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3 de diciembre de 2018

Resolución sobre el G20

De la Conferencia Latinoamericana realizada entre el 15 y 18 de noviembre en Buenos Aires.

Reproducimos la resolución aprobada por el Plenario de la Conferencia Latinoamericana, realizada entre el 15 y 18 de noviembre y organizada por el Partido Obrero de Argentina y el Partido de los Trabajadores del Uruguay.

1) La próxima reunión del G20 en Buenos aires, el 30 de noviembre y 1° de diciembre, tendrá lugar en el punto más alto de los antagonismos comerciales, políticos y militares entre sus propios convocantes. A 20 años de su creación, el G20 asiste al dislocamiento de la llamada globalización, según la cual la restauración capitalista en la ex URSS y China debía dar lugar a una armonización de la economía y la política mundiales bajo la égida del capital internacional.

El G20 se integró en 1999 con las potencias imperialistas y algunos ‘países emergentes’, entre ellos la Argentina y Brasil, para encarar la crisis de sudeste asiático (1997) y sus propagaciones, como la crisis rusa de 1998. La pretensión de impedir nuevas crisis sistémicas del capitalismo mundial fue frustrada por el estallido de la gran crisis del 2007. Desde entonces, las medidas de rescate financiero y las invocaciones al libre comercio internacional no pudieron evitar los choques crecientes entre sus miembros.

2) La cumbre del G20 en Buenos Aires será una versión amplificada de ese escenario. Tendrá lugar en el marco una creciente guerra comercial, de una acentuación del militarismo y de las guerras imperialistas; de la extensión de regímenes de poder personal y represivos y de la acentuación del racismo y la xenofobia, por un lado, y del desarrollo de movilizaciones e irrupciones populares, del otro. Caído el telón de la “globalización” y del “fin de la historia”, emerge con toda su fuerza el rasgo dominante de la etapa histórica de la decadencia del capital, como etapa de “guerras y revoluciones”.

La guerra comercial que enfrenta a Estados Unidos con China es, antes que nada, la expresión de una fractura al interior de los dos bloques en pugna. Un sector del régimen y de los nacientes capitalistas chinos recela de la política de Xi Jinping y sus choques con los Estados Unidos, y aspira a progresar de la mano de una mayor injerencia económica del imperialismo. La misma grieta se manifiesta en los Estados Unidos, donde una parte importante de la gran burguesía yanqui teme que la política de Trump agrave aún más al dislocamiento del comercio internacional y, con él, a sus propias posibilidades de sobrevivencia. El telón de fondo de estas fracturas es la crisis mundial capitalista, las tendencias a la sobreproducción y a la caída de la tasa de ganancia. En la declaración final de la última reunión del G20 (Helsinski), se incluyó una recomendación para reducir la sobrecapacidad mundial de acero, una situación que se extiende al conjunto de las materias primas mundiales. En definitiva, la guerra comercial –y en última instancia política y militar-es una disputa respecto de qué bloques tendrán que hacerse cargo de la depuración de los capitales sobrantes, algo que sólo puede procesarse al costo de guerras y convulsiones sociales inmensas. El tercer gran bloque involucrado en el G20 -la Unión Europea- reproduce estos choques a su propio interior, como lo revela la tortuosa discusión existente en torno de la salida de Inglaterra de la UE, y que podría terminar con el gobierno de Teresa May.

Mientras tanto, una nueva crisis financiera internacional en ciernes se evidencia en el corazón del capitalismo, donde los resultados bursátiles vacilantes anticipan el final de la precaria recuperación de la economía americana. Para solventar su propio endeudamiento, el Estado y la gran burguesía de este país han salido a capturar los fondos que habían lucrado con las deudas de Turquía, Argentina, Brasil y otros emergentes. La nueva fase de la crisis mundial ha instalado la desestabilización económica y política en estos países, con su secuela en términos de fuga de capitales, devaluaciones monetarias, déficits fiscales y comerciales, crecimiento vertiginoso de las deudas públicas y empobrecimiento de las masas trabajadoras.

3) La contracara de esta lucha de buitres es el agravamiento de todos los antagonismos sociales, de la miseria social y de la guerra. En el último trienio, el hambre en el mundo ha vuelto a crecer, superando los 800 millones de personas. Las crisis humanitarias que involucran a millones de refugiados se han extendido de Europa a Centroamérica. Los jefes de la pretendida “globalización”, que tendrán su cita en Buenos Aires, son, al mismo tiempo, los ejecutores de brutales bombardeos en Irak, Siria o Libia, destruyendo sus escasas defensas nacionales para avanzar en una mayor colonización política y financiera. La cumbre tendrá lugar en medio de una agudización de los aprestos militares de los diferentes bloques en pugna. Lo demuestran, por caso, las recientes maniobras de envergadura inédita del ejército ruso con apoyo chino; los preparativos de la OTAN para “conflictos a gran escala” y los anuncios de Macron –con apoyo de Merkel- para la creación de un ejército europeo al margen de la propia OTAN.

