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27 de julio de 2018

Debates y conclusiones en el Encuentro de Atenas

Escribe Jorge Altamira
Versione italiana

La segunda sesión del Encuentro internacional convocado por la Red Euro-Mediterránea debatió el informe general y un conjunto de resoluciones discutidas en las comisiones encargadas de abordar una gama de cuestiones planteada por ese informe, así como contribuciones de diversas delegaciones. Entre ellas, una propuesta de declaración internacional de apoyo a la lucha de las mujeres en numerosos países y, en forma específica, la movilización por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Como hemos señalado en un informe previo, el Centro Socialista Christian Rakovsky tuvo la iniciativa del Encuentro, con el apoyo de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI).

Uno de los puntos centrales del debate giró en torno a la aseveración de que la confrontación del imperialismo con Rusia y con China con vistas a la completa recolonización del espacio de los ex estados llamados ‘socialistas’ (Rusia, China, Cuba, etc.) constituye la contradicción principal de la etapa actual de guerras económicas y militares, en relación a los otros antagonismos que se han profundizado en el último tiempo, como por ejemplo el que opone a Estados Unidos y la Unión Europea (UE), o Gran Bretaña y el Brexit, o con Canadá y México. En torno a este planteo se hicieron planteamientos fundamentales de parte de diversas delegaciones.

La primera es que en el combate internacional contra una guerra imperialista contra estos estados, en ningún caso corresponde el apoyo a los gobiernos bonapartistas de este espacio y que, por el contrario se plantea la expropiación de la oligarquía de estos países, que opera como una quinta columna del capital mundial.

La otra precisión fue la necesidad de desenmascarar el rol reaccionario de Moscú y Pekín en los choques políticos y en las confrontaciones militares que tienen lugar en diversas partes del mundo, en especial en Siria y en el Medio Oriente. En tanto, de un lado, la camarilla de Putin ha desembarcado en Siria para neutralizar la intervención del imperialismo, al mismo tiempo sostiene a la clique reaccionaria de Bashar al Assad y se moviliza intensamente por alcanzar un acuerdo con EE.UU y el sionismo, en lo que no sería otra cosa que una remodelación del orden imperialista golpeado por crisis sucesivas, la crisis mundial en curso y, por sobre todo, las revoluciones árabes.

En tercer lugar, aunque no menos importante, es necesario señalar que las oligarquías de Rusia y la burguesía ascendente en China, con el apoyo de gran parte de la burocracia gobernante, buscan forma parte de esa completa recolonización del ex espacio ‘socialista’ – de ningún modo son antagonistas de este proyecto que es, en última instancia, la finalidad estratégica de la restauración capitalista.

Para desarrollar una alternativa revolucionaria es necesaria la crítica más severa al nacionalismo y a sus tutores internacionales, y la completa independencia política del proletariado y las masas.

La agudeza que ha alcanzado la discusión de este punto ha revelado el involucramiento intenso de la Red Mediterránea y dela CRCI en las crisis y en las luchas en la región, así como en la comprensión del desafío estratégico que plantea la crisis mundial en curso.

Sionismo, imperialismo, Irán

El Encuentro vinculó la ley de apartheid impuesta por Netanyahu en Israel; el reconocimiento de Jerusalén como capital única de la entidad sionista; la guerra de exterminio de Arabia Saudita, los Emiratos y Estados Unidos contra el pueblo de Yemen; las masacres a repetición contra el pueblo de Gaza; y el repudio unilateral de Trump del acuerdo de control nuclear con Irán, como parte de un plan de guerra en la región, que apunta a acabar con las revoluciones en Oriente, desde la iraní de 1979 hasta las recientes revoluciones árabes. Se destacó en el debate el plan de dominación política del bloque formado por Arabia Saudita-Israel-Egipto-Emiratos, bajo la dirección del imperialismo norteamericano, que apunta al establecimiento de un nuevo orden internacional, lo que implica un régimen de guerra permanente.

