autonomía del Banco de México y una política macroeconómica con “equilibrios fiscales”. “No habrá injerencias en temas financieros en lo que respecta a los intercambios monetarios, a la paridad del peso con el dólar” (El País, 3/7). Carlos Urzúa, quien será el próximo ministro de hacienda, ya se encargó de decir que se mantendrá disciplinado fiscalmente. Si bien Urzúa, no es conocido dentro del ambiente económico y genera cierta preocupación por su falta de experiencia, será acompañado por dos alfiles del Banco Mundial en su secretaría. Arturo Herrera, ejecutivo del Banco Mundial y Gerardo Esquivel, educado en Harvard, se espera que asuman puestos de liderazgo dentro de la Secretaría.

El encargado de Seguridad, Alfonso Durazo, fue miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sirvió como portavoz de jefe y secretario particular del presidente Vicente Fox. El futuro gobierno, llamó a construir una fuerza policiaca "altamente especializada”, entre cuyas funciones estaría impedir que migrantes indocumentados y traficantes de personas crucen México. Sectores de derechos humanos salieron a protestar respecto a dichos comentarios, señalando que sus declaraciones van en sentido contrario de lo que AMLO había expresado en su campaña. Los anuncios de los colaboradores de Obrador van en la línea de los requisitos que le plantea el gobierno de Trump respecto a la migración. 

Javier Jiménez Espriú, propuesta de Andrés Manuel López Obrador para encabezar la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), impulsará una modificación de la reforma de telecomunicaciones, que beneficiaría a América Móvil, la empresa de Slim, el hombre de negocios más poderoso de México (Perfil, 30/6).

Asimismo, el nuevo gobierno realizaría una consulta sobre si continuar o no con un polémico nuevo aeropuerto: “no será una consulta vinculatoria, sino para ver qué opina la sociedad”. Esto representa un giro en la postura de Obrador, quien, meses atrás, sostenía una negativa cerrada frente al proyecto, cuyo principal interesado es el magnate de las comunicaciones. 

Límites y perspectivas

La profunda descomposición que está viviendo el estado mexicano, su régimen y los principales partidos como son el PRI y el PAN, la relación directa del Estado con el narcotráfico, la corrupción en todas sus instituciones, el alza en combustibles, en tarifas eléctricas y en los precios al consumidor que generó el descontento popular, llevan a México a un proceso de transición de poder con turbulencias. A esto tenemos que sumarle las movilizaciones de masas que se expresaron en todo el país con la consigna “¡Fue el Estado!”, exigiendo la aparición con vida de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

La velocidad que está teniendo la crisis va a llevar a un adelantamiento del traspaso, tal como sucedió en Argentina en 1989 con Alfonsín y Menem. México, con las elecciones, entró en una nueva etapa de ella. Los límites de un gobierno de características “nacionales y populares”, que es como se presentó en la campaña, para preparar una salida para el pueblo mexicano, saltan a la vista. México no es ajeno a la crisis política que atraviesa no solo Latinoamérica, con Haití, Nicaragua, con grandes estallidos sociales, sino el mundo, y que se profundiza con la escalada de la guerra comercial. 

El fracaso de esta perspectiva improvisada puede llevar a la reacción popular y a la intervención del movimiento obrero en la escena política. En México es necesaria la construcción de un partido obrero, que plantee una lucha antiimperialista consecuente, con un programa de la clase obrera.
 

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