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25 de enero de 2007 | #979

Un "acuerdo histórico entre el poder y los maoístas"

Nepal: Los maoístas entran al parlamento

La guerrilla maoísta de Nepal —la pequeña nación ubicada en las laderas del Himalaya, entre China y la India— ingresó al parlamento. Esto es la consecuencia de un “histórico acuerdo de paz entre el poder y los maoístas” (Le Monde, 9/11), que prevé el desarme de la guerrilla (bajo la supervisión de las Naciones Unidas) y el establecimiento de una “constitución provisional” que da a los maoístas un cuarto de las bancas del parlamento igualmente “provisional”. En febrero, los maoístas entrarán también al gobierno.
 
La guerrilla, basada en la inmensa masa de campesinos empobrecidos, dominaba la mayoría del territorio. Su desarme ya ha comenzado; el acuerdo establece que los guerrilleros serán incorporados al ejército regular.
 
La tarea del parlamento y el gobierno “provisorios” será convocar a una Constituyente para decidir el futuro régimen político. Las manifestaciones populares masivas de abril del año pasado obligaron al rey Gyanendra a ceder sus poderes autocráticos al parlamento, que lo “suspendió” en sus funciones. Los partidos del “poder”, que sólo pasaron a la oposición a comienzos de 2005, cuando el rey disolvió el parlamento, son partidarios de mantener la monarquía, aunque reducida a un rol “ceremonial”. Los dirigentes maoístas anunciaron su disposición a aceptarla “si esa es la voluntad mayoritaria del pueblo”.
 
El “acuerdo histórico” fue alcanzado bajo una fuerte “supervisión” internacional. La India jugó un “papel decisivo”, remarcado por la visita del jefe de la guerrilla maoísta a Nueva Delhi, para mantener reuniones con el gobierno indio.
 
Los “poderes internacionales” (India, China, Estados Unidos, Europa) impulsaron este acuerdo porque las movilizaciones populares que alcanzaron su pico en abril pasado abrieron una situación revolucionaria en Nepal. A pesar del estado de sitio y de la represión, la población trabajadora salió a la calle en las principales ciudades hasta imponer que el rey cediera sus poderes al parlamento. El “traspaso” de los poderes al parlamento cerró temporalmente la crisis, pero no la resolvió; no sólo porque el parlamento estaba dominado por antiguos partidarios del rey sino, además, porque la principal reivindicación de la masa de campesinos empobrecidos —la tierra— estaba lejos de ser resuelta.
 
En estas condiciones, el “acuerdo histórico entre el poder y la guerrilla” no es otra cosa que la integración de los maoístas al Estado para cerrar definitivamente la crisis revolucionaria en Nepal. Es un acuerdo contrarrevolucionario.
 
Su alcance reaccionario rebasa las propias fronteras. El desarrollo del movimiento revolucionario en Nepal reforzó las reivindicaciones de la vecina Tibet contra la burocracia china y, por sobre todo, las movilizaciones de los campesinos empobrecidos de la India. El acuerdo nepalí es un golpe a estas movilizaciones y reclamos. Por eso fue impulsado por los “poderes internacionales” que hasta abril defendían a muerte a la monarquía.

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