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23 de julio de 2019

Israel rocía la Franja de Gaza con glifosato

Y destruye viviendas palestinas en Jerusalén Oriental

Desde la Operación Margen Protector, que el ejército israelí lanzó contra los palestinos de la Franja de Gaza en 2014, se incorporó lo que fue denominado como “La guerra de herbicidas” por la agencia británica Arquitectura Forense.

El Estado de Israel ha adoptado la política de fumigar con agrotóxicos altamente concentrados las zonas de la Franja linderas con el muro que la separa del territorio israelí. Ello se realiza deliberadamente cuando el viento transporta los productos químicos hacia Gaza, de manera que no afecte los campos israelíes. Según la agencia mencionada, ya se han efectuado más de 30 fumigaciones aéreas.

Esta política de destrucción de los cultivos tiene potencialmente graves consecuencias para la salud de los gazatíes, ya que entre los herbicidas se hallan importantes concentraciones de glifosato. La propia Organización Mundial de la Salud determinó que la sustancia química que utiliza el ejército sionista no está destinada a la fumigación aérea por sus efectos cancerígenos.

El fundamento por el cual Israel adoptó desde hace cinco años esta práctica infame es que “la vegetación puede ser utilizada por terroristas para ocultarse o colocar cargas explosivas” (El País, 22/7). Es una cuestión que el ejército israelí se toma muy en serio, si tenemos en cuenta que desde las grandes movilizaciones de marzo del año pasado por el derecho al retorno han sido asesinados más de 300 palestinos por disparos de francotiradores militares.

Es una política verdaderamente criminal. No solo porque efectivamente favorece las incursiones militares del sionismo, sino además porque el 80% de la población de la bloqueada Franja de Gaza depende de la ayuda alimentaria. Gaza es una zona desértica, bajo dominio total de las fuerzas israelíes que cercan todo el perímetro y la convierten así en la mayor prisión a cielo abierto del mundo, con sus dos millones de habitantes. En este cuadro se dimensiona aún más el daño que implican las fumigaciones, el cual según el Comité Internacional de la Cruz Roja afecta a poblaciones ubicadas hasta a 2 kilómetros de la zona fronteriza.

El gobierno de Benjamin Netanyahu ha recrudecido al mismo tiempo la embestida contra los palestinos que habitan incluso del lado israelí de la Línea Verde. En un poblado de Jerusalén Este llamado Wadi Humus, cerca del límite con Cisjordania, fue desplegado ayer por la madrugada un operativo de 900 militares y policías que arrasaron con 70 viviendas de familias palestinas. El pretexto, de nuevo, es que son un “riesgo” porque “pueden servir para ocultar terroristas”.

Se trata también de una política sostenida, ya que según cifras de la ONU en lo que va del año ya habían sido demolidas 141 construcciones en zonas habitadas por palestinos, un número que refleja un crecimiento respecto del año pasado. Israel ordena la destrucción de las viviendas que no reciben licencia del Ayuntamiento de Jerusalén, que nunca otorga los permisos de obra, y luego carga los costos de demolición a los allí asentados. Forma parte del hostigamiento permanente y la represión que sufren los 300.000 palestinos que viven en Jerusalén Este, los cuales representan casi un tercio de toda la población de la ciudad. Al igual que sucede con el establecimiento de colonos sionistas en los territorios ocupados, estamos ante una política de expulsión del pueblo palestino.

En conjunto, esto muestra el accionar de Israel aun cuando no monta grandes operaciones militares. Es un Estado genocida, empecinado en una limpieza étnica que, sin embargo, se ha topado siempre con la heroica resistencia palestina.

Fuera las manos sionistas-imperialistas de Gaza. Por el derecho al retorno del pueblo palestino a su tierra histórica. Por una Federación Obrera y Socialista del Medio Oriente.

 

 

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