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17 de diciembre de 2018

El debate sobre la crisis mundial en el #PicNic2018 del Partido Obrero

Concurrida mesa-redonda con Altamira y Gabetta

El Picnic del Partido Obrero contó con una mesa-debate muy concurrida sobre la situación mundial. Coordinada por Pablo Heller, contó con la participación de Jorge Altamira y Carlos Gabetta, periodista y escritor, ex director de Le Monde Diplomatique.

Gabetta señaló que en las últimas cuatro décadas se ha operado una profunda transformación en el régimen social capitalista, caracterizada por un enorme desarrollo de la producción y la productividad con cada vez menos uso de la fuerza de trabajo. Y consideró que la izquierda tiene el desafío de ofrecer una respuesta a esa situación.

Al mismo tiempo, señaló que “el capitalismo se ha fabricado su propia trampa” con ese proceso de robotización, toda vez que esa mayor producción no encuentra quién la consuma debido al desempleo y a la caída en el poder adquisitivo que causan esas transformaciones. Esto plantea el problema de la distribución del ingreso y de la creación de una demanda, que el capitalismo procura resolver por medio del cebamiento del crédito.

Llegado a este punto, Gabetta sostuvo que estamos a las puertas de una nueva crisis financiera y puso como ejemplo el endeudamiento en Estados Unidos, que alcanza al 130% del PBI. Planteó inclusive la hipótesis de una devaluación yanqui para licuar esa deuda, con su consecuente impacto en la situación global.

El movimiento de los chalecos amarillos, en Francia, es una de las expresiones concretas de la crisis a la que se refirió Gabetta. Repasó su origen social: una pequeña y mediana burguesía que el Estado francés reasentó en las últimas décadas en la periferia de París y que debe recurrir al transporte para trabajar y acceder a servicios que se fueron retirando paulatinamente de sus localidades. El aumento de impuestos en el diésel actuó como detonante de la revuelta de estos sectores, golpeados ya por la pérdida de poder adquisitivo.

Pero en este conflictivo escenario global, dijo Gabetta, la socialdemocracia ha abandonado las banderas de la izquierda. Tomó el ejemplo de Francois Hollande, en Francia, que aplicó medidas neoliberales y se fue de la presidencia con un 6% de popularidad. Advirtió severamente, en ese cuadro, sobre el crecimiento de la derecha, subrayando el caso de Marine Le Pen en Francia, y de Matteo Salvini en Italia.

Totalidad diferenciada

Altamira resaltó la importancia metodológica de abordar la crisis mundial en su desarrollo y en todas sus dimensiones, es decir, como una “totalidad diferenciada”, para evitar conclusiones unilaterales. Sólo así se puede trazar –dijo- una estrategia política adecuada.

En ese sentido, se refirió a la acuciante cuestión del Brexit, que caracterizó como parte de un proceso de desintegración en la Unión Europea que plantea también la posible desintegración del propio Reino Unido (pérdida de Irlanda del Norte, salida de Escocia, etc.).

En medio de una profunda división en el partido conservador, sólo el partido laborista de Jeremy Corbyn podría intentar una salida a la paralización política en el país. Se trata del partido histórico de la clase obrera británica y de uno de los exponentes más “izquierdistas” de ese partido, que levanta un planteo de nacionalizaciones parciales y reformas sociales del que la burguesía recela. Y pese a su relativa vitalidad política, Corbyn no tiene claro qué hacer frente al Brexit porque ambos escenarios, la permanencia o la salida, fracturan a su organización. El del Reino Unido y el Brexit, en definitiva, es un caso que refleja un gigantesco impasse y replantea –frente a la decadencia de la UE y los nacionalismos caducos- la consigna de la unidad socialista de Europa.

Altamira también se refirió al proceso de los chalecos amarillos, cuestionando la estrategia divisionista de las centrales sindicales –y de un sector de la izquierda-, que han evitado deliberadamente la convergencia con ese movimiento en las calles y se limitan a plantear la oportunidad de una lucha por aumento salarial. La ausencia de un planteo político general se pretende justificar en nombre de la presencia de la derecha y de una supuesta falta de conciencia en el proletariado que en todo caso sería responsabilidad de esas mismas conducciones, que obstruyen una deliberación y organización de la clase obrera ante la crisis.

El problema de dirección política se ve también agudamente en el caso del crecimiento de ciertos fenómenos derechistas. Las corrientes de este tipo en Europa, o en Brasil, han pavimentado su avance sobre la base del fracaso de las direcciones centroizquierdistas o seudonacionalistas, que aplicaron las políticas de ajuste en sus países.

Con respecto a los planteos sobre una caída en la masa de trabajadores, Altamira los cuestionó empíricamente, señalando el crecimiento de la industria y el proletariado chino. Y también advirtió que el capital, pese al desarrollo de la productividad y el abaratamiento consecuente de la fuerza de trabajo, ha debido recurrir también a un ataque directo sobre el salario y las condiciones de trabajo (la “ley de esclavos” de Hungría, con el aumento de las horas extras, es uno de esos ejemplos recientes). El capital exprime la fuerza de trabajo porque es la única que crea valor. El desarrollo de la productividad conlleva también un proceso deflacionario en que cae el precio de las mercancías.

La mesa-debate finalizó con una ronda de preguntas del público.

 

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