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30 de septiembre de 2019

Haití, tres semanas sublevada contra el gobierno y el desabastecimiento de combustibles

Las nuevas declaraciones del presidente solo despertaron la bronca popular

Esta semana, la crisis hatiana se agudizó aún más y desembocó en una nueva movilización multitudinaria el pasado viernes 27. La isla continúa totalmente paralizada por la crisis de desabastecimiento de combustible. Los colegios, hospitales, comercios y pequeñas fábricas funcionan de manera intermitente desde hace cinco semanas. Este lunes se retomaban las protestas.

En ningún momento el gobierno ofrece garantías mínimas a la población. Como la comida no llega a los supermercados, pequeñas comunidades se organizan para autoabastecerse de agua potable y alimentos. Además de esto, el lunes pasado un hecho peculiar copó los medios internacionales: la imagen del senador Ralph Fethiye (perteneciente a la banca oficialista) disparando contra manifestantes, que obstruyeron, por segunda vez, la asunción del nuevo primer ministro, Fritz William Michel (elegido para el cargo por el presidente Jovenal Moïse), que está acusado de corrupción y contrabando cuando se desenvolvía como funcionario en el Ministro de Hacienda.

Moïse, luego de un largo silencio, reapareció en cadena nacional el jueves para ratificar que no dimitirá de su cargo. Allí también imploró por “una tregua del pueblo” para “convocar a un diálogo nacional”, arbitrado por la Iglesia, junto a representantes de la oposición (Resumen Latinoamericano, 26/9). Esta maniobra para disipar la bronca popular expresada en las calles ya la practicó ante las movilizaciones anteriores, cuando convocó a mesas de diálogo que luego no se concretaban.

El pueblo hizo caso omiso al planteo, demostrando la escasa legitimidad que tiene Moïse. Desde la madrugada del viernes, se pronunciaron en las calles con cese total de tareas laborales y de transportes públicos y cierre de todos los colegios y comercios. Las barricadas se propagaron en todas las ciudades, pero tuvieron su epicentro en Puerto Príncipe, donde la brutal represión policial dejó un saldo de tres muertos. Horas después, viéndose superadas en número, las fuerzas armadas desaparecieron de la manifestación. En tanto, el gobierno de la vecina República Dominicana reforzó militarmente la frontera.

Las movilizaciones exigen la renuncia inmediata de Moïse. También manifiestan a viva voz contra el aumento de la pobreza, producto de la inflación que deprecia el poder adquisitivo de salarios ya de por sí mínimos. Además, el desabastecimiento de combustibles tuvo un impacto directo en el precio de los productos básicos, aumentados hasta tres veces en algunos casos. Un descalabro para el país más pobre del continente.

Ante este panorama, Moïse anunció también que no participará de la Asamblea General de Naciones Unidas en Estados Unidos, donde se afinarán los últimos aspectos de la nueva misión de paz que operará en Haití desde el próximo 16 de octubre. La MINUJUTUSH será reemplazada por la BINUH, un nuevo nudo para la misma atadura: el objetivo menester sigue siendo la intervención imperialista en la isla para salvaguardar los intereses geopolíticos del imperialismo en el Caribe.

Que viva la lucha del pueblo haitiano.

 

 

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