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6 de junio de 2019 | #1551

Venezuela: Guaidó se desinfla, pero la bancarrota económica no cede

El rumor sobre una retirada de personal militar ruso de Venezuela, difundido por Trump y el Wall Street Journal, pero desmentido por el gobierno de Putin, sirve -con independencia de su veracidad- para recordar que la crisis venezolana forma parte de un vasto tablero de negociaciones y confrontaciones. Cuando los norteamericanos se lanzaron a una campaña golpista y de sanciones económicas, Moscú desplegó su influencia para defender sus intereses políticos y económicos. La petrolera estatal rusa Rosneft, asociada a PDVSA, controla importantes campos petroleros en Venezuela. Los rusos también están interesados en Citgo, dado que poseen una garantía por la mitad de esta importante refinería con sede en Houston, debido a una deuda de 1.500 millones de dólares que posee el Estado venezolano con Moscú. La ejecución de dicha garantía podría verse afectada si los norteamericanos aducen motivos de seguridad nacional.

En un juego de toma y daca, Putin podría retirar finalmente su apoyo a Maduro en función de ese tablero más general, que incluye el destino de Ucrania, Siria y los gasoductos europeos (ver nota “Putin en Venezuela”, del 4 de abril).

Oslo

Entre tanto, el primer encuentro entre el gobierno venezolano y el autoproclamado presidente Juan Guaidó, con la mediación de Noruega, concluyó en Oslo sin resultados. Lo mismo cabe decir de la visita a Caracas del Grupo de Contacto, impulsado por la Unión Europea que, sin dejar de agitar una salida golpista, se acercó a la capital venezolana para alentar un “camino electoral negociado”. Lo que empantana esta variante es que Guaidó la condiciona a una renuncia previa de Maduro y a su no participación en el proceso electoral.

Guaidó ha tenido que participar de las negociaciones en Oslo a desgano, como resultado del fracaso de su plan golpista, cuyo último capítulo fue el fallido alzamiento del 30 de abril, que no logró quebrar a las Fuerzas Armadas ni movilizar a las masas. El líder golpista sabe que Maduro ha sabido aprovechar en el pasado las mesas de diálogo como un factor de dilación. Pero, de momento, no encuentra condiciones para una nueva aventura callejera.

Las dificultades para precipitar la caída de Maduro han llevado de nuevo al terreno de la negociación de una “transición ordenada”. El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, cuyo país integra el golpista Grupo de Contacto, criticó públicamente la intransigencia de Guaidó. Y se animó inclusive a criticar que la oposición boicoteara los últimos comicios presidenciales. “Si hay una llamada general a elecciones y usted no se presenta, no puede decir que fue usurpado", cuestionó (El Nacional, 30/5).

Otro revés para Guaidó ha sido que nada menos que el gobierno brasileño decidiera retirar a la representante de éste en Brasil, María Teresa Belandria, de la lista de embajadores que presentaron cartas credenciales a Jair Bolsonaro el 4 de junio (al parecer, por la presión de un sector de las Fuerzas Armadas brasileñas).

Los golpistas del Grupo de Lima y de la Unión Europea toman nota del fracaso de Guaidó. Además, en el planteo de una “salida ordenada” influye el temor a un “desenlace violento y muy peligroso para América Latina”, en palabras del canciller uruguayo (ídem).
No obstante todo esto, y en línea con el planteo de Trump acerca de que todas las cartas están sobre la mesa, la oposición venezolana ha votado -en la Asamblea Nacional- el reingreso de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que establece el compromiso de los países firmantes a reaccionar conjuntamente ante la agresión militar a alguno de sus socios, y que podría servir en el futuro como coartada para justificar una invasión imperialista.

Bancarrota económica

La debacle de Guaidó no cancela, por supuesto, el desarrollo de la bancarrota económica venezolana, que es el verdadero talón de Aquiles del régimen de Maduro. Un informe del Banco Central ha reconocido que el PBI se desplomó un 50% entre 2015 y 2018, y que el país padece una inflación astronómica. Hay quienes ven en el sinceramiento estadístico el anticipo de un pedido de préstamos a organismos multilaterales. La falta de recursos ha empujado a Maduro a vender reservas de oro para financiar las importaciones. Se estima que las reservas ascienden a 8 mil millones de dólares, el nivel más bajo en 29 años (Clarín, 19/5).

La deuda venezolana, vale recordar, asciende a 150 mil millones de dólares y buena parte de la producción de crudo se usa para cancelar deudas con China. Según un artículo del Financial Times (reproducido por El Cronista, 22/5), la oposición venezolana ha contratado a un abogado experto en deudas soberanas para estudiar un plan de reestructuración.

Este cuadro se completa con una escasez de medicamentos e incluso de combustibles, que ha llevado a un racionamiento en varios estados. La producción petrolera se ha derrumbado a menos de 500 mil barriles diarios y las refinerías trabajan a un tercio de su capacidad, con muchas de ellas paradas, en un contexto en que Venezuela debe importar el 50% de la gasolina que necesita.

El movimiento obrero

Ante el impacto de esta bancarrota sobre las masas, Maduro recurre a las fuerzas represivas, los Clap (programa alimentario) y a una regimentación extrema del movimiento obrero, sea por medio de la burocracia sindical de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST) o de un nuevo memorándum, que acentúaría la injerencia estatal en las negociaciones colectivas y tendería a un achatamiento salarial y un ataque de las conquistas obreras.

El movimiento obrero, golpeado por la magnitud de la crisis económica, viene librando algunas luchas aguerridas, pero que en general son aisladas y de características defensivas, en medio de un derrumbe en sus condiciones de vida. De estas luchas pueden destacarse el paro de los obreros de Firestone contra las suspensiones y el de los trabajadores de la Universidad de Barquisimeto, que han protagonizado tres meses de lucha por el salario.

El relativo reflujo del plan golpista de Guaidó quita un arma de extorsión a Maduro y refuerza las posibilidades de la clase obrera de salir a una lucha por sus reivindicaciones.

Abajo el golpe imperialista. Por un congreso de bases del movimiento obrero y el desarrollo de un partido revolucionario.

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