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20 de julio de 2006 | #955

El PTS estafa a sus lectores

A escondidas (un recuadrito), el PTS informó que había llamado a abstenerse en el referéndum autonómico celebrado en Bolivia el pasado 2 de julio. La oligarquía llamaba a votar “sí”, para reforzar su poder ‘autonómico’ para echar de la tierra a los campesinos y pactar con los pulpos petro-gasíferos. El PTS se abstuvo de una lucha contra la oligarquía.

El PTS sigue defendiendo su posición capituladora ante la oligarquía. Arguye que había que abstenerse porque “el gobierno pactó el antidemocrático referéndum con la oligarquía”. Es una excusa. Además del referéndum, el gobierno también “pactó” la convocatoria a la Constituyente, el sistema de asignación de bancas y el requisito que la reforma constitucional exige los dos tercios de lo votos (lo cual le otorga a la oligarquía un derecho de veto). Este “pacto”, sin embargo, no le impidió al PTS intentar (sin éxito) presentar una lista a la Constituyente. ¿En qué quedamos? Alegan un “pacto” para negarse a votar “no” en el referéndum por las autonomías, pero se olvidan del mismo ‘pacto’ cuando se trata de participar de la elección constitucional. Son unos chapuceros.

Pero la chapucería se transforma en estafa cuando el PTS le esconde a sus lectores que el MAS y la oligarquía no sólo pactaron el referéndum (y la propia Constituyente), sino que se pusieron de acuerdo para votar ‘sí’ en el referéndum. “El otro aspecto tramposo del pacto, decía Altamira, en El Obrero Internacional, marzo de 2006, es que los referendos departamentales, ‘pre-existentes’ a la futura constitución nacional, no tienen un carácter confrontativo, pues la pregunta que se pone a la población de los departamentos es apoyada igualmente por el Podemos y por el MAS (...) Evo Morales ha hecho un compromiso (...) todavía inestable (ojo con esto, lo decíamos ¡en marzo!), con la derecha parlamentaria y la oligarquía, a expensas del campesino sin tierra”. El PTS habla de un acuerdo entre el MAS y la oligarquía para convocar el referéndum pero esconde el acuerdo de esos mismos actores de votar, además, por el ‘sí’. En efecto, durante dos meses de campaña el MAS llamó a votar por el ‘sí’. Sólo se pasó al ‘no’ cuando faltaban quince días para los comicios, pero incluso este cambio no fue apoyado por el vicepresidente, García Linera. La abstención del PTS contra el referéndum, con el argumento de que estuvo ‘pactado’, oculta la negativa del PTS a votar ‘no’ contra el mismo pacto a favor del ‘sí’ en ese mismo referéndum.

Cuando Evo Morales anunció su voto por el “sí”, su posición fue rechazada por el Estado Mayor del Pueblo de Santa Cruz, que es del MAS, que llamó a votar ‘no’. Se trató de la primera delimitación política (parcial) de los explotados con el gobierno de Evo Morales, incluso a través de una organización ligada al MAS. Con la abstención, el PTS no se delimita del gobierno sino de las masas y de las organizaciones populares que llamaban a votar “no” contra la oligarquía y contra el acuerdo Evo-Podemos. Es abstención a favor de la oligarquía y de confrontación con una medida de resistencia de las masas.

El crecimiento de esta oposición popular a las “autonomías” oligárquicas obligó al MAS, apenas quince días antes del referéndum, a cambiar de campo. No todo el MAS, insistimos: el vicepresidente García Linera se declaró “neutral” entre el “sí” y el “no”. Como el PTS...

Perdido en el laberinto de sus propias contradicciones, el PTS recurre a un último “argumento”: el PO, dice, defiende la “teoría de los campos”.

No tenemos ninguna teoría de los campos, simplemente sabemos ubicarnos en la lucha de clases. En este caso estamos con el ‘no’ de los campesinos sin tierra y de aquellos que son avasallados por la oligarquía cruceña, contra el ‘sí’ de estos oligarcas. No nos delimitamos a partir de figuras jurídicas como los referéndums o cualquier otra cláusula constitucional, sino de los antagonismos de las clases en presencia. Somos un partido, no una secta dedicada a la intriga ‘ideológica’ y a la no tan ideológica.

Si hay alguien que sabe de “campos” es, precisamente, el propio PTS. En oportunidad de la primera guerra del Golfo, llamó a apoyar a Saddam Hussein en la perspectiva de que se transformaría en la dirección de la revolución proletaria en Medio Oriente (Estrategia Internacional, Boletín Nº 1, febrero 1991) (ver también Prensa Obrera, 22 de marzo de 1991).

Con Hussein, sí. Con Evo Morales, no. Un día, el PTS cae en el oportunismo nacionalista, es decir en la subordinación a la burguesía nacional. Al día siguiente, cae en el oportunismo liberal, es decir en la negativa a luchar contra el imperialismo y la oligarquía, alegando que no existen los ‘campos’. Aquí no hay posición, ni política, ni programa.

En la Constituyente y en el país la cuestión autonómica se ha transformado en un factor de crisis, que inquieta a las grandes masas. El ‘no’ en el referéndum reciente es un punto de apoyo para luchar contra las pretensiones de ‘superpoderes’ de la oligarquía boliviana y del imperialismo yanqui (incluso de los brasileños y de Lula). Esto no es solamente lo concreto; es decisivo. La posición del PTS es una guarangada contrarrevolucionaria.

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