El Encuentro señaló la necesidad de desarrollar un frente revolucionario antiimperialista frente a estos planes y guerras, caracterizando, al mismo tiempo, la inmensa declinación de los movimientos nacionalistas, burgueses y pequeño-burgueses, comprometidos por décadas de capitulaciones, y la desmoralización de la izquierda frente populista y los partidos comunistas. Una lucha consecuente contra la guerra imperialista debe partir de este balance y la conclusión que emerge de él: trabajar por el desarrollo de partidos revolucionarios socialistas y una dirección revolucionaria.

El Encuentro votó como consignas inmediatas: Fuera el imperialismo de Siria, Yemen y de todo el Medio Oriente; Abajo el sionismo, apoyo total a los derechos nacionales del pueblo palestino, incluido el derecho al retorno; Por una Palestina libre, laica y socialista, en una Federación socialista de pueblos libres del Medio Oriente.

En este contexto de conjunto fue discutido el peligro de guerra en el Mediterráneo oriental, como consecuencia de la guerra económica (la disputa por los nuevos yacimientos de gas y su salida hacia Europa), así como la expansión de la Otan en los Balcanes y el asedio a Rusia. El Encuentro aprobó un llamamiento a la unidad de los trabajadores de Grecia y Turquía contra los designios de guerra de sus burguesías, que esgrimen sus ambiciones en Chipre y Macedonia. El Encuentro rechazó el acuerdo del griego Tsipras y el macedonio Zaev, que modifica el nombre de la República de Macedonia, con el pretexto de cancelar disputas nacionalistas, como el paso necesario para el ingreso de Macedonia a la Otan. El Encuentro votó un llamamiento a un acto público y a una movilización conjunta contra este acuerdo al Frente de Izquierda de Macedonia (Levica), un bloque democratizante que reúne a la inmensa mayoría de la izquierda. A pesar de la hecatombe social que la Unión Europea ha provocado en Grecia, este frente izquierdista apoya el ingreso de Macedonia a la UE, con el pretexto de que ayudaría al progreso social del pueblo macedonio.

Lejos de un paso hacia la superación de un conflicto entre Grecia y Macedonia, que se avivó como consecuencia de la destrucción imperialista de la Federación Yugoslava, este acuerdo es la simiente de nuevas guerras, a partir de la hostilidad que genera, por razones diferentes, en Turquía y Rusia.

Los refugiados, un crimen de guerra del imperialismo

El tema de los refugiados de guerra fue abordado por una dirigenta de las organizaciones de derechos humanos, involucrada a fondo en el tema. La gravedad de la situación no puede ser subestimada, mucho menos la política del imperialismo frente a ellos – después de todo no son sino las víctimas de las guerras del imperialismo en el Medio Oriente, el Norte de África y Ucrania.

La ‘benevolencia’ inicial es cosa del pasado – la distribución por cuotas entre los países de Europa ha sido liquidada (acuerdo de Dublin). Los nuevos refugiados son rechazados hacia sus países, sea por medio del cierre de puertos de acogimiento, sea por medio de patrullas militares que reconducen a quienes huyen de la guerra a sus países de origen – las muertes en el mar siguen siendo numerosas. Los campamentos que han recogido a refugiados en el pasado reciente se han convertido en campos de concentración- se ha rechazado su integración a la población existente. La UE financia a Turquía para cerrar el paso de refugiados de Siria a Europa. Una parte de la izquierda europea reclama el trato humanitario a los refugiados en oposición a su integración a los países en que se encuentran, con el pretexto reaccionario de que compiten a la baja con los obreros de la nación. Las delegaciones de Turquía y de Grecia en el Encuentro señalaron las intensas actividades que desarrollan en los campamentos, a pesar de la cuarentena que se les ha impuesto contra la presencia incluso de las organizaciones de derechos humanos, con una línea política definida: Fronteras abiertas, derogación de las políticas anti-inmigratorias, abolición de los campos de concentración, por grupos de autodefensa contra los grupos fascistas que atacan a los inmigrantes. Por la Unidad Socialista de Europa desde Lisboa a Vladivostok.

