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3 de febrero de 2020

Repudio internacional al acuerdo infame de Trump y Netanyahu

El infame “acuerdo del siglo” de Trump para Medio Oriente, que amplía la ocupación sionista sobre territorio palestino, ha desatado protestas en distintos lugares del mundo. Miles de personas se movilizaron en Cisjordania y la Franja de Gaza, desafiando la represión. Como represalia, el gobierno israelí reforzó el bloqueo sobre esta última y realizó ataques aéreos. También hubo protestas significativas en Jordania y Yemen y concentraciones menores en Jerusalén y otras ciudades, inclusive Nueva York.

El plan impide el retorno de la población palestina, legaliza las colonias y entrega el valle del Jordán –rico en recursos hídricos- y otros territorios palestinos a Israel. También instituye a Jerusalén como “capital indivisible” de ese Estado. En cambio, se crea un seudoestado palestino completamente militarizado, sin potestad alguna sobre su propia seguridad, entrecortado por las colonias y la presencia israelí. Dos áreas de su territorio, Gaza y Cisjordania, quedarían conectadas… ¡por un túnel! Como capital, se le asigna un barrio periférico de Jerusalén Este.

Esta provocación contra el empobrecido pueblo palestino contempla incluso una fuente de negocios para el gran capital, dado que se establece un plan de inversiones extranjeras por 50 mil millones de dólares en la región. Vale recordar que Jared Kushner, yerno de Trump y patrocinador número uno de la iniciativa, es un empresario inmobiliario.

La importancia de este plan no radica tanto en sus posibilidades de prosperar, ya que ha sido tajantemente rechazado por la Autoridad Palestina y por Hamas (que controla la Franja de Gaza), sino en que se transforma en la hoja de ruta del imperialismo y del sionismo para la zona. Recibió el apoyo del primer ministro Benjamin Netanyahu (Likud) y de la coalición Azul y Blanco de Benny Gantz, o sea, de las dos fuerzas principales del arco político israelí.

Trump venía de reconocer a Jerusalén como capital israelí y la soberanía de este país sobre las alturas del Golán.

Más que una propuesta, el planteo es una extorsión. Kushner ya ha dicho que si los palestinos no lo aceptan, las colonias se seguirán expandiendo de hecho por el territorio cisjordano.

La dinámica expansionista del sionismo tiene un carácter incendiario y ha ido inviabilizando tentativas previas de negociación, como la llamada “solución de dos estados” –que también contemplaba algún tipo de estado palestino recortado.

Repercusiones políticas

El jefe de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, anunció la ruptura de relaciones con Israel y Estados Unidos, e inclusive ha amenazado con suspender la colaboración con ellos en materia de seguridad.

Esta colaboración fue instituida en consonancia con los Acuerdos de Oslo (que en 1993 le dieron el control administrativo de algunas regiones a la AP) y sirvió como un arma contra la resistencia de las masas y las organizaciones alternativas a la dirección palestina, como Hamas. Se transformó en una herramienta para el autosostenimiento en el poder de Al Fatah. Por este motivo, muchos analistas desconfían en que se corte dicha colaboración. “Abbas corre el riesgo de cortar la rama sobre la que se ha sentado si corta totalmente los vínculos con Israel” (Palestina Libre, 3/2).

Si bien el calibre de la provocación imperialista-sionista ha obligado a la AP a un rechazo y puede producir nuevos niveles de crisis en la relación, ésta tiende a practicar una política de colaboración con la ocupación.

La Liga Árabe ha expresado su rechazo al acuerdo en una cumbre, pero después de reacciones iniciales positivas por parte de Omán, Bahrein, Emiratos Árabes y Arabia Saudita.

Presentado como “acuerdo del siglo”, el planteo tiene por lo pronto el propósito más prosaico de ayudar a Trump y Netanyahu en sus procesos electorales, que en el caso de Israel vota en marzo. Allí, el actual primer ministro busca, por medio de una agenda ultraderechista, desviar la atención de las acusaciones de corrupción en su contra.

La elección israelí busca destrabar un empantamiento político, puesto que de los dos procesos electorales últimos no surgió una mayoría de gobierno. Los más optimistas apuestan a que el “acuerdo del siglo” podría ser la base de un “gobierno de unidad” entre el Likud y el Azul y Blanco (Al Monitor, 31/1). Sería una derechización del ya derechizado mapa político israelí. Del otro lado, añadimos, podría volver a crecer la Lista Conjunta de los partidos árabes, canalizando el rechazo de la población árabe-israelí al acuerdo.

Es necesario desarrollar una campaña de acciones internacionales en repudio al plan impulsado por Trump. Por el derecho al retorno de los refugiados. Por la liberación de todos los presos políticos. Por una Palestina única, laica, libre y democrática. Por una federación socialista de los pueblos de Medio Oriente.

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