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6 de diciembre de 2018

Vientos de guerras en el Mar Negro: el estrecho de Kerch entre Rusia y Ucrania

Por Danilo Trotta
Prospettiva Operaia

El domingo 25, según la prensa, tres pequeñas unidades militares ucranianas remolcadas por un remolcador intentaron cruzar el estrecho de Kerch, que divide el Mar de Azov del Mar Negro. La Marina rusa habría intervenido esperando el remolcador y abriendo fuego contra los barcos ucranianos, causando al menos dos heridos. Entonces se incautarían las lanchas patrulleras ucranianas. Los rusos afirman que no fueron advertidos del paso (los ucranianos afirman lo contrario) y que por lo tanto fue una provocación de la Marina ucraniana. El paso por el estrecho de Kerch está regulado por un tratado firmado por Rusia y Ucrania que establece y regula la libertad de movimiento. Especialmente desde 2014, año del golpe de Estado pro-OTAN en Kiev y de la anexión rusa de Crimea, el estrecho de Kerch se ha convertido en estratégico tanto para Rusia como para Ucrania (y para la OTAN), crucial porque es el único paso marítimo posible de una costa de Ucrania a otra tras la anexión rusa de Crimea.

El presidente ucraniano Poroshenko ha alertado al ejército y convocado una reunión de emergencia con los jefes de las fuerzas armadas y del Gobierno, y ha pedido al Parlamento que introduzca la ley marcial y el estado de guerra. Esto ocurre en un contexto dramático para Ucrania, cuya economía, gravemente dañada primero por la restauración capitalista y luego por la crisis de 2009, terminó hundiéndose en una espiral aterradora desde el comienzo de los acontecimientos de 2014, que condujo a la interrupción de una parte importante de las relaciones económicas estructurales con Rusia, heredadas de los tiempos de la planificación económica soviética. Hoy el país está a merced del FMI que, a cambio de su "ayuda" (es decir, préstamos usureros para pagar los intereses de la enorme deuda pública), pide al gobierno que acabe subvencionando a las empresas estatales (antiguas e improductivas) e incluso que las privatice. La clase obrera ucraniana, especialmente los mineros y trabajadores de la siderurgia, han sido protagonistas en los últimos meses de un aumento significativo de las luchas que han llevado a marchas de decenas de miles de trabajadores a las puertas del parlamento para exigir mayores salarios y detener la privatización. Todo ello en el marco de un estado de guerra permanente cada vez más impopular.

No es casualidad que las últimas encuestas sobre las próximas elecciones previstas para el 31 de marzo de 2019 vean en ventaja a Yulia Timoshenko (aunque en un marco de gran fragmentación de las fuerzas políticas y de una abstención masiva planificada), candidata del partido "Patria" a favor de un ablandamiento de la actitud del gobierno ucraniano hacia Rusia (consciente de la creciente impopularidad de la operación militar en Donbass, conocida como ATO, Operación Antiterrorismo) y por lo tanto acusada de ser pro-rusa (aunque fue una de las protagonistas de la "Revolución Naranja" de 2004 que la llevó a ella y a Viktor Yushenko al gobierno en 2007). La introducción de la ley marcial haría imposible la celebración de elecciones y daría al gobierno de Poroshenko (cuya existencia no depende del consentimiento de los ucranianos, sino únicamente del estado de guerra en el este y del apoyo de Washington) la oportunidad de completar el golpe de estado de 2014 y escapar de las elecciones de 2019. Aunque Poroshenko no tiene mucho espacio para fortalecer su poder personal, dada la falta de independencia a la que se ha hecho referencia anteriormente, que le hace imposible escalar en la categoría de "bonapartista", cualquier fuerza en esta dirección sólo arrastraría al país a una escalada de guerra y aceleraría la crisis del régimen.

Es esencial que la clase obrera ucraniana, desde Lviv hasta Donetsk, defienda su independencia tanto del imperialismo como de la burguesía ucraniana, su lacayo, y del chauvinismo pro-ruso. Es esencial que el movimiento obrero y la izquierda, que se reclama revolucionaria en los países imperialistas, luchen para romper con el imperialismo en casa y, en caso de guerra, trabajen por una derrota ruinosa de la OTAN. Contra el nacionalismo pro-OTAN de Ucrania (y los trabajadores fascistas en su paga) y contra el gran nacionalismo ruso es fundamental reclamar la disolución de la actual Verkhovna Rada de la mafia y los oligarcas y la elección de una nueva Verkhovna Rada elegida por los obreros y los consejos populares elegidos en toda Ucrania. Sólo una Ucrania socialista y revolucionaria puede ser libre y estar unida.

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