fbnoscript
15 de enero de 2020 | #1579

La encrucijada de Medio Oriente

La encrucijada de Medio Oriente

El asesinato del jefe militar iraní Soleimani por parte de los Estados Unidos implicó el mayor pico de tensión de la actual crisis

Las hostilidades de la administración Trump contra el régimen iraní, que llevaron a una escalada de choques en los últimos días, incluyendo el trágico final de los 176 pasajeros del avión de Ukraine International Airlines, se inscriben en un nuevo capítulo de las pretensiones norteamericanas sobre el territorio de Medio Oriente.

La ruptura unilateral del pacto con Irán, por parte de Trump en 2018, fue tan sólo el inicio de una manifestación de las nuevas pretensiones imperialistas en la región. El restablecimiento de las sanciones económicas contra el régimen iraní -quienes habían aceptado congelar su plan de energía nuclear a cambio de una recomposición de las relaciones económicas- fue extendiendo un cerco comercial contra uno de los principales países de la región, con consecuencias devastadoras en su economía nacional y en el empobrecimiento de las masas laboriosas del país. Estas represalias se recrudecieron ante la respuesta del gobierno iraní -sabotaje de embarcaciones petroleras e instalaciones saudíes, y la afectación de los intereses norteamericanos en la región- dando como resultado los sucesos de los últimos 15 días, que estuvieron al borde de hacer estallar un desenlace bélico aún mayor en Medio Oriente.  

Guerra en Medio Oriente

Todos los noticieros abordaron el conflicto entre Estados Unidos e Irán bajo el interrogante de si estábamos ante el preludio de una nueva guerra, incluso de una Tercera Guerra Mundial. La enunciación en estos términos omite mencionar que Medio Oriente ya se encuentra atravesado por diversos conflictos armados.

Irak aparece como el teatro de los choques entre el imperialismo norteamericano y el régimen iraní -este domingo impactaron ocho misiles contra una base militar en Bagdad, donde se suponía que estaban establecidas fuerzas norteamericanas-, en el cuadro de un gobierno que colapsó luego de tres meses de movilización popular. Siria se ha convertido en objeto de diversas pendencias: el gobierno de Bashar al-Asad, Rusia e Irán contra los restos del Estado Islámico y los yihadistas; Turquía contra las milicias kurdas del norte; Israel contra las milicias de Hezbollah. El conflicto en Yemen opone a Arabia Saudita con las milicias huthíes. La guerra intercapitalista en Libia ahora suma el refuerzo de tropas a uno de los bandos por parte de Turquía.

Sólo Estados Unidos cuenta con más de 60 mil tropas en la región, de entre los que se destacan los 14.000 soldados en la extendida ocupación de Afganistán.

Negociar sobre la rendición

El asesinato del jefe militar iraní, Soleimani, por parte de los Estados Unidos, implicó el mayor pico de tensión de la actual crisis. Las medidas norteamericanas contra el régimen iraní no habían logrado hasta la fecha un sometimiento del segundo a las pretensiones del imperialismo yanqui. Desde los Estados Unidos buscan terminar con la influencia militar iraní en la zona, que Teherán cese en su apoyo a las milicias de Hezbollah -que combaten las hostilidades sionistas en la región-, y limitar la influencia rusa y china en la zona. También avanzar en mayores restricciones al desarrollo nuclear iraní. Es decir, un repliegue en toda la línea.

El reconocimiento del gobierno iraní de la autoría accidental del derribo del avión le ha permitido al imperialismo yanqui volver a cargar las tintas contra Irán. El hecho generó una conmoción en determinados sectores del país, principalmente en las clases medias y en un sector universitario que ha protagonizado algunas movilizaciones -aunque no de carácter masivo- contra el régimen iraní. Desde los medios internacionales, y los Estados Unidos, han querido vincular este proceso con las movilizaciones masivas desatadas en noviembre de 2019 contra el aumento en los combustibles: en ese entonces, los acontecimientos fueron protagonizados por el sector más empobrecido y pusieron de manifiesto las dificultades de un régimen profundamente corrupto, represivo y en crisis; estas últimas acciones estuvieron muy por detrás de ese movimiento, con consignas direccionadas únicamente contra el régimen iraní y muy en inferioridad con la movilización anti-imperialista desatada tras el asesinato de Soleimani.

Mientras Trump viene anunciando un endurecimiento de las sanciones económicas contra Teherán, su secretario de Defensa, Mark Esper, acaba de manifestar que el gobierno está dispuesto a dialogar con los líderes iraníes. Trump también pretendió colarse en la crisis iraní respaldando la movilización de los sectores que salieron a la calle. Por su parte, desde Francia, Reino Unido y Alemania presionaron al gobierno iraní para que retome los acuerdos respecto de la suspensión del programa nuclear. La “apertura al diálogo” es la tapadera del imperialismo para imponer un acuerdo en sus términos luego de doblegar al régimen iraní.

Irán se encuentra bajo la encrucijada de un régimen desgastado por las presiones del imperialismo norteamericano, y las fuerzas de la Otan, y por las tensiones internas que han sido opacadas momentáneamente por el emblocamiento de sus distintas fracciones ante la agresión extranjera. A su vez, debe lidiar con la movilización popular contra la corrupción, el desempleo y la pobreza.

El pueblo iraní, de Medio Oriente y la clase obrera mundial deben rechazar la injerencia imperialista en la región, reclamar el retiro de las tropas extranjeras y organizar una salida independiente al colapso impuesto por las potencias capitalistas y su régimen de barbarie.

En esta nota:

Compartir

Comentarios