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7 de enero de 2019

Ecuador: el “gasolinazo” y la crisis política

El 27 de diciembre, organizaciones sociales, estudiantiles y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) se movilizaron en Quito contra el aumento de los combustibles dispuestos por Lenin Moreno. La marcha tuvo una convocatoria de características modestas, de tres cuadras de largo, aunque manifiesta una tendencia en aumento respecto a anteriores movilizaciones contra otros aumentos tarifarios.

El aumento había sido anunciado unos días antes, 18 de diciembre, junto con la reducción de salarios de ministros de alto cargo y la eliminación de 25.000 puestos de trabajo en la obra pública.

Los aumentos en el combustible han sido una medida constante en el gobierno de Lenin Moreno, quien acusa haber recibido un descalabro económico de parte de su ex aliado y promotor a la presidencia, Rafael Correa. Tras haber beneficiado a las empresas con los subsidios, Moreno quiere hacerle pagar su reducción a los trabajadores –garantizando siempre el beneficio de los capitalistas.

Ante los reclamos de parte del FUT de que el aumento de los combustibles repercutirá en toda la canasta básica, el gobierno anunció un aumento de los subsidios al transporte. Otra vez, las patronales se garantizan sus ganancias, mientras que los trabajadores con transporte propio deberán hacer frente a los precios cada vez más elevados.

El aumento del salario mínimo a 394 dólares, anunciado el día previo a la movilización, representa un incremento de 8 dólares, muy por debajo proporcionalmente de los aumentos que reciben las petroleras y las privatizadas.

Choques capitalistas y elecciones

La crisis fiscal ha obligado a la burguesía a buscar otros medios que incluyen un ataque frontal a las condiciones de vida de los trabajadores, no solo en Ecuador sino en toda América Latina. Pero luego de más de dos años de gobierno de Lenin Moreno, éste encuentra serios problemas para aplicar un ajuste en regla contra los trabajadores, producto de las propias contradicciones de la burguesía: mientras sectores de la burguesía nacional reclaman el sostenimiento de muchos de los subsidios que Lenin Moreno busca recortar, la presión del capital financiero internacional por el pago de la deuda externa exige no solo el ajuste contra las masas, sino que un sector de la burguesía pierda.

Este cuadro de enfrentamientos dentro de la burguesía, combinado con el creciente descontento de los trabajadores, podría imponer un revés al gobierno de Lenin Moreno en las elecciones seccionales del año entrante. De movida, ya se anticipa una disgregación de las fuerzas actuantes, con la inscripción récord de más de 72 mil candidatos.

A su turno está la reaparición de Correa, quien participará de las mismas no como candidato pero sí como figura central de la Lista 5, Fuerza Compromiso Social (FCS). Mediante el lema “¡A recuperar la Patria!”, el ex presidente busca encorsetar a los trabajadores que se movilizan contra el ajuste del gobierno de Lenin Moreno. Con todo, el desarrollo de la crisis capitalista mundial imposibilita a Correa la recreación de las medidas de tipo populista que caracterizaron su gobierno. No debemos olvidarnos, a su vez, que Correa fue un férreo enemigo de la organización de los trabajadores: los sindicatos docentes quedaron borrados mediante decreto cuando luchaban por la defensa del convenio colectivo y el salario. Las reformas educativas del FMI habían encontrado adeptos en los pretendidos “nac&pop” mucho tiempo antes de que llegara la derecha.

Así, las elecciones se inscriben en el centro de la crisis política. Los trabajadores asistirán así a la intentona de una polarización entre Correa y Lenin Moreno, pero esto puede resultar sumamente peligroso al tratarse de elecciones seccionales. Porque llevarían a una nacionalización de las elecciones, justamente el cuadro que el propio gobierno y la burguesía que lo apoya intenta evitar para no perder seccionales que hasta hoy le responden al oficialismo.

Los trabajadores tenemos que hacer la nuestra

Ante este operativo de polarización los trabajadores debemos oponerle un reagrupamiento propio, que participe de las elecciones como una instancia más de organización de la lucha contra el ajuste del gobierno. El desarrollo de la crisis pondrá arriba de la mesa las limitaciones de todas las fuerzas políticas patronales. La izquierda ecuatoriana no representa una alternativa. La fuerza de mayor peso es el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), que ha conquistado la dirección de la Unión General de Trabajadores (UGTE). Sin mayor incidencia en las elecciones, participa de estas como Unidad Popular, presentándose como opositora a Correa luego de haberlo integrado su gobierno por más de dos años. La UP no plantea una salida de los trabajadores a la crisis, solo rechaza las políticas de ajuste sin un rumbo claro de intervención.

Desarrollar a fondo la lucha

A través de su presidente José Villavicencio (también presidente de UGTE), el FUT se pasea por todos los canales de televisión con un discurso de denuncia del atraso salarial, pero señalando que hacen falta incentivos (como recorte de impuestos) a las pequeñas y medianas empresas nacionales “que son generadoras de empleo” –una claudicación en regla de la defensa de las condiciones de trabajo en las mismas. Es una orientación que conduce a los trabajadores a un camino sin salida.

La convención nacional, una suerte de reunión de secretarios generales prevista para el 12 de enero, aislada de toda deliberación en los puestos de trabajo, es una tregua al gobierno. La intervención del conjunto de los trabajadores es la única capaz de derrotar el plan de guerra del gobierno y abrir una perspectiva propia. Un congreso de delegados con mandato de las bases, con asambleas en cada lugar de trabajo es el camino que debería desarrollar el FUT, votando un plan de lucha que incluya la huelga general como perspectiva y un paro con movilización de 36 horas en lo inmediato como última advertencia al gobierno.

Ante el desbarranque del conjunto de los partidos patronales, solo un partido obrero revolucionario que desarrolle un programa de reorganización nacional bajo los intereses de los trabajadores tiene las manos libres para actuar consecuentemente en la crisis política, incluyendo un planteo de poder.

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