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3 de diciembre de 2018

América Latina, la irrupción de las mujeres

Resolución de la Conferencia Latinoamericana realizada entre el 15 y 18 de noviembre en Buenos Aires.

A continuación, reproducimos la resolución aprobada por el Plenario de Mujer de la Conferencia Latinoamericana, realizada entre el 15 y 18 de noviembre y organizada por el Partido Obrero de Argentina y el Partido de los Trabajadores del Uruguay.

Bajo gobiernos capitalistas de diferentes signos políticos, nacionalistas o derechistas, en América Latina el movimiento de mujeres emergió como expresión del repudio a la brutal violencia económica y social que sufren las mujeres -y que se agudiza con la crisis y descomposición capitalista.

La movilización y lucha de las mujeres tiene una importancia enorme para la clase obrera. Adquiere en todas partes proyección política, como vemos en la movilización de las mujeres autoconvocadas de Brasil contra el fascista Bolsonaro, en respuesta a la avanzada que pretende preservar y profundizar esta violencia incentivando el uso métodos fascistas.

El #EleÑao fue el canal de una movilización de masas protagonizada por las mujeres, tal como sucedió en Estados Unidos en repudio al ascenso de Trump. Las mujeres han tomado en sus manos la lucha que ni las centrales sindicales ni el nacionalismo burgués están dispuestos a emprender. El PT brasilero no sólo pavimentó durante sus años de gobierno el terreno para la injerencia cada vez mayor de las iglesias evangélicas y el ascenso de Bolsonaro, sino que no jugó ningún papel en el impulso y el desarrollo de las movilizaciones por #EleÑao.

La lucha de las y los trabajadores brasileros es una causa de la clase obrera a nivel continental, para contribuir a la derrota de esta tentativa fascista en Brasil de la que pretenden valerse los sectores derechistas en toda América Latina.

La opresión hacia la mujer, el fomento de la xenofobia, el racismo feroz que existe en países como EEUU, son armas del capital contra la clase obrera en su conjunto. El despertar del movimiento de mujeres de masas choca objetivamente con el Estado y es la expresión de una tendencia a la rebelión contra el capitalismo en descomposición, en un continente arrasado por el avance de la precarización laboral y del conjunto de las relaciones sociales.

La demanda de reivindicaciones democráticas elementales como la lucha contra los femicidios, la pelea por el aborto legal, la lucha contra la trata con fines de explotación sexual y laboral, la ampliación de la conciencia sobre el rol de las iglesias y la constatación de una degradación laboral que ha llevado los ingresos a niveles asistenciales, debe ser inscripta en una estrategia de transformación socialista de la sociedad. Ninguna variante del capital, se identifique con el “neoliberalismo” o con el nacionalismo, puede ofrecer más que algún maquillaje que desvíe los reclamos de fondo y silencie aún más a la mayoría de las mujeres empobrecidas.

La problemática que atravesamos en toda América Latina es el combate al ajuste y la represión a las y los trabajadores. Debemos asimismo unir esfuerzos para generalizar la lucha por la separación de la iglesia del Estado, fundamental en este contexto. Claudicar ante esta pelea abre las puertas a profundizar las experiencias como en Nicaragua o a las que hoy vive Brasil con Bolsonaro. Por ello necesitamos una organización de la mujer independiente de los partidos patronales y del clero.

Las mujeres trabajadoras, las más golpeadas

La tasa de desempleo en la región entre las mujeres es sistemáticamente mayor que entre los hombres. Según la CEPAL, en América Latina el 78,1 % de las tareas que desarrollan las mujeres son consideradas de baja productividad, “lo que implica peores remuneraciones, baja cobertura de la seguridad social y menor contacto con las tecnologías y la innovación”. El promedio mundial de la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 23%, mientras en América Latina, entre los sectores más empobrecidos, la misma supera el 40%.