La cumbre del G20 volverá a refractar la disputa por la cuestión del medio ambiente. Trump ha sacado a Estados Unidos del acuerdo de París, en beneficio de las “viejas” industrias de su país que aspiran a reducir costos a expensas de la contaminación general. A caballo de este planteo, se pretende el jubileo ambiental en los países atrasados, en beneficio, en este caso, de mineras, petroleras y agroquímicos. Esta misma agenda ha empalmado con el fascista Bolsonaro, en cuyos planes aparece la desforestación del Amazonas. Detrás del acaparamiento de recursos, como ocurre hoy con las reservas de niobio y otros minerales estratégicos, avanzan los ataques criminales a las poblaciones indígenas de Brasil. Más que nunca, el imperialismo mundial -y su representación en el G20- es la reacción en toda la línea.

4) Más allá de sus divergencias, los jefes imperialistas -y también los Macri o Temer- coinciden en la pretensión de descargar la crisis sobre la clase obrera y los explotados. En la agenda del G20, el FMI y el Banco Mundial se encuentra la ´universalización´ de las reformas previsionales –para liquidar la relación entre la jubilación y el salario, retrotrayendo a aquélla a un subsidio asistencial a la vejez; aumentar los descuentos a los trabajadores activos y también la edad para jubilarse. Lo mismo ocurre con las reformas laborales antiobreras, contra la estabilidad laboral y los convenios colectivos.

La cumbre del G20 en Argentina será también el escenario de otra nefasta unidad continental –la que propugna la militarización de la mano del Departamento de Estado, en nombre del supuesto combate al narcotráfico y al terrorismo. Anticipando esta orientación, el gobierno de Macri y su ministra de “seguridad” Bullrich han montado un gigantesco operativo de intimidación y represión con vistas a la jornada del próximo 30, con la participación de fuerzas y servicios de inteligencia extranjeros y que ya ha provocado detenciones y persecuciones en el país. Este operativo represivo ha contado también con la complicidad del gobierno del Frente Amplio en Uruguay, que ha facilitado el movimiento e ingreso de tropas imperialistas. Desde esta Conferencia, repudiamos el reforzamiento represivo montado a partir de la reunión del G20.

5) La llamada “contracumbre” , convocada días antes del G20 con la participación de Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Rafael Correa y otros, expresará la impotencia y el fracaso político de los llamados “nacionales” o centroizquierdistas del continente. Es la cumbre de quienes abrieron el camino a la derecha y a la reacción política, y luego, con los Macri o Temer, en el poder, fueron incapaces de luchar contra sus ajustes –cuando no cómplices de su aplicación. Desde el poder, los “nacionales y populares” fueron peones de la diplomacia del imperialismo bajo la gestión de Obama; en ese carácter avalaron el golpismo continental (Zelaya, Lugo) y aportaron los efectivos para el intervencionismo militar a Haití a cuenta del imperialismo. La contracumbre reúne a los protagonistas del nacionalismo fracasado, para apuntalar las pretensiones electorales de Cristina Kirchner.

El nacionalismo continental suele asociar la actual fractura del orden mundial a sus invocaciones proteccionistas (“vivir con lo nuestro). No se hacen cargo, primero, del carácter reaccionario y derechista de los antiglobalizadores, como Trump y sus émulos europeos. Y luego, del carácter necesariamente expansionista y belicista del proteccionismo imperialista. Por caso, la guerra comercial de EEUU con China es sólo un peldaño en el afán de hegemonizar y completar, bajo la égida norteamericana, la restauración del capital en el gigante asiático.

En esta ocasión, sin embargo, el organizador de la reunión con CFK y Rousseff acaba de señalar que “es al propio G20 al que debería denominarse contracumbre” (La Nación, 18/11), en alusión a la fractura económica y política que dominará la reunión de los jefes de Estado. Con ello, anticipa que la reunión de los ex mandatarios del nacionalismo invocará los principios de la `armonización internacional de intereses`. Esto no debería sorprender, si se tiene en cuenta que tanto Cristina como Dilma, cuando presidentas, participaron del G20 y votaron las conclusiones reaccionarias de sus foros. Desde esta Conferencia, señalamos: a la fractura económica mundial y a la guerra, no le oponemos el retorno inviable al pasado –la “globalización” capitalista”-, sino una transformación social a escala continental y mundial dirigida por la clase obrera. O sea, el gobierno de trabajadores, la unidad socialista de América Latina y el socialismo internacional.

El 30 de noviembre en la Argentina habrá una gran movilización antiimperialista contra el G20. Esta Conferencia Latinoamericana apoya esa convocatoria y llama a prepararla con asambleas, Charlas y actividades en los lugares de trabajo y estudio. Llamamos a organizar para esa fecha manifestaciones y actos en todos los países en repudio al G20, por la unidad internacional de la clase obrera y los explotados independiente de los gobiernos y partidos de la burguesía. Por Congresos de Trabajadores para organizar planes de lucha contra la ofensiva reaccionaria del capital.

Abajo las guerras imperialistas: fuera los imperialistas y sus lacayos de Siria, Libia, Irak, Palestina, Yemen. Retiro de todas las bases militares imperialistas en América Latina y el mundo.

Abajo las reformas reaccionarias laborales y previsionales.

Abajo la depredación ambiental de los monopolios capitalistas; control obrero.

No al pago de las deudas externas usurarias.

Fuera Trump, Macron, Merkel, Putin, Xi Jinping, el FMI y todo el G20 de la Argentina.

Por gobiernos de trabajadores y la unidad socialista de América Lati

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