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21 de enero de 2019

Las trabajadoras textiles de Bangladesh enfrentan a las grandes marcas y al gobierno

Huelgas y protestas contra los salarios de miseria

En las últimas semanas, miles de trabajadoras y trabajadores de la industria textil de Bangladesh protagonizaron paros, piquetes y movilizaciones que abarcaron a decenas de fábricas del sector. El reclamo central es la duplicación del salario mínimo, que fue fijado en 8 mil takas (95 dólares) a fines del año pasado.

La huelga de las obreras textiles se da en un país que basa el 80% de su comercio exterior en dicha industria; es la principal actividad económica y un polo de referencia mundial. Se estima que la industria de ropa para vestir emplea a 4 millones de obreros (el 60% de ellas mujeres) en cuatro mil fábricas, con un salario mínimo que está por debajo del de países como India y Vietnam e inclusive es menos de la mitad que el magro salario mínimo chino, por lo que cobran gran importancia en el salario las horas extras y otros ítems. En Bangladesh se produce y empaqueta parte de la ropa que comercializan grandes marcas internacionales (H&M, Walmart, Tescoy Aldi, entre otras). Las enormes ganancias que obtienen se deben a las condiciones de miseria y superexplotación a las que se encuentran sometidas sus trabajadoras.

La terrible precarización de la industria textil tuvo una de sus expresiones más horripilantes en mayo de 2013, cuando un derrumbe en una planta de la capital (Dacca) provocó la muerte de 400 obreras. Aquel hecho detonó una huelga y abrió un proceso que forzó al Estado y las compañías a prometer algunas concesiones.

Uno de los grandes datos de las últimas protestas es que han desbordado la política de contención de los sindicatos que, a través del presidente de la Federación de Trabajadores Industriales y de Confección de Bangladesh, justificó el acuerdo con el gobierno y las empresas y llamó a honrar al Primer Ministro y su acuerdo con él. Las trabajadoras tampoco creyeron las promesas de un comité tripartito -formado por funcionarios del gobierno, dueños de las fábricas y representantes de la burocracia sindical- que prometió que habría aumentos para los sectores que no los habían percibido.

El gobierno ha reprimido a las trabajadoras y una de ellas murió durante las protestas, pero no pudo retraer las medidas.

Viva la lucha de las obreras.

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