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19 de noviembre de 2018

“Paraguay requiere una reparación histórica”

Emigdio Idoyaga, de Asunción.

“Aquí se ha dicho que América latina es un volcán. Paraguay no escapa a eso. Además, nuestro país requiere una reparación histórica, pues ha sido teatro de dos guerras: una en el siglo XIX (la Guerra del Paraguay) y otra en el siglo XX (contra Bolivia, por la explotación petrolera). Esa reparación llegará de mano de la clase obrera y del campesinado pobre”.

Emigdio Idoyaga es médico oncólogo, cirujano, ex director del Hospital del Cáncer de Asunción del Paraguay. Ha intervenido en varias luchas por demandas salariales y por la organización sindical.

“En el Paraguay —añade— no tenemos sindicatos ni paritarias. Todo eso ha sido destruido por la dictadura feroz de Alfredo Stroessner y nunca pudo recomponerse. Por eso las discusiones son directas, mediante asambleas”.

—Ahora llegan noticias de una huelga general en Paraguay.

—Sí, es una huelga docente que se ha transformado en huelga general. Esto debería combinarse con la lucha campesina.

“La dictadura de Stroessner —prosigue Idoyaga— fue un producto directo, por cierto que negativo, de la Revolución Cubana y su posterior consolidación. Los acontecimientos cubanos causaron un impacto muy fuerte en el campesinado paraguayo, por eso los militares dieron preventivamente aquel golpe que fue un ejemplo para las dictaduras latinoamericanas que sobrevinieron después. Al mismo tiempo, la caída de las dictaduras en la Argentina y en el Brasil fueron decisivas para que también Stroessner cayera”.

—Luego de la restauración del régimen institucional Paraguay ha sufrido otros golpes.

—Sí, aunque disfrazados de parlamentarios, fueron golpes de estado. Por ejemplo el que derrocó al presidente Fernando Lugo después de la lucha de los “carperos”.

—¿Cómo fue eso?

—Centenares de familias campesinas se instalaron con carpas alrededor de las plantaciones de soja del “brasiguayo” Tranquilo Favero, les pusieron sitio. La represión fue feroz y derivó en una masacre, con once campesinos y siete policías muertos. Aquello derivó en el juicio político a Lugo y su derrocamiento parlamentario. Luego llegó el gobierno de Horacio Cartes. Con él aumentaron las plantaciones de soja y el desplazamiento de campesinos, casi fue eliminado el cultivo familiar. Por eso se produjo una inmigración masiva a las ciudades de campesinos despojados de su tierra. Cartes llegó al colmo de decirles a los inversores extranjeros “vengan y abusen”. Eso prosigue ahora, bajo la presidencia de Mario Benítez, aunque se ha generado una lucha de gánsteres dentro del oficialista Partido Colorado: varios diputados y senadores que adhieren al ex presidente Cartes están en prisión.

—Esa lucha interna en el Partido Colorado ha tenido consecuencias en el movimiento campesino?

—Sigue la lucha contra los inversores “brasiguayos” y también contra los terratenientes argentinos que se dirigen al Paraguay por los menores impuestos que se cobran allá. Esos productores han organizado bandas armadas contra los indígenas, y eso se siente especialmente en la región de Tacuara’i, donde se ha organizado un importante movimiento indio en defensa de la Patagonia, de la Amazonia y de los Andes. También se han producido enfrentamientos en Canindeyú, al oriente del país. Es un fuerte movimiento contra los desalojos de campesinos, que necesita confluir con la gran lucha docente. Es un enfrentamiento muy duro contra las bandas sojeras armadas por los grandes productores.

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