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5 de julio de 2019

La crisis de los refugiados y la barbarie capitalista

Bombardeos y condiciones infrahumanas de detención.

El bombardeo sobre un centro de detención de migrantes en Libia, que dejó más de 40 muertos, y las revelaciones sobre las condiciones infrahumanas de detención en la frontera entre Estados Unidos y México, volvieron a colocar en los diarios del mundo la catástrofe de los desplazados y refugiados, que en 2018 batieron un nuevo récord con casi 71 millones de personas en el mundo.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, el capitalismo erige vallas y muros en todo el planeta, empezando por el presidente del ‘mundo libre’ Donald Trump. El crecimiento de refugiados y desplazados es una consecuencia de la guerra imperialista y coincide en su magnitud con las cifras que arrojaban los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

En Estados Unidos, la visita de un grupo de legisladores a centros de detención de migrantes en la frontera dejó en evidencia una realidad espantosa. “En esos centros no hay camas, apenas bolsas de dormir que hay que poner en el suelo de cemento, las presas raramente pueden bañarse y cuando necesitan tomar agua en las calurosas celdas tienen que tomar de un inodoro, porque no hay canillas y no las dejan salir” (Página12, 3/7). Las detenidas denuncian el maltrato permanente de la Patrulla Fronteriza, algunos de cuyos guardias, además, comparten un grupo en Facebook para burlarse de los migrantes.

Un reciente informe de la Inspección General del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), por su parte, denuncia el hacinamiento y la prolongación de detenciones más allá de lo que permiten las propias leyes migratorias. Y añade un catálogo de horrores: “En tres de los cinco centros de la Patrulla Fronteriza que visitamos, los niños no tenían acceso a duchas”, en los centros “no hay ropa para cambiarse y no hay lavanderías”, y en uno de los centros “la mayoría de los adultos llevaba la misma ropa con la que llegaron días, semanas e incluso un mes antes” (El País, 3/7).

El año pasado, con el propósito de disuadir las llegadas, el gobierno norteamericano “en el lapso de apenas seis semanas, entre el 19 de abril y 6 de junio (…) había separado a unos 2.000 niños, a veces bebés, de sus progenitores o familiares adultos” (ídem, 21/6/18); la medida despertó un repudio internacional tan hondo que Trump se vio obligado a recular.

Un informe de la administración de aduana habla de una situación “al borde del colpaso” (ídem, 27/6) en la frontera. El año pasado, las caravanas migratorias que partieron desde Honduras mostraron esta crisis fronteriza, como volvió a hacerlo en estos días la foto de un salvadoreño y su bebé ahogados en el río en su intento por llegar a Estados Unidos. El imperialismo, responsable de la descomposición política y social de Centroamérica, con su apoyo a dictaduras sanguinarias y regímenes criminales, erige muros ante las consecuencias dramáticas de su política. En esta misma línea, viene presionando a México para que actúe como Estado tapón de los migrantes. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha sellado un acuerdo y ha triplicado las deportaciones, contra todas sus promesas de campaña.

Los demócratas han presentado una iniciativa en la Cámara de Representantes que apunta a limitar las condiciones más espantosas de detención, pero sostiene el financiamiento de las instituciones represivas. Por demás, el ataque a los migrantes es una política de Estado. El ex presidente Barack Obama se ganó el mote de “deportador en jefe” por las millones de expulsiones que se produjeron durante su mandato.

África

El bombardeo de un centro de detención de refugiados en Tayura, Libia, ubicada 15 kilómetros al este de la capital Tripoli, dejó más de 40 muertos a comienzos de este mes de julio. El llamado Gobierno de Unidad Nacional ha atribuido el hecho a las milicias de Jalifa Haftar, que combaten en estos días para tratar de hacerse con el control de la capital.

Durante el bombardeo, según denuncian algunos sobrevivientes, los guardias del centro fronterizo dispararon contra migrantes que intentaban huir en forma desesperada del lugar. Hace tiempo se sabe que en los hacinados centros de detención libios se practican torturas y maltratos. En total, hay 25 centros con más de 5 mil detenidos, procedentes del resto del continente. Son capturados cuando intentan cruzar el Mar Mediterráneo en dirección a Europa. A otros simplemente se los traga el mar.

La intervención imperialista de 2011 (en la que participaron EE.UU., Reino Unido, Francia, Italia, Noruega y Qatar, entre otros), en el curso de la cual cayó el dictador Khadaffi, desintegró Libia, atomizada hoy en una serie de territorios en manos de milicias rivales, apoyadas por diferentes potencias extranjeras. La Unión Europea cerró un acuerdo con el llamado Gobierno de Unidad Nacional, la facción que controla Tripoli, para que contenga el aluvión migratorio que intenta cruzar el Mediterráneo. Un acuerdo similar instituyó con Turquía. Como resultado de esos acuerdos, el flujo de arribos a Europa ha disminuido, aunque los desplazamientos no dejan de crecer. El gobierno italiano ha intensificado las políticas xenófobas, como se ve en la persecución a la capitana que llevó a ese país a 40 inmigrantes rescatados frente a las aguas de Libia.

Los 71 millones de desplazados y refugiados, que marcan un pequeño crecimiento con respecto a 2017, no dejan indemne prácticamente ninguna región del globo. Incluye millones de desplazados en Colombia y otros tantos que se van de Venezuela; los centroamericanos; los que huyen de las guerras y el hambre en el África subsahariana; las víctimas de la guerra en Siria; la minoría rohingya en Myanmar, en el Sudeste Asiático, víctima de un intento de genocidio.

Reclamamos el derecho al asilo de los refugiados. No a la xenofobia y el racismo, por la unión de trabajadores y migrantes. Abajo los centros de detención de Trump. Abajo la guerra imperialista.

Este horror sólo puede ser superado por medio de un régimen social que ponga en primer término la fraternidad entre los explotados, sin distinción de fronteras. Ese régimen es el socialismo.

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