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5 de mayo de 2019

Venezuela: los escenarios después del golpe fallido

El ministro del Gabinete de Seguridad Institucional Brasileño, Augusto Heleno, fue uno de los más elocuentes en la caracterización de la movida de Guaidó del 30 de abril, al definirla como “precaria” y “muy desorganizada”. Tras el fracaso de dicho alzamiento, ¿cuáles son los escenarios que se plantean en la crisis venezolana?

La carta invasora

Una de las variantes que aún no descarta Trump es la de una invasión militar. Las principales autoridades de defensa de los Estados Unidos se reunieron para discutir opciones. Esta carta es muy peligrosa debido a sus consecuencias explosivas, más aún considerando el empantanamiento yanqui en Afganistán y el retroceso en Siria. Quizás por eso, ni siquiera goza de consenso en las entrañas del aparato militar norteamericano. Algunos medios refieren una tensa reunión con puñetazos en la mesa entre el asesor John Bolton y representantes del alto mando de las Fuerzas Armadas.

Por el lado de los socios de una potencial invasión, Brasil y Colombia, también prevalecen las vacilaciones. El gobierno brasileño se ha mostrado dividido sobre el punto. Además, el Grupo de Lima descartó esta variante en una reunión.

Aun así, sigue siendo uno de los escenarios posibles. Sin llegar al extremo de una agresión militar, además, no debería descartarse una movida intimidante de tropas o buques en la región. Incluso hay quienes buscan hacer negocios con una posible invasión: Erick Prince, líder de la compañía de seguridad privada Blackwater, propuso y salió a la búsqueda de financiamiento de una fuerza invasora de 5 mil mercenarios.

Las Fuerzas Armadas

Otro escenario, que ganó mucha fuerza en la última semana, consiste en un desplazamiento de Maduro por parte de las Fuerzas Armadas. En tal sentido, la Casa Blanca hizo rodar rumores sobre contactos con tres ministros, incluyendo el de defensa, Vladimir Padrino López. El dato más importante sobre las divisiones en el aparato estatal lo constituye la complicidad de sectores del servicio de inteligencia con la liberación de Leopoldo López, que motivó el desplazamiento del jefe del Sebin.

Pero en las últimas horas, Padrino López compareció junto a Maduro y ningún referente importante de las fuerzas se plegó al alzamiento del 30. Hay fuertes lazos entre el gobierno y el alto mando. Las Fuerzas Armadas dominan empresas fundamentales. La hipótesis de un golpe militar puede abrirse paso conforme se empantanen las salidas negociadas y se agrave la crisis. El problema de una fractura más profunda en las propias fuerzas, en cambio, plantea el peligro de una guerra civil.

Salida negociada

Una tercera variante consiste en una salida negociada de Maduro. El canciller venezolano hizo después del 30 un llamado al diálogo. No está claro, sin embargo, que haya canales abiertos con la oposición. Según un artículo publicado por Clarín a fines de marzo, una negociación entre norteamericanos y rusos para una salida electoral fracasó porque los primeros vetaban la participación de Maduro en ese proceso. España y la Unión Europea, que practican una especie de golpismo encubierto, simpatizan con algún tipo de salida pactada. La Unión Europea quiere el desplazamiento de Maduro, pero no quiere que ello redunde en un fortalecimiento de Trump en la región, a sus expensas. EE.UU. y la UE han ingresado en una disputa ante la reactivación de sanciones contra Cuba que pueden afectar seriamente las inversiones del viejo continente en la isla.

¿Se refuerza Maduro?

Finalmente, la posibilidad de una recomposición política de Maduro es dudosa, a raíz de la bancarrota económica y social. Se estima que el PBI venezolano caerá un 25% este año. El congelamiento de fondos de Pdvsa y el bloqueo norteamericano a las exportaciones petroleras ha empujado a Maduro a buscar nuevos compradores. Pero la presión yanqui ha disuadido a compañías indias de la compra de petróleo venezolano. A su vez, el gobierno norteamericano ha dictado sanciones al Banco Central para restringir sus transacciones y su acceso a dólares. La producción petrolera venezolana ha caído a los 800 mil barriles diarios. En el plano interno, los inventarios de gasoil y diésel sólo tienen niveles de autonomía de 10 días (El País, 3/5). Las refinerías trabajan al 25% de su capacidad. Se plantea la amenaza de un desabastecimiento de combustibles. Es cierto que el gobierno cuenta con la posibilidad de vender a China y Rusia, pero estos sólo pagan el 20 y 30% del petróleo que reciben, el resto va al pago de la deuda (que en el caso de China asciende a los 80 mil millones de dólares).

El gobierno sobrevive, en estas condiciones, sobre la base del aparato represivo y los Clap, planes de reparto de alimentos, claves en un cuadro de hiperinflación. El salario mínimo, según algunos medios, es equivalente al costo de un kilo de carne.

Todos los escenarios mencionados aparecen condicionados a dos cuestiones esenciales. Por un lado, a los choques y negociaciones internacionales, en los que se cruzan los intereses yanquis, europeos, rusos y chinos sobre la región. Y por otro, a la intervención de las masas, capaces de desequilibrar el panorama en uno u otro sentido. La crisis venezolana realza la necesidad de construir partidos revolucionarios. El desarrollo de una salida independiente de esas masas, la evolución más positiva de la crisis, podría sepultar el golpismo y superar el nacionalismo burgués.

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