Los crímenes de la política inmigratoria del imperialismo yanqui en América Latina, así como la de cada uno de los estados latinoamericanos no fueron objeto de un informe especial, pero las conclusiones no varían, ni tampoco las reivindicaciones: abajo los muros, apertura de las fronteras, oposición militante a la militarización de fronteras – a cuento de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo (que campea libre bajo la protección de la DEA norteamericana), por la Unidad Socialista de América Latina.

La lucha de la mujer

El Encuentro votó entusiastamente una declaración de apoyo a las movilizaciones de la mujer en diversas partes del mundo y a la lucha internacional por el derecho al aborto seguro, legal y gratuito. Decidió encarar una campaña en todas las geografías posibles. Una declaración que liga la lucha por los derechos femeninos con la lucha contra el Estado capitalista y la organización socialista de la mujer trabajadora. La contribución de las delegaciones de países musulmanes no es sólo importante sino decisiva – corrigieron, si se puede decir así, el carácter latinoamericano y europeo de la propuesta inicial, capturando la singularidad de la lucha de la mujer en Asia y en el espacio islámico. El punto de referencia no sólo queda marcado en la lucha heroica de la mujer iraní, porque lo mismo ocurre desde Arabia saudita y Afganistán, hasta Turquía y Egipto. En el espacio donde domina el clero fundamentalista, el ‘modernismo’ intenta convertir los reclamos feministas en un ariete ‘democrático’ de la ofensiva imperialista. Es aquí donde el socialismo revolucionario debe desarrollar una política en gran escala por la unidad de la mujer con la clase obrera, y las revueltas populares en una lucha conjunta del proletariado y la mujer trabajadora.

La Internacional

La necesidad de la Internacional proletaria volvió a ser reivindicada. Fue subrayado, por un lado, el carácter mundial de la bancarrota capitalista y su acentuación en escala creciente, y por otro lado la generalización de las luchas nacionales y obreras a un mayor número de países. Fue destacada la política de extorsión hacia las masas, por parte del nacionalismo burgués latinoamericano y del bonapartismo, que les advierten que una lucha de clase independiente debilitaría el frente nacional contra el imperialismo, y que pasan también de la advertencia a la represión. Es lo que ocurre en América Latina, y también en Irán, China y Rusia – entre otros. En tanto una política de desenmascaramiento del nacionalismo y el bonapartismo es absolutamente necesaria, la unidad internacionalista de la clase obrera es la única política consecuente para arrebatar la hegemonía de una y otra forma de dominación burguesa y hacer avanzar la revolución mundial.

En este Encuentro, sin embargo, quedó planteado, en el debate, la necesidad de que las delegaciones presentes en la Conferencia, así como los luchadores de la nueva generación en todo el mundo, se incorporen a la lucha por refundar la Cuarta Internacional – el futuro partido obrero de la revolución proletaria internacional. Quedó planteada, de nuevo, en el debate, que la CRCI lance una política de reclutamiento, sobre la base de la clarificación política, como ocurre con estas conferencias, y por medio del impulso a campañas de acción contra el capitalismo y su barbarie.

Se trata de una discusión que deberá concluir en un Congreso mundial, que tendrá lugar en la primera parte del próximo año.

Evaluación

En lo más alto del verano en el hemisferio norte, el desarrollo del Encuentro confirmó el acierto de la convocatoria. Es que, efectivamente, los movimientos de los poderes políticos establecidos, y en particular la ofensiva de Trump, ponían en un plano de urgencia la necesidad de una respuesta de los socialistas revolucionarios y de los luchadores de vanguardia. Es todo un método político: clarificación urgente para intervenir y actuar.

Jorge Altamira, junto a delegados de la fábrica de aluminio Pechiney, en GreciaJorge Altamira, junto a delegados de la fábrica de aluminio Pechiney, en Grecia

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