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8 de diciembre de 2018

Nueva jornada de protestas de los chalecos amarillos

Pese a la postergación del aumento en el impuesto a los combustibles y a un gigantesco operativo represivo, más de 100 mil personas se movilizaron en Francia este sábado en la cuarta convocatoria de los chalecos amarillos. El dispositivo represivo de la “democracia francesa”, que dejó como saldo 1400 detenidos, incluyó el despliegue de 90 mil efectivos policiales y vehículos blindados de Gendarmería. Además, se cerraron museos, monumentos y el subte. En algunas regiones del país las autoridades prohibieron las manifestaciones e inclusive la venta de productos inflamables que pudieran ser usados para encender las barricadas. En Bélgica y Holanda también hubo protestas, aunque mucho más pequeñas.

La previa de la jornada estuvo marcada por un clima represivo e intimidante contra las manifestaciones. El jueves, las imágenes de 150 estudiantes secundarios detenidos de rodillas por las fuerzas policiales recorrieron el mundo. Fue la represalia contra las 280 ocupaciones de colegios de ese día. También en las vísperas de las protestas, el gobierno abrió una causa judicial contra un referente de los chalecos que llamó en una entrevista televisiva a “entrar” al palacio del Elíseo.

Pero ni el recule oficial en los aumentos ni el operativo represivo pudieron impedir que volviera a oírse en las calles el reclamo de dimisión de Emmanuel Macron, cuya popularidad se ha derrumbado. Los impuestos en los combustibles fueron sólo el detonante de este movimiento popular heterogéneo que reclama ante la caída del poder adquisitivo o por la reintroducción del impuesto a las  fortunas, pero donde también están presentes reclamos para que se rebajen los aportes patronales.

Dentro del movimiento, que se encuentra en pleno desarrollo, no existe un liderazgo definido. El primer ministro, Edouard Philippe, recibió en las vísperas de la nueva jornada de protestas a algunos integrantes de los “Chalecos Amarillos libres” (que levantan una serie de planteos políticos como la introducción del sistema proporcional en las elecciones) que habían llamado a no marchar este sábado en aras de la paz y el diálogo y que propugnan una “cólera constructiva”. Pero en líneas generales, los intentos de establecer una aproximación con sectores del movimiento por parte del gobierno han fracasado.

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Las conducciones sindicales, en tanto, han acentuado su distanciamiento del movimiento con un comunicado conjunto. Este, firmado por la CGT, la CFDT (Confederación Francesa Democrática del Trabajo) y FO (Fuerza Obrera) considera “legítima” la bronca en las calles, pero llama a  “denunciar todas las formas de violencia en la expresión de las reivindicaciones”, un ataque contra las movilizaciones, esto sin ni siquiera condenar la represión estatal. La CGT ha separado deliberadmente sus convocatorias de aumento salarial de las protestas de los chalecos.

La irrupción del movimiento obrero, sin embargo, con un programa que lo ponga a la cabeza de todas las capas explotadas, es decisiva para llevar a buen puerto la ola de movilizaciones que conmueven el suelo francés.

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