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9 de noviembre de 2019

La libertad de Lula, un síntoma de la crisis de Bolsonaro

Tras diecisiete meses de prisión ‘preventiva’, sin condena firme, acusado en el Lava Jato con cargos en una trama de corrupción vinculada con Petrobras, el Tribunal Supremo de Brasil (STF) dejó en libertad a Lula. Con la prisión de Lula impidieron en ese momento, su candidatura (en una operación gestada por el alto mando del Ejército), preparando el triunfo de Jair Bolsonaro. Cabe recordar que el papel del PT ante la prisión de Lula, de la misma forma que frente a la destitución de Dilma Rousseff mediante un impeachment completamente fraudulento (un verdadero golpe de Estado), fue de una pasividad cómplice y desmoralizadora, ya que en ninguna de las dos circunstancias ni la CUT (Central Unica de Trabajadores) ni el movimiento estudiantil dirigidos por el PT quisieron derrotar este verdadero putsch derechista declarando la movilización y la huelga general.

¿Doctrina jurídica o crisis política del bolsonarismo?

La libertad de Lula ha sido presentada como el triunfo de una doctrina judicial contra otra. La libertad de Lula fue el fruto del voto de 6 jueces a favor contra 5 que se oponían. Los primeros sostenían la presunción de inocencia al señalar “que nadie será considerado culpable hasta el tránsito en juzgado de sentencia penal condenatoria” y los cinco restantes sostenían que habiendo habido una condena en primera instancia y luego confirmada por un tribunal de apelación, no se puede sostener la presunción de inocencia al llegar el caso al STF. En rigor, poco importa esto, se trata de pura cáscara.

Lo cierto es que el gobierno de Bolsonaro atraviesa una crisis en el interior de la alianza que lo llevó al poder (entre su partido -PSL-, el Poder Judicial, el alto mando militar, incluso sectores evangélicos y agroexportadores). Uno de los elementos de crisis reside en el debate abierto respecto a sus relaciones comerciales con el Mercosur y con Estados Unidos. Mientras Bolsonaro se empeña en la ruptura con este organismo a favor de un comercio preferencial con el imperialismo norteamericano (posición sostenida por su ministro de economía Paulo Guedes y por los hijos de Bolsonaro), el canciller Ernesto Araujo, el asesor para asuntos internacionales Filipe Martins, y las fuerzas armadas -que fueron las que impusieron la candidatura y el ascenso del actual mandatario-  se enfrentan a Guedes y al presidente (representantes del sector financiero) en nombre del sector industrial representados en la confederación nacional de la industria. Una razón fundamental para defender el Mercosur es que éste en 2018 absorbió exportaciones brasileñas  por 16.700 millones de dólares y la Argentina más de 12.000 millones. Es preciso enfatizar que la fracción militar industrialista está apoyada por el vicepresidente Hamilton Mourâo, ocho ministros sobre veintidós y unos 2500 hombres diseminados en cargos y asesorías de menor jerarquía.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China también ha entrado a jugar su rol en esta crisis puesto que Bolsonaro se ha colocado junto a Guedes del lado de Trump en la guerra comercial con China, cuando el gigante asiático es el principal socio comercial en el agronegocio de la soja.

La crisis descripta tiene vital importancia en un cuadro claro de guerra comercial entre las grandes potencias capitalistas, pero sobre todo de un desprestigio creciente de Bolsonaro, quien desde su ascenso a la presidencia ha visto declinar el nivel de aprobación de un 55% a casi un 30%. Lo mencionado no es una simple estadística fría: los recientes incendios en la Amazonia, como fruto de la deforestación sojera han ocasionado un repudio creciente en Brasil en cuyas grandes ciudades ha habido multitudinarias movilizaciones, en especial en Salvador de Bahía y San Pablo; la acusación de la autoría intelectual del asesinato de Marielle Franco  por parte de Bolsonaro y las grandes movilizaciones de repudio contra el gobierno, las grandes movilizaciones docentes por sus reivindicaciones y el rechazo popular contra la reforma jubilatoria -que la burocracia sindical de la CUT y el PT dejaron aprobar sin lucha- constituyen un marco de crecimiento de la oposición de masas y de creciente desenvolvimiento de la lucha popular.

El desprestigio de Bolsonaro, en un cuadro de crisis de gobierno en el que chocan los intereses sojeros y de la gran industria con las relaciones carnales con Trump, de la caída de prestigio de Bolsonaro y de su aislamiento del ejército, la libertad de Lula puede entenderse como una necesidad de la burguesía para que actúe como factor de atracción en las elecciones municipales de 2020 para llenar un vacío que su prisión impediría (cabe decir que aún no está absuelto y esto le impide ser candidato, aunque se habla de una probable reforma legal que lo autorice a hacerlo). 

Sectores importantes de la burguesía están trabajando para crear una alternativa burguesa a la vocinglería provocadora -y creciente falta de sustento- de Bolsonaro, constituyendo una alternativa de centro derecha, en torno al bloque del llamado ‘centrao’ del diputado Maia, que es quien en definitiva sostiene al gobierno en las votaciones parlamentarias. Una fuerza política equidistante de los ‘extremos’ de Bolsonaro y de Lula.

Es esencial decir que esta resolución judicial tiene lugar en el contexto de rebeliones populares en América Latina y en el mundo como fruto de los ataques sufridos por las masas en medio de la catástrofe mundial ocasionada por la crisis capitalista. En las proximidades de Brasil, se ha levantado el pueblo y los trabajadores ecuatorianos, la clase obrera y el pueblo chilenos acorralan a Piñera en una histórica rebelión popular, el pueblo haitiano ha salido a las calles, del mismo modo que el panameño y el colombiano, y también hace pocos meses ha sucedido lo propio en Puerto Rico. En este cuadro, la liberación de Lula constituye una medida política preventiva para posibilitar que lo que caracterizan como una irrupción futura de las masas brasileñas en la escena política encuentre un bloqueo en el PT, que en esta coyuntura necesita de su máximo líder. Esto, explica el reclamo de Alberto Fernández por la libertad de Lula, y como parte del rol que le cabe a él mismo de frenar y bloquear una irrupción independiente del nacionalismo burgués por parte de las masas, tanto en Argentina como en Brasil.

El PO se ha opuesto a la detención de Lula -que insistimos pavimentó el camino a la elección de Bolsonaro- y reclamó por su libertad. Pero siempre planteó la necesidad de poner en pie -potenciado por las rebeliones populares en América Latina- una dirección independiente de la clase obrera de la clase capitalista, de sus partidos y de su Estado para imponer una salida obrera y socialista en el cuadro de la unidad socialista de América Latina.

  
 

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