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18 de mayo de 2020

V° cumbre del Grupo de Puebla: la devaluación del progresismo

Un elenco y un programa para bloquear una intervención obrera y popular independiente

Los integrantes del Grupo de Puebla volvieron a convocarse el 15 de mayo de manera virtual. Fueron parte del encuentro Alberto Fernández, Lula, Dilma Rousseff, Rafael Correa y otros representantes menores de lo que alguna vez fuera el bloque de gobiernos o fuerzas políticas centroizquierdistas y nacionales y populares en América Latina. Como novedades, estuvieron presentes el economista asesor del gobierno argentino en materia de deuda externa, Joseph Stiglitz y el ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero. Con solo un jefe de Estado presente y sólo otro gobierno representado (México, a través de su canciller), se trató de una cumbre deslucida. Esta devaluación fue, sin embargo, antes que nada, programática.

Progresismo impostor

Lo más relevante del encuentro es que no se habló de las provocaciones del imperialismo contra Venezuela ni sobre el golpe en Bolivia. En estas condiciones, el llamado de los presentes a construir un polo mundial del progresismo para derrotar a la “derecha conservadora y neoliberal” tiene un vicio de origen, porque desconoce los dos casos más emblemáticos de agresión por parte del imperialismo y la derecha en América Latina.

Cabe señalar que la política exterior de Alberto Fernández se basa en tejer alianzas con el imperialismo para intentar obtener su apoyo en la negociación con los acreedores internacionales, hasta el punto tal que Argentina sigue siendo parte del Grupo de Lima junto con, por ejemplo, el gobierno golpista de Jeanine Añez. Esto ayuda a entender el silencio en la cumbre sobre Bolivia y Venezuela.

Durante su intervención, Fernández planteó la necesidad de avanzar hacia la “unidad de los votos” y la “solidaridad como común denominador”, puesto que “el capitalismo financiero concentró en muy pocos grandes recursos, y en muchos grandes dolores y pobreza”. Se trata de una completa estafa pues Alberto Fernández y su ministro de Hacienda, Martín Guzmán, impulsan una renegociación de la deuda con los grandes fondos de inversión que les reconoce casi la totalidad del capital adeudado. Además, omitió mencionar la eliminación de la movilidad jubilatoria, el congelamiento de las paritarias y, en este cuadro de pandemia, despidos, rebajas salariales y una reforma laboral precarizadora en los hechos. La Argentina se está transformando entonces en un país aún más desigual.

Lula y Dilma Rousseff, por su parte, dispararon todas sus municiones contra Bolsonaro y su plan de austeridad contra las masas. Pero su política es un acuerdo con otros sectores de la derecha, o sea que trabajan en la línea de un relevo político patronal. En Brasil, en cambio, lo que está planteado es echar a Bolsonaro, a su vice, Hamilton Mourao, y todo el régimen corrupto, por medio de la lucha de los trabajadores.

Recordemos que el PT ha ejercido el poder del Estado junto a elementos ultra reaccionarios y derechistas, por ejemplo, colocando como vicepresidente a José Alencar, un hombre clerical de la burguesía industrial, o al mando del Banco Central de Brasil a Henrique Meirelles, oriundo del Bank of Boston. Ni hablar que gobernó pactando con el Fondo Monetario Internacional. Respecto a Dilma, ha sido la impulsora de un ajuste monumental contra los trabajadores, congelando salarios y eximiendo al gran capital de todo tipo de impuestos.

Por su parte, Rodríguez Zapatero llamó a proceder a una transformación de los organismos multilaterales de crédito, pero también de la ONU, mediante un reparto de poder equitativo entre los países miembros. El planteo encubre que esas estructuras políticas son la expresión del orden imperialista y por lo tanto del poderío de cada burguesía nacional y sus estados respectivos. Al mismo tiempo, es un planteo hipócrita toda vez que España, bajo el gobierno de Zapatero, formó parte de las intervenciones imperialistas en Afganistán y Libia (2011). La impostura de la presencia y reivindicación en el Grupo de Puebla del actual partido de gobierno en España es total, ya que ese país es uno de los que más demoró en tomar medidas para enfrentar la pandemia con la consecuencia de decenas de miles de muertos.

El Grupo de Puebla estaría planteando también una moratoria de la deuda por un año, en sintonía con las propuestas del propio FMI dirigidas a los principales Estados acreedores de los países más pobres. En una economía mundial que se encuentra bajo la amenaza de una nueva depresión, una moratoria de un año supone el reconocimiento de esas propias deudas y actúa como una garantía para el capital financiero en crisis. El bloque progresista busca, entonces, continuar con el sometimiento político y económico del continente al imperialismo.

La necesidad de una alternativa independiente

La mentada unidad del progresismo para derrotar a la derecha se acota a un mero planteo para impedir la irrupción independiente de las masas trabajadoras y campesinas en la región, que protagonizaron a lo largo de 2019 varios levantamientos populares (Chile, Ecuador, Colombia, etc.)

Los trabajadores y campesinos de América Latina deben oponer a estos bloques una salida propia, teniendo como perspectiva la unidad socialista del subcontinente, incluyendo Puerto Rico.

La conferencia de la izquierda y el movimiento obrero convocada por el FIT-Unidad es una gran herramienta para avanzar en ese sentido.

 

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