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12 de junio de 2019

Sudán: la primavera no se detiene

Millones protagonizaron una huelga de tres días tras la masacre del lunes 3.

Tras la masacre que el lunes 3 acometió el Consejo Militar de Transición (CMT) contra protagonistas de un acampe que reclamaba el paso a un gobierno civil, la respuesta del pueblo sudanés ha sido soberbia.

La “desobediencia civil” convocada por la Asociación de Profesionales Sudaneses y las demás organizaciones de la opositora Alianza por la Libertad y el Cambio  dio lugar a una huelga masiva desde el domingo 9 y por los siguientes tres días, tanto en la capital Jartum como en otras grandes ciudades del país, que contaba niveles de adhesión de un 90%, la casi parálisis del transporte público, el cierre de la mayoría de bancos, empresas y mercados y la realización de piquetes en la carretera.

Ello pese a la brutal escalada represiva y el cuadro de militarización. Por la mentada masacre se computan más de 100 muertos, aunque podrían ser muchos más, habida cuenta del operativo de encubrimiento de los victimarios, las sanguinarias Fuerzas de Apoyo Rápido (que hasta habrían tirado cuerpos en el río atados a bloques de cemento). Más manifestantes fueron asesinados los días siguientes –al menos cuatro durante la jornada del 10-; hay cerca de un millar de heridos y denuncias contra estos paramilitares por violación.

Dirigentes opositores fueron detenidos y hasta deportados a Sudán del Sur, y se cortó el servicio de internet y las telecomunicaciones para evitar la comunicación entre manifestantes, que igual se procuraron los medios para mantener viva la protesta.

Los militares se hicieron del poder en abril, luego de que una rebelión popular de meses (cuyo desencadenante fue el aumento en el precio del pan) voltease a Omar al-Bashir, dictador del país durante tres décadas. Su avanzada criminal delata, en primer lugar, a las monarquías petroleras de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos: el apoyo que expresaron al CMT en reuniones recientes es señalada como el empuje clave hacia esta avanzada represiva.

Sudán es un territorio rico en petróleo y minerales. Por ese motivo, las potencias de la región y el imperialismo están buscando incidir en la crisis.

Las direcciones de la coalición opositora –en la que predominan las fuerzas burguesas y pequeño burguesas- parecen haber vuelto a la política de diálogo con los militares, clausurada la semana pasada tras la masacre. En la tarde del martes 11 anunciaron con esos fines la suspensión de la campaña de desobediencia, que originalmente habían largado “hasta que los militares depongan el poder”, y llamaron a volver al trabajo. Ello a cambio de la liberación de los presos políticos por parte del CMT, que habrá que ver si se concreta, habida cuenta de las belicosas declaraciones de los militares.

En contraposición con ello, las masas sudanesas  han vuelto a dar muestras de una gran vigorosidad, que plantea el derrocamiento revolucionario de los militares usurpadores, la lucha por la estructuración independiente de los trabajadores y por una salida política en función de sus intereses. Por el triunfo de la nueva primavera, en Argelia y Sudán.

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