La extensión de la jornada laboral y el acrecentamiento de los ritmos de trabajo, impulsado por las contra-reformas laborales y previsional, empeorará las condiciones de vida de las trabajadoras, las que hoy ya son las más precarizadas. El resultado será un empobrecimiento mayor, un reforzamiento de las tareas domésticas –como el cuidado de los niños y adultos en la familia-, la perdida de conquistas laborales como licencias y salas maternales.

La situación habitacional ha empeorado en las últimas décadas, no sólo porque se ha achicado considerablemente la posibilidad de adquirir una vivienda con relación al salario, sino porque la calidad habitacional de las clases medias y la clase trabajadora son infinitamente de menor calidad que en el pasado.

La movilización de las mujeres puso de relieve la enorme carga que representa el trabajo doméstico y las tareas de crianza y cuidado. Luchamos por desandar la esclavitud doméstica de las mujeres, que nos aísla y embrutece, para incorporarnos plenamente al mundo de la producción, por la socialización de las tareas domésticas y por establecer nuevas relaciones basadas en el respeto mutuo, con libertad y sin represiones.

El eje bolivariano y las políticas para las mujeres

Los gobiernos nacionalistas burgueses tienen un profundo alejamiento con las demandas de las mujeres. Convirtieron la asistencia social en el ingreso regular de miles de mujeres, establecieron de forma permanente una modalidad de trabajo precario, avanzaron en reformas laborales y previsionales regresivas, cuyo intento de liquidación final está en curso en las experiencias políticas como las de Nicaragua, Brasil o Argentina.

En Argentina, el movimiento de mujeres, de manera más o menos consciente, chocó finalmente con el resultado de la alianza entre el clero y el régimen kirchnerista que intentó mostrarse atento a las demandas de las mujeres, pero preservando los privilegios de las iglesias por sobre la estructura social y estatal. La Iglesia Católica y la evangelista crecen de la mano de la tercerización y privatización de la asistencia por parte del Estado.

El aborto legal no se trató bajo el kirchnerismo por no enfrentar al Vaticano. La ley contra las violencias hacia las mujeres no se terminó de reglamentar bajo el gobierno de CFK y tampoco se financió. La Ley de Educación Sexual fue pactada con la Iglesia para preservar un adoctrinamiento oscurantista en los colegios. El Código Civil y Comercial de 2015 proclamó la “defensa de la vida desde la concepción”. Esta Iglesia empoderada por el gobierno kirchnerista es la que agotó todos sus recursos para evitar la aprobación del aborto legal. El crecimiento evangélico se produjo desde los barrios y dentro de decenas de instituciones o supliendo funciones del Estado, como la educativa o la de la atención en salud, y no se diferencia mucho de las prácticas de otras iglesias.

En Uruguay, a pesar de la separación formal de la Iglesia y el Estado, los lazos del Frente Amplio con las iglesias son uno de los obstáculos al acceso al aborto legal y la educación sexual, en virtud de la figura de la objeción de conciencia y el enorme peso clerical en las instituciones de salud y educativas.

En Nicaragua, el gobierno del FSLN estableció una férrea relación con la Iglesia Católica, eliminó la no punibilidad del aborto terapéutico y concentró sus campañas electorales en la figura de una niña embarazada, víctima de violación, obligada a maternar. Asimismo, esta barbarie es parte del prontuario y de la acción política de los gobiernos nacionalistas en Ecuador, Venezuela, Paraguay, Argentina.

En Ecuador, el ex presidente Correa amenazó con expulsar de sus bancas a dos legisladoras de su partido que pretendieron colocar a debate parlamentario la despenalización por algunas causales.

En Brasil, ha habido un retroceso con la enmienda constitucional, de manos del bloque de las BBB (Botas, Biblia y Buey) que terminó por incluir el “derecho a la vida desde la concepción”, atacando no solo el derecho al aborto ya legalizado en el país en casos de causal de salud y violación, sino también a la anticoncepción y fertilización asistida.

