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26 de junio de 2019

Elecciones en Estambul, un nuevo golpe para Erdogan

El oficialismo perdió en todas las grandes ciudades

El opositor socialdemócrata turco, Ekrem Imamoglu, volvió a ganar las elecciones para la alcaldía de Estambul, la ciudad más grande del país, en la repetición electoral de los comicios celebrados en marzo pasado, que fueron anulados por la justicia electoral accediendo a presiones del gobierno, cuando el alcalde elegido ya llevaba 17 días al frente del gobierno municipal, tras haber triunfado sobre el candidato oficial en los comicios realizados en marzo pasado.

La victoria del líder opositor, ahora por una margen bastante mayor que en marzo (9% contra 0,2%), provocó un duro golpe al presidente Recep Tayyip Erdoğan y a su coalición política, que venían de perder la capital del país, Ankara, y otras importantes ciudades, en los comicios realizados hace tres meses. Todas ellas, al igual que Estambul, llevaban más de 25 años con el gobierno en manos del oficialista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

Las elecciones se dieron en un marco de agravamiento de la situación económica, con una inflación del 20%, el hundimiento de la lira turca y la elevada tasa de desempleo (Clarín, 24/6).

Imamoglu, candidato  por el Partido Republicano del Pueblo (CHP), que alcanzó el 54% de los 8,8 millones de votos emitidos era, “hasta este año, virtualmente desconocido en la política turca” y ahora, “se ha convertido en un símbolo de la oposición” a Erdogan (El País, Madrid, 24/6).

Las repercusiones

Un dato importante de la elección es que el socialdemócrata recibió el apoyo de los kurdos, el 20% de los votantes. El HDP, la principal formación política esa comunidad, no presentó candidato.

Las elecciones fueron convocadas en plena época de vacaciones, pero el rechazo a la política oficial se expresó en que votó casi el 85% del padrón y en que “muchos electores regresaron a Estambul desde sus lugares de vacaciones en autobús, coche, barco o avión simplemente para votar, y después siguieron su descanso. De acuerdo con datos del ministro de Sanidad, 1.550 pacientes de diversos hospitales fueron transportados en ambulancias a su pedido hasta los colegios electorales” (ídem).

Atacado con dureza durante la campaña y hasta el día anterior a la elección por el presidente, los ministros y los militantes de AKP que llegaron a intentar linchar al presidente de su partido, Imamoglu se mostró conciliador e hizo un llamamiento a Erdogan. “Estoy listo para colaborar en armonía contigo en los temas que más urgen a Estambul, como la protección contra terremotos, la construcción del metro, la situación de los refugiados”, afirmó.

En sus primeras declaraciones luego del triunfo no hizo mención alguna a uno de los temas principales que habrían volcado hacia su candidatura, los votos de un porcentaje importante del electorado: el de la pobreza, la elevada inflación, que están golpeando con una fuerza creciente a los trabajadores y a los demás sectores populares.

Otro de los temas en el que apareció como en oposición al gobierno islamista de Erdogan es el del laicismo. En este aspecto Imagoglu también se mostró cauto: no confrontó con el gobierno nacional, ni con el municipal, repudiado por la juventud por las políticas restrictivas -por el peso de la religión-, al consumo de todo tipo de bebidas alcohólicas y a la apertura de lugares de diversión nocturnos. “Miles de jóvenes se echaron a la calle, con bengalas, banderas y, sobre todo, cervezas en la mano para festejar la victoria” (ídem).

Se limitó a declarar que respetará “a todos los ciudadanos cualquiera que sea su elección política u origen étnico: turco, kurdo, circasiano, armenio o griego. Jamás atacaré el modo de vida de otros ciudadanos, sean laicos o religiosos”.

Por su parte, tanto el candidato derrotado -Binali Yildirim- como Erdogan cambiaron en pocas horas su actitud abiertamente confrontativa (acusaban al candidato opositor de golpista, pro yanqui y terrorista) y aceptaron la alternativa de trabajar juntos.

Es que “los meses de luna de miel del período electoral y el período de ofrecer promesas agradables al público (por parte de los dos partidos) ha terminado. Ahora se trata de ordenar a las partes para pagar la factura de la crisis”, dice en su balance de las elecciones el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Turquía (DIP).

Y añade que “la línea seguida por el CHP, tanto en la persona de Imamoglu como en la de su partido, no coincide con las aspiraciones y aspiraciones de las personas que los votaron”, y recuerda que el dirigente máximo del CHP dijo hace pocos días “que están listos para apoyar al oficialista AKP”, aclarando que “no actuarán de manera oportunista en el entorno de la crisis económica”.  

Según destacan los medios, Imamoglu se ha convertido en una figura política de primer nivel, capaz de hacer sombra al hasta ahora todopoderoso presidente. Las elecciones nacionales todavía están lejos –serán en el 2023 si una crisis no las acelera.

Erdogan se había fortalecido políticamente tras aplastar un intento de golpe de Estado en 2016, en el que muchos vieron detrás la mano del imperialismo. Las últimas derrotas electorales podrían ser la muestra de un cambio de signo.

En una muestra de este proceso, los dirigentes del oficialista AKP consideraban que la excesiva presencia del presidente Erdogan y sus dichos sobre las “amenazas” que se cernían sobre Turquía si ganaba la oposición contribuyeron en marzo a la derrota de la coalición gubernamental en las grandes ciudades. Con la nueva derrota en Estambul, se abre una crisis en el partido de gobierno por la paternidad de la derrota. Sectores internos apuntan a la facción de “los Pelícanos”, círculo próximo a Erdogan. A su vez, se habla de una posible escisión en el partido con importantes referentes desplazados (como el expresidente Abdulla Gül y el ex primer ministro Ahmet Davutoglu) que podría sumar hasta 30 diputados de los 291 que posee el AKP (El País, 25/6).

Por una salida de los trabajadores

Tras llegar al poder en 2002 Erdogan cosechó una serie de éxitos producto de una situación internacional favorable. Enfrentado luego a una etapa marcada por la crisis económica, fue girando a una política crecientemente derechista y reaccionara. Intentó eliminar a la disidencia y dio paso a una purga de funcionarios, jueces, militares, profesores y periodistas. En educación asestó un golpe a los valores laicos al eliminar del currículum escolar las referencias a Darwin e introducir el concepto de yihad en las clases de religión.

El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, llamó “invasoras” a las manifestantes de Estambul y aseguró que el Estado turco podía “derribarlas con las Fuerzas Armadas y policiales”.

El ministro de Interior, Süleyman Soylu, aportó su cuota en las recientes elecciones. “En los últimos días no ha dejado de repetir que, de ganar Imamoglu, “los LGBT [lesbianas, gais, bisexuales y transexuales] gobernarán la ciudad” (ídem).

Es importante que los trabajadores que enfrentan el régimen de Erdogan, un régimen antiobrero y de guerra contra la población kurda, no depositen ninguna expectativa en la oposición patronal y proimperialista. Es necesario trabajar por una alternativa política independiente. Por una salida obrera y socialista.

 

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