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22 de febrero de 2019

Abusos en la Iglesia: una cumbre para dejar todo en familia

El Vaticano, que arrancó ayer su cumbre sobre abusos, prepara un camino de impunidad para los victimarios.

La cumbre sobre abusos en el Vaticano que comenzó ayer y se extiende hasta el fin de semana es una herramienta de auto-preservación de la Iglesia, que no dará un solo paso real en la erradicación de los crímenes sexuales y el encubrimiento. Ha sido convocada por Francisco, él mismo involucrado en la protección de algunos de los abusadores, como una respuesta defensiva ante el enorme repudio de estos crímenes y como maniobra política frente a la conspiración en su contra de camarillas rivales.

El monarca aseveró en su apertura que “El Pueblo de Dios espera medidas concretas y eficaces”. Pero el documento con los “21 puntos de reflexión” distribuido a los asistentes por el Vaticano, junto con un paquete de medidas más o menos vagas de prevención y tratamiento de los casos y de participación de laicos en el proceso, se concentra en mantener el asunto por fuera de la justicia ordinaria, dentro de las paredes de la Iglesia y del derecho canónico –es decir, el escenario de los miles de encubrimientos denunciados.

Se contrapone de plano con el claro programa de las víctimas, que “consideran que la ‘tolerancia cero’ pregonada en los últimos 15 años solo podrá tomarse en serio cuando se cumplan tres parámetros: expulsión del sacerdocio de cualquier cura que abusa de un menor, apertura de los archivos del Vaticano y obligatoriedad de traslada a la justicia todas las denuncias” (El País, 21/2). A ello se suma el malestar de las víctimas y sus organizaciones por la ausencia de Francisco en la reunión que mantuvieron ayer con organizadores del encuentro vaticano. El catalán Miguel Ángel Hurtado, referente de Infancia Robada, señaló que “ayer estaba decepcionado, y hoy aunque parezca imposible, mi nivel de decepción ha aumentado (…) Los puntos de reflexión son muy flojos. No incluyen la tolerancia cero (…) si esto es lo mejor que tiene que ofrecer el Papa, esta cumbre va a ser un absoluto y completo fracaso” (La Vanguardia, 21/2). Con diferencias de grado, el escepticismo es la nota general entre las víctimas.

No faltan los motivos. En 2010 el Vaticano hizo pública una Guía que proponía por primera vez “seguirse siempre el derecho civil en materia de información de los delitos a las autoridades competentes”, supuestamente en circulación desde 2003. El entramado de encubrimiento solo siguió escalando. La comisión para la tutela de los menores creada luego por Francisco nunca funcionó, y “varios miembros de esa comisión acabaron dimitiendo, después de que la Congregación para la Fe desoyera sus recomendaciones” (ElPeriódicoExtremadura, 21/2). Funcionarios de la Iglesia advierten sobre el gigantesco riesgo económico que representa para la institución que se destraben las causas judiciales. La investigación recientemente publicada por el escritor Fréderic Martel en su libro Sodoma, sobre homosexualidad en la Iglesia, da cuenta de una “cultura del secreto” en la institución.

El malestar de las víctimas de abusos revela que el cónclave, convocado para remontar la larga crisis que atraviesa la Iglesia, empezó con el pie izquierdo.

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