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25 de febrero de 2019

“A los abusos los carga el Diablo”

La cumbre sobre abusos del Vaticano concluyó con un vergonzoso discurso de Francisco y nuevos anuncios de impunidad.
“A los abusos los carga el Diablo”

Movilización de víctimas de abusos, en Roma, durante la cumbre

"Hoy el papa Francisco ha dado un guantazo a todas las víctimas que hemos venido de los cinco continentes para exigir explicaciones”: así describió el español Miguel Hurtado, vocero de la organización de víctimas de abusos ECA (Terminando con el Abuso Clerical, por sus siglas en inglés), el discurso de cierre a la cumbre de abusos en el Vaticano, en la que el monarca explicó el abuso de menores como manifestación del “espíritu del Mal”, del Diablo, y buscó diluir los miles y miles de casos perpetrados por clérigos por ser parte de un fenómeno global –al punto de que citó las estadísticas mundiales, pero no las de abusos eclesiásticos que están en posesión de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La cumbre, convocada por Francisco ante la ola imparable de denuncias y como respuesta a las acusaciones de encubrimiento, se ha orientado a preservar el tratamiento de los casos en los marcos de la Iglesia –y por tanto, el entramado de impunidad, que incluye en varios casos al propio Bergoglio (como en el del ex obispo de Orán Gustavo Zanchetta). El plan de “medidas” anunciado por la cúpula del Vaticano – formación de un equipo de expertos en el tema, redacción de un manual de instrucciones para obispos y promulgación de un nuevo motu proprio (documento papal) sobre protección de menores – se enmarca en esa política. Vale recordar que todas las iniciativas papales de “protocolos”, “guías” y “comisiones” de la última década concluyeron sin resultados. Por otra parte, al interior de la Iglesia, las camarillas rivales a Francisco – especialmente las facciones más ultramontanas – han utilizado las denuncias para socavar su liderazgo.

No se contempla ninguno de los principales reclamos de las víctimas, en primer lugar la obligación de trasladar todas las denuncias a la Justicia, pero tampoco la expulsión de cualquier cura que abusa de un menor, la apertura de los archivos del Vaticano (incluso cuando un asesor de Francisco reportó en la cumbre casos de destrucción de documentos) o el resarcimiento económico de quienes sufrieron vejaciones. Francesco Zanardi, presidente de Rete L’Abuso, otra de las organizaciones de víctimas, señaló que “aquí la Iglesia se está declarando víctima ella misma. Y si se considera víctima, pues que se constituya en parte querellante en los juicios contra los curas pedófilos, no que los encubran” –Zanardi sentenció lapidario que “este encuentro no fue ni siquiera un punto de partida”.

Desde las célebres revelaciones del diario Boston Globe en 2002, la creciente organización y la multiplicación de denuncias de las víctimas han puesto de manifiesto la profundidad del entramado de abusos y encubrimientos. Probados abusadores fueron no solo protegidos, sino incluso encumbrados a puestos clave del Vaticano y hasta al propio consejo de asesores de Francisco –en la previa de la cumbre, varias voces de la Iglesia advirtieron el riesgo económico que representaría para esta el desarrollo de los casos en la justicia civil.

El agravio de los abusos no tiene solución posible en los marcos de la Iglesia. El Papa, que arrancó prometiendo “medidas concretas y eficaces”, concluye la cumbre ofreciendo tranquilidad legal a los abusadores y encubridores.

 

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