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25 de enero de 2007 | #979

Daniel Ortega, Hugo Chávez y George Bush

Daniel Ortega asumió flanqueado por Chávez y Evo Morales, eufóricos. Pero el invitado más notable fue un convicto, el ex presidente liberal Arnoldo Alemán, en arresto domiciliario y condenado a 20 años de prisión por corrupto. Un pacto anterior entre Ortega y Alemán había permitido “reformar la Constitución para bajar el piso electoral y que el sandinista fuera presidente” (Clarín, 12/1). Alemán “sigue siendo un importante referente para un sector de la derecha y el líder indiscutible de los 25 diputados de su partido” (ídem). La conversión estruendosa de Ortega al catolicismo y la ilegalización total del aborto sellaron el acuerdo con otro gran enemigo de la revolución sandinista en los ’80: el cardenal Obando y Candia. Y Ortega eligió como compañero de fórmula al banquero Jaime Carazo, antiguo comandante de la Contra y alguna vez expropiado por el FSLN.
 
Nada de esto hizo mella en Chávez, que se ha comprometido a brindar “una ayuda que supere cualquier expectativa” (ídem). Mientras Nicaragua recibe “entre 300 y 400 millones de dólares en préstamos de todo el mundo, sólo Venezuela le otorgará una ayuda de 600 millones” (ídem). “En los próximos cinco años, Nicaragua va a sentir los efectos de la cooperación basada en la solidaridad, no en el comercio y la especulación” (ídem), dijo el embajador venezolano en Managua, Miguel Gómez. Nicaragua recibirá 10 millones de barriles de crudo al año a muy bajo precio (que en parte se pagarán con azúcar y carne nicaragüenses), recursos para la construcción de 100.000 viviendas, programas de educación, salud, asistencia para la producción agropecuaria e infraestructura relacionada con energía, incluidas 32 plantas generadoras, además del perdón de la deuda con Venezuela (Le Monde, 10/1, Clarín, 11/1).
 
Chávez propuso también la construcción de un oleoducto que una el Atlántico con el Pacífico para el transporte del petróleo venezolano. “Venezuela sólo vende el 5% de su producción a Japón y China porque nuestros buques tanque no pueden pasar por el antiguo Canal de Panamá. El oleoducto nos permitiría vender en Asia hasta la mitad de nuestra producción —explicó el embajador Gómez—. A la vez, la construcción de una planta refinadora en Nicaragua le permitiría beneficiarse con el cobro de los royalties” (Financial Times, 9/1).
 
El presidente de Irán también llegó a Managua “cargado de petrodólares para distribuir a cambio de apoyo diplomático en la región”. Y ofreció apoyo financiero “millonario, hasta colmar la cima de los deseos del pueblo nicaragüense” (Clarín, 15/1).
 
Pero, mientras Chávez, Evo y Ahmadinejad se inflamaban, Ortega citó al Papa, llamó a la reconciliación, lamentó “los errores del pasado” y reiteró su voluntad de “mantener los lazos con los organismos financieros internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, y con el gobierno estadounidense (...) descartó la toma de tierras y no mencionó la reforma agraria”. También subrayó que su ingreso al Alba “no es contradictorio con la permanencia dentro del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos ni con las excelentes relaciones comerciales con Taiwán”. Tampoco denunció la fuga de capitales, unos 100 millones de dólares, que se fueron del país en los dos meses previos a su asunción.
 
Bush lo llamó para felicitarlo y el embajador norteamericano “ha ofrecido la mejor disposición para ayudar en la lucha contra la pobreza” (El País, 11/1). El FMI adelantó que “el nuevo presidente y su equipo económico tienen una intención muy seria de trabajar con nosotros. Nos han hecho saber que quieren un programa que preserve el equilibrio macroeconómico” (El País, 14/1). La Unión Europea también repartió elogios al equipo económico y jugó su propio juego, insistiendo en “la posibilidad de crear una zona de cooperación, diálogo político y libre comercio, una alternativa a las propuestas de Washington y Caracas” (Le Monde, 10/1).
 
A contramano del pronóstico del Financial Times, que afirma que la poderosa ayuda de Chávez a Nicaragua “ayudará a liquidar las ambiciones de Washington de mantener su influencia en América Central”, es justo suponer que los petrodólares venezolanos van a servir para atenuar los desastrosos efectos de una política proimperialista que logró convertir a Nicaragua en el segundo país más pobre del continente, después de Haití. Especialmente, cuando esos efectos se van a agravar como consecuencia del pacto de “libre comercio” con Estados Unidos. Para Chávez, la “seducción” con millones de “petrobolívares” puede terminar tan mal como la que emprendió para ganar una banca en el Consejo de Seguridad de la ONU.
 
Claro que “la moderación” de Ortega no es compartida: “Abajo, el objetivo es otro, mucha gente que votó por el Frente Sandinista imagina un mundo como en los ’80, de darle vuelta la tortilla. Y Ortega le creó un sinnúmero de expectativas a sus electores y al 70% de la población que vive en la pobreza”, dice Marifeli Pérez Stable, vicepresidenta de Diálogo Interamericano de Washington (El País, 15/1). El día de la asunción, en las barriadas de Managua ondeaban viejas banderas del FSLN, resucitadas como por arte de magia.

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