La crisis de la Iglesia Católica en América Latina tiene su máxima expresión en el país del Papa Francisco y en Chile, producto del encubrimiento a la pedofilia que se extiende en todos los países como una epidemia.

La Iglesia como herramienta de control social del capital incrementó su poder en todo Latinoamérica. Sólo en Brasil, el país americano más católico, en AÑOS pasó a tener una población evangelista del 10 al 30%. Es el resultado objetivo de una fuerte interrelación entre los gobiernos del PT y la transferencia de funciones y fondos a estos cultos. El PRB de la Iglesia Universal que dirige Edir Macedo y el PMDB de Eduardo Cunha, de la Asamblea de Dios, fueron aliados del PT e integraron las alianzas gobernantes hasta 2014. En 2013 el PT habilitó la llegada del pastor Feliciano como presidente de la Comisión de DDHH de la Cámara de Diputados, un declarado homofóbico y enemigo de los derechos de las mujeres. En las últimas elecciones, las iglesias evangélicas fueron uno de las principales palancas electorales del fascista Bolsonaro.

Las iniciativas de acción política de una parte del evangelismo vienen desde hace 30 años y tienen fuertes expresiones políticas, como ocurre en Perú con el partido fujimorista, país donde comenzó en 2016 la acción contra la educación sexual científica y laica, #ConMisHijosNoTeMetas. El proyecto de “Escuelas sin partido” en Brasil se inscribe en esta avanzada.

Las religiones y las iglesias son órganos de la reacción burguesa para defender la explotación de la clase obrera. Denunciamos la manipulación que establecen en consonancia con el régimen capitalista, que niega y ataca el derecho a la maternidad, a la par de que solo la reivindica cínicamente contra el aborto legal. Es la lucha de clase de las masas obreras la que atraerá al conjunto de las y los trabajadores a una práctica social consciente y revolucionaria, la que será capaz de librarnos de la opresión de la religión.

Por la organización socialista de las mujeres en toda América Latina

El capitalismo que ha destrozado el desarrollo de las fuerzas productivas no tiene condiciones, mucho menos en los países atrasados sometidos a la permanente expoliación imperialista, para ofrecer una salida.

 

Solo un planteo socialista para la mujer puede sintetizar las reivindicaciones y la salida para obtenerlas. La izquierda no debe claudicar a esta clara definición. El “feminismo anticapitalista” no es más que un fuego de artificio que termina obviamente, sin intención alguna en muchos casos, sumando maquillaje a un régimen social criminal.

Por eso luchamos por la organización socialista de las mujeres de todo el continente, aliada a la clase obrera, para derrotar al fascismo, el ajuste capitalista contra las masas trabajadoras y abrir un horizonte de emancipación social.

Resoluciones:

-Este 25 de noviembre, día de lucha contra todas las formas de violencia hacia la mujer, nos movilizaremos en cada país por las reivindicaciones de la mujer trabajadora, contra la violencia social y estatal.

-Lanzamos una gran campaña por un nuevo paro internacional de mujeres el próximo 8 de marzo, en el impulso de una verdadera jornada continental de lucha contra el fascismo y en solidaridad con la clase obrera brasileña. Por un paro de toda la clase obrera en defensa de las mujeres de Brasil y el mundo. Como instancia de preparación, cada una de las organizaciones nos comprometemos a impulsar una enorme deliberación y organización de las mujeres y trabajadores, a través de asambleas, reuniones, etc.

Reclamamos: trabajo genuino, igual salario por igual trabajo, salario igual al costo de la canasta familiar, por jardines maternales públicos en lugares de estudio y trabajo, abajo las reformas laboral y jubilatoria, defensa de la educación y la salud.

Reclamamos el derecho a la maternidad y al aborto legal, por educación sexual laica y científica y la separación de la Iglesia del Estado.

Fuera el imperialismo, por la unidad socialista de América Latina.

 

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