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27 de enero de 2020

Trump: otro abusador de mujeres que rechaza el aborto

La semana pasada Trump se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en participar en una marcha contra el derecho al aborto. La marcha, autodenominada “por la vida”, se desarrolla todos los años en Washington desde que el Tribunal Supremo reconoció el derecho al aborto en 1973 en ese país a partir de la sentencia del caso Roe contra Wade.

En 2018 Mike Pence, vicepresidente y cristiano evangélico, había participado de la marcha en nombre del gobierno y había llevado el saludo de Donald Trump a través de video cámara pero esta vez, en plena campaña electoral, el presidente decidió participar personalmente confirmando, por si había dudas, que seguirá profundizando el ataque hacia los derechos de las mujeres en ese país en el próximo periodo si es reelecto.

“Los niños no nacidos nunca han tenido un defensor mayor en la Casa Blanca” fueron sus palabras entre la agresiva muchedumbre que milita cotidianamente hostigando a las mujeres que, por decisión, violación o por urgencias obstétricas deben acudir a un aborto en las pocas clínicas que funcionan para realizar esta práctica bajo la amenaza de ataque de estos activistas.     

Donald Trump durante estos cuatro años de gestión ha cumplido con los pedidos de los grupos cristianos católicos y evangélicos que lo bancan espiritual y financieramente, colocó a dos jueces ultraconservadores en el Tribunal Supremo, también nombró a numerosos nuevos magistrados antiaborto en los banquillos federales y llevó adelante medidas para cortar el financiamiento a los organismos que apoyan el derecho al aborto. Además de eso retiró los fondos a las investigaciones médicas que utilicen tejidos fetales, cumpliendo con las demandas de este movimiento reaccionario.

El ataque de Trump se reproduce en numerosos estados, donde se busca avanzar en legislaciones restrictivas.

Mujeres y trabajadores a la calle por sus derechos

El movimiento de mujeres de Estados Unidos tiene un enorme desafío por delante. Las encuestas más difundidas hablan de que un 61% de los estadounidenses están a favor del derecho al aborto en casi todos los casos, pero el intento por parte del Partido Demócrata -tan responsable como los republicanos de políticas nefastas contra los trabajadores de Estados Unidos y del mundo- de cooptar e institucionalizar al movimiento de mujeres estadounidense y la lucha por sus derechos, tiene el objetivo de encorsetar el alcance de la lucha y su unidad con los y las trabajadores, que además de sufrir el elitista sistema de salud yanqui, ve empeorar cotidianamente sus condiciones de vida.

La independencia política del movimiento de lucha y la unidad con los trabajadores es una condición sine qua non para avanzar a paso firme en los derechos de las mujeres.

 

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