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22 de noviembre de 2018 | #1529

La lucha contra el ajuste capitalista en Latinoamérica

La resolución contra las reformas laboral y previsional reaccionarias y antiobreras
La lucha contra el ajuste capitalista en Latinoamérica

La reforma laboral y la reforma previsional golpean a todos los países de Latinoamérica

La crisis capitalista mundial cristalizó en América Latina con una desestabilización económica general. Para intentar superarla, las burguesías latinoamericanas (Argentina, Nicaragua) corren presurosas a mendigar préstamos al FMI. No sólo encadenan más firmemente las naciones al capital financiero y la usura, sino que éste pide a cambio “reformas estructurales” y planes de entrega. Las reformas laboral y previsional golpean a todos los países de Latinoamérica. La Conferencia Latinoamericana discutió el tema en una comisión especial integrada por sindicalistas y dirigentes de Brasil, Uruguay y Argentina. La reforma laboral brasilera, aprobada el año pasado con el gobierno Temer sirve de ‘modelo’ a todas las burguesías latinoamericanas. En Uruguay han declarado que si no se aplica una reforma similar se llevarán sus fábricas al Paraguay, donde la mano de obra es más barata y con menores conquistas. Cristiano Ratazzi, mandamás del monopolio Fiat, ha planteado, en los ‘coloquios’ empresarios, la necesidad de imponer una reforma laboral a la brasileña. De lo contrario, amenazan con irse al Brasil. Juegan con la crisis y la desocupación que ellos provocaron para introducir una competencia que enfrente a trabajadores de uno y otro lado de la frontera. Para derrotar estos planes hace falta una acción general del movimiento obrero organizado. Pero tanto la CUT brasileña, como el PIT-CNT uruguayo o la CGT argentina han dejado avanzar estos ataques, subordinándose políticamente a los gobiernos y partidos nacionalistas burgueses y frentepopulistas, que tienen como estrategia la colaboración de clases.

Sólo donde se organiza a los trabajadores, en forma independiente de la burguesía y de sus partidos, la clase obrera logra frenar estos avances que pretenden que la crisis la pague el trabajador. En la Argentina, la reforma laboral no se ha podido votar, porque la gran resistencia evidenciada el 14 y 18 de diciembre ha vuelto cauta a la burguesía. La renuncia del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, es producto de este impasse patronal-gubernamental. Quien lo reemplaza, el ministro de Producción, Dante Sica, postergó la reforma hasta 2020, pero dijo que va a seguir adelante con reformas de “productividad” por gremio: es decir aplicando la reforma laboral en los convenios, como en gran medida se ha realizado con el reciente convenio de los Petroleros. 

La otra reforma reaccionaria es la del sistema previsional. En general, se intenta alargar la edad para el retiro jubilatorio y disminuir los haberes, transformando la jubilación en un subsidio asistencial a la vejez. En toda Latinoamérica, las burguesías están con la sangre en el ojo y quieren descargar este ataque sobre los trabajadores y jubilados. Luego de haberlo explotado toda una vida, cuando ya mengua su fuerza para seguir laborando, quiere acelerar su muerte. Fue lo que dijo la jefa del FMI, Cristine Lagarde: que los viejos “vivían demasiado”. Estos ataques al sistema jubilatorio han provocado grandes luchas y estallidos populares. En Nicaragua se produjo una sublevación que, al día de hoy, todavía el gobierno de Ortega pretende ahogar en sangre, con centenares de muertos, heridos y exiliados. Lo mismo en Argentina. Y en Brasil, Bolsonaro le ha pedido a Temer que trate de ver si él lo puede imponer antes de que asuma en enero, para ahorrarse el shock. Es seguramente, el primer gran desafío de Bolsonaro. La Comisión y la Conferencia votó un plan de acción común: en el caso de Brasil, la movilización solidaria frente a las embajadas cuando se esté pergeñando el avance la reforma previsional reaccionaria, propaganda común en nuestros periódicos, etc.

Estratégicamente se ha planteado la necesidad de recuperar los sindicatos y centrales obreras como instrumento de lucha y defensa de las condiciones de vida de los trabajadores. Impulsar la formación de agrupaciones sindicales clasistas, ligadas a la construcción de partidos obreros revolucionarios, definidos por el gobierno de los trabajadores: sin independencia de la burguesía y sus gobiernos, la fuerza obrera será anulada y desviada frente a los ataques reaccionarios de los capitalistas en crisis. La unidad de los trabajadores activos, desocupados y jubilados debe ser soldada en un frente de lucha común. Un programa y una guía para la lucha contra el ajuste capitalista.

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