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5 de diciembre de 2019

Sube el Macri uruguayo

Los resultados del ballotage uruguayo arrojaron un triunfo por escaso margen de Luis Lacalle Pou, el candidato del Partido Nacional (blancos) que lidera la Coalición Multicolor (CM), derechista. El Frente Amplio (FA) realizó una elección mejor a la esperada (una diferencia de solo 1,4%) y anunció prontamente su voluntad de ser una oposición responsable.

Gobierno con la derecha… y con el Frente Amplio

Lejos de las encuestas que auguraban una elección finiquitada por una diferencia de 6 o 7 puntos, el resultado, de poco más de un punto de ventaja, revela la endeblez de la autodenominada Coalición Multicolor, que hace su debut electoral perdiendo votos sobre los obtenidos por sus diferentes partidos en la elección del 27 de octubre. La fragmentación electoral implica una dificultad de la burguesía para homogeneizar sus planteos gubernamentales, que intenta salvar con una coalición gobernante.

El resultado ajustado cuestiona la idea de una derechización de la población. Más bien, parecería indicar que el ingreso a la Coalición del grupo filo bolsonarista Cabildo Abierto, dirigido por Guido Manini Ríos, el ex Comandante en Jefe del Ejército, produjo el efecto contradictorio de sumar un caudal de votos indispensables para el triunfo de Lacalle Pou, a la vez que redujo su potencial de votantes. Así, la difusión de un video de Manini Ríos, pocos días antes de la elección, en el cual insta a que las fuerzas armadas rechacen el voto al Frente Amplio, arrogándose su representación en un tono golpista, literalmente espantó a un sector del electorado, que optó por acompañar al FA o votar en blanco.

El plan económico esbozado por Lacalle Pou contempla más beneficios al capital y un fuerte ajuste, especialmente en los rubros sociales. El nuevo gobierno ha dejado en claro que plantea “salir” de la crisis fiscal provocada por el Frente Amplio llevando hasta el final las políticas esbozadas en el último periodo: subsidios a las patronales, extensión de las industrias contaminantes, apertura económica y nuevos tratados de libre comercio, beneficios a los grandes terratenientes. Es decir, una política de ofensiva contra los trabajadores que descargue abiertamente la crisis sobre sus espaldas.

En este sentido, la aprobación de la “ley de urgente”, un plan de medidas profundamente regresivas, y del presupuesto 2020, serán el escenario propicio para un pacto entre la Coalición Multicolor y, al menos, un sector del Frente Amplio, en aras de garantizar la gobernabilidad y “cerrar la grieta”, punto en el cual coincidieron los dirigentes del FA en las últimas semanas. Esta tentativa debe ser rechazada por los trabajadores y enfrentada en las calles.

Lacalle Pou hizo de la condena a Maduro y, por lo tanto, de un alineamiento mayor con Estados Unidos, uno de sus ejes de campaña. Ahora, enviará emisarios a la cumbre del Mercosur buscando preservar un lugar en el comercio regional cuestionado por el desenvolvimiento de la crisis mundial y las pretensiones comerciales de sus vecinos. Mientras tanto, las convulsiones populares en Latinoamérica continúan haciendo su trabajo de topo.

¿Latinoamericanismo?

La remontada electoral del FA, basada en un apoyo democrático contra la derecha, en el marco de una rebelión latinoamericana, no puede esconder que es una fuerza que ha retrocedido. Contradictoriamente, esta situación, producto de años de gobernar junto al capital a pesar de mantener de palabra consignas progresistas, habilitará a que pase a un rol de oposición demagógica. Es decir, que pueda colaborar responsablemente con el nuevo gobierno a la vez que bloquea la emergencia de una izquierda verdaderamente revolucionaria. Esta tentativa del “mal menor”, recurrente en nuestro continente, muestra que el FA, como otras fuerzas del nacionalismo burgués, solo se convertirán en cadáveres a condición de que sea la clase obrera y su partido quien las entierre.

El Frente Amplio, a pesar de vestirse con un ropaje progresista, hace tiempo que abandonó cualquier atisbo de lucha. Prueba de ello fue el discurso en el búnker del candidato a presidente Daniel Martínez que, tras utilizar frases cargadas de simbolismo (“quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”), abogó por una oposición responsable y moderada frente a la derecha. Del mismo modo, las declaraciones de Mujica en foros internacionales y medios periodísticos no fueron en apoyo a la lucha y resistencia de los pueblos de Chile, Bolivia o Colombia, sino por una integración siguiendo el modelo europeo, dejando de lado las ideologías de izquierdas o derechas (Montevideo Portal 3/12).

La derrota del FA merece un balance más a fondo. Sin embargo, no puede ser el de sectores como el Partido Socialista, que reducen todo a una disputa burocrática por lugares en las listas. Tampoco, el del Partido Comunista o el del PVP (guevaristas), quienes proponen, golpeados, volver a una suerte de “FA de los orígenes”.

La izquierda revolucionaria debe aprovechar esta oportunidad para sacar un balance a fondo del Frente Amplio, que postule que es necesario romper con la burguesía, enfrentar al imperialismo y luchar por gobiernos de trabajadores. Debe partir de un rechazo a la autocomplacencia y de medidas concretas para romper la marginalidad de la izquierda.

El reverdecer de la semilla de la clase obrera uruguaya tiene aún por delante la superación del FA. Es necesario un gran reagrupamiento del clasismo sindical contra el ajuste del gobierno y las leyes anti obreras y represivas, que impulse las reivindicaciones inmediatas, con mandatos de base y asambleas, que ponga en cuestión la recuperación de las herramientas gremiales, la expulsión de la burocracia y la independencia del Estado y sus partidos. Esta tarea se enlaza directamente con la construcción de una alternativa política de los trabajadores embanderada con las luchas populares de América Latina.

 

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