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15 de agosto de 2019 | #1560

Abajo el bloqueo contra Venezuela

El embargo comercial y financiero dictado por Trump constituye un salto en las sanciones del imperialismo yanqui contra Venezuela, cuyo capítulo más importante había sido hasta ahora la congelación de los activos de Citgo-PDVSA en los Estados Unidos, tras la autoproclamación como presidente de Juan Guaidó.

La medida del gobierno norteamericano bloquea los activos del gobierno en Estados Unidos y plantea sanciones contra aquellos que comercien o ayuden al gobierno venezolano. Si bien no instituye sanciones al comercio en el sector privado, la medida tendría un fuerte efecto disuasivo sobre las compañías a la hora de hacer transacciones comerciales, ante el temor a represalias. Aunque los norteamericanos lo niegan, la medida de Trump obstruye la llegada de medicinas y alimentos, según la denuncia del canciller Jorge Arreaza. “Sólo es posible comprarlas a través de bancos, de transacciones, y no se puede pagar porque no se puede usar el sistema financiero internacional” (La Nación, 7/8).

Asistimos a un nuevo capítulo del golpismo criminal contra Venezuela, que empezó con el reconocimiento de Guaidó y el apoyo a sus tentativas frustradas de toma del poder. A la hora de anunciar la medida, las autoridades yanquis insistieron en que todas las opciones están sobre la mesa, en referencia a una posible invasión militar.

El tablero internacional

El bloqueo de Trump es un factor de agudización de las rivalidades interimperialistas y de los choques con China y Rusia. La Unión Europea expresó su preocupación ante la posibilidad de que las sanciones afecten los intereses de sus compañías en la zona (como Repsol, Total, Unilever y Air France). También expresaron su rechazo los gobiernos de Beijing y Moscú. Cabe señalar que la reintroducción de las sanciones económicas contra Irán, tras el abandono del acuerdo multilateral de Suiza por parte de Trump, y el reforzamiento de las sanciones contra Cuba, que en ambos casos ponen en riesgo activos europeos, ya vienen disparando las tensiones en el tablero internacional.

Pero la decisión de Trump despierta recelos incluso dentro de sus propias fronteras. Chevron y otras compañías de servicios petroleros (como Schlumberger y Halliburton) quieren seguir operando en Venezuela, donde están asociadas con el Estado, alegando además que su salida implicaría su relevo por compañías rusas. La estatal Rosneft se acaba de ver beneficiada con exenciones impositivas para dos importantes proyectos de explotación gasífera en el norte del estado de Sucre. Tiene otros importantes proyectos petroleros en la zona y es acreedora de Venezuela, una parte de cuya deuda se reembolsa a través del petróleo venezolano (lo mismo que China). Trump ha dispuesto, por ahora, una prórroga para que las petroleras yanquis puedan seguir operando hasta fines de octubre.

Un aspecto del decreto de Trump es que protege los activos confiscados de Citgo-PDVSA. Muchas compañías acreedoras de Venezuela (o firmas expropiadas) buscan resarcirse vía activos de la compañía. Recientemente, la minera canadiense Crystallex logró en la justicia norteamericana un fallo indemnizatorio por 1400 millones de dólares (apostilla: José Hernández, abogado nombrado por Guaidó para defender los intereses de Citgo, fue testigo en 2017 de la compañía en cuestión en un juicio contra el Estado, lo que ha desatado un vendaval de denuncias por conflicto de intereses y corrupción). En breve, vence un pago de 900 millones de dólares que de no ser cancelados habilitan a los tenedores a embargar la mitad de Citgo (El Nacional, 6/8).

Con las nuevas medidas de Trump, se forzaría en cambio algún tipo de renegociación. Es decir que Estados Unidos arbitra la quiebra. Cabe señalar que la congelación de activos petroleros de principios de año puede leerse no sólo como represalia contra Venezuela sino también como una medida preventiva para evitar que los rusos tomen control de la compañía, toda vez que tienen la mitad de Citgo como garantía de deuda. La cuestión venezolana, como se ve, encierra una enorme disputa de negocios.

Las fuerzas políticas

El decreto de Trump ha tenido, por supuesto, su impacto en el plano político venezolano. Maduro anunció el retiro de la delegación oficial de las negociaciones en Oslo con la oposición para esta semana.

Guaidó, en tanto, saludó el embargo contra su propio país. Aspira a reposicionarse de la mano de las nuevas provocaciones imperialistas, tras el fracaso del golpe del 30 de abril, que no logró quebrar a las fuerzas armadas. Este fracaso agrietó aún más a la oposición. “Nuestro dilema, que es mantener la oposición unida, ha demostrado ser endiabladamente difícil” (ídem, 7/6), se quejó en su momento el secretario de estado Mike Pompeo. Recientemente, el ex gobernador de Miranda y ex candidato presidencial, Henrique Capriles, se trenzó en un debate con la referente de Vente Venezuela, María Corina Machado, a la que atacó por ser demasiado “boltonista” (por John Bolton, asesor de seguridad de la Casa Blanca).

Del otro lado, algunos referentes de la oposición cuestionan la medida de Trump. “El bloqueo no genera un efecto real frente al Gobierno sino al contrario, genera cohesión” (Aporrea, 8/8), advirtió Henry Falcón, de Avanzada Progresita y ex gobernador de Lara. Falcón se presentó a las elecciones boicoteadas por el resto de la oposición y es uno de los opositores más próximos al gobierno.

Toda esta dispersión y disputas intestinas en la oposición favorecen a Maduro.

El movimiento obrero

El bloqueo de Trump agravará la enorme penuria social de las masas. El gobierno de Maduro viene aplicando en los últimos meses un plan de congelamiento del gasto público, liberación de importaciones y dolarización económica, que el Financial Times calificó como “capitalismo salvaje” (reproducido en El Cronista, 30/7), con el propósito de contrarrestar la hiperinflación. El consumo, por lo pronto, se ha derrumbado. En este contexto, el gobierno redobla la represión.

El movimiento obrero busca abrirse paso en medio de esta situación desesperante, aunque se encuentra aprisionado por una burocracia sindical que se divide entre el gobierno y Guaidó. Los trabajadores de la salud han protagonizado protestas por una indexación salarial y por insumos en los hospitales para atender a los pacientes. Grupos campesinos se movilizaron por la tierra y contra la masacre de activistas (19 en lo que va del año, 400 en los últimos veinte años). Denuncian que “se ha regularizado cierta cantidad de tierra, pero pasa que le entregan 10 hectáreas a los campesinos, pero a los latifundistas les entregan miles" (Aporrea, 7/8).

Sectores combativos del movimiento obrero (trabajadores de la Universidad Central de Venezuela, algunos referentes de petroleros, trabajadores de la alimentación) se agruparon en mayo en un espacio de coordinación llamado “Trabajadores en Lucha”, crítico de la derecha y Maduro, que reclama un plan de lucha contra el ajuste y rechaza la criminalización del movimiento obrero.

Lo apoyan grupos como Marea Socialista, Juventud Obrera Católica, la Liga de Trabajadores por el Socialismo (ligado al PTS argentino), y el Partido Socialismo y Libertad (ligado a IS de Argentina). Más allá de ser un espacio heterogéneo, expresó un punto de reagrupamiento de las luchas.

Por una campaña contra el bloqueo

Planteamos, a la luz de la situación política, la necesidad de un congreso de trabajadores. En la lucha contra el golpismo imperialista, los trabajadores venezolanos necesitan desarrollar también una alternativa política revolucionaria que permita superar el nacionalismo burgués.

Y llamamos a desarrollar una campaña continental contra el embargo a Venezuela.

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