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28 de junio de 2007 | #998

Paraguay

La lucha campesina y la candidatura del obispo Lugo

Los levantamientos campesinos amenazan al agro paraguayo con una guerra. La posibilidad de la confluencia de esos levantamientos con grandes huelgas obreras en las ciudades –como sucedió en 2002– ha transformado en un trasto histórico y político al Partido Colorado, que gobierna ese país desde 1947.

En el Paraguay, hablar del estallido del Partido Colorado es hablar de la crisis de todo un régimen de partidos, incluidos los opositores, surgido allí de la dictadura de Alfredo Stroessner (1947/1989).

De ahí que, como en Ecuador, Bolivia o Venezuela, emerja ahora una figura populista, genéricamente de centroizquierda, como la del obispo Fernando Lugo. Con una particularidad: Lugo no pretende imponerse por sobre los viejos partidos tradicionales sino recomponer el antiguo esquema mediante el traslado del eje político desde el Partido Colorado hacia el Partido Liberal, cuya estructura sustenta todo el armado que impulsa su candidatura.

Pero nada es sencillo allí.

Las ocupaciones de tierras comenzaron a desarrollarse antes de la caída de Stroessner; es más, fueron un factor de primera importancia en el derrocamiento del viejo tirano y tomaron especial fuerza entre 2002 y 2004.

El actual presidente, Nicanor Duarte Frutos, que comenzó su mandato en medio de esas convulsiones, dedicó su discurso inaugural a despotricar contra la “oligarquía” y prometió satisfacción a las demandas campesinas. Junto a él, aplaudiéndolo a rabiar, estaban Fidel Castro y Hugo Chávez. Duró poco.

A fines de 2004, después de haber reprimido con especial brutalidad a los sin tierra y de impulsar la creación de fuerzas paramilitares organizadas por los latifundistas para asesinar a dirigentes agrarios –más de 90 fueron muertos en los últimos cinco años–, Duarte Frutos dijo a un grupo de grandes terratenientes reunidos con él: “Se los vamos a traer de las orejas (a los ocupantes de tierras), y a los que tengan orejas pequeñas se los traeremos de los pelos” (La Nación, 4/12/04).

El departamento San Pedro, donde Lugo fue obispo, se constituyó en uno de los centros de la rebelión campesina y también de la represión. De ahí que, más allá de su voluntad, Lugo es producto de esa lucha.

Por eso el Vaticano y el gobierno pugnan por proscribir su candidatura. Roma aplica a rajatabla la línea esbozada por Joseph Ratzinger durante su visita a Brasil, donde el viejo militante de las juventudes hitlerianas de Alemania defendió el genocidio contra los pueblos originarios de América. Esto es: nada de populismos, la salida burguesa a la crisis política debe resultar puramente represiva.

He ahí que el Vaticano interviene empeñosamente en los intentos de proscripción, para lo cual se respalda en el hecho de que la Constitución paraguaya prohíbe a los clérigos de cualquier religión ocupar cargos electivos. Por eso, en una carta firmada por el cardenal Giovanni Battista Re, funcionario vaticano encargado de supervisar a los obispos, rechazó la renuncia de Lugo al obispado y le ordenó “permanecer en el estado clerical y seguir comprometido con sus deberes”. Ahora, las oficinas del papa amenazan a Lugo con la excomunión en caso de persistir. El episcopado paraguayo también señaló que “la candidatura de un obispo sería causa de confusión y división entre los fieles, una ofensa a los laicos”.

Entretanto, Lugo concita el 60 por ciento de adhesiones en todas las encuestas.

La buena letra

Toda una franja de la burguesía de Paraguay respalda a Lugo. “Como lo muestran las últimas encuestas, Fernando Lugo se va erigiendo, en este momento histórico singular, en una figura capaz de integrar y liderar a la oposición paraguaya en pos del objetivo de realizar finalmente el cambio de timón que el país requiere con tanta premura, y que la gran mayoría de los ciudadanos esperan y anhelan desde hace tanto tiempo” (ABC Color, 13/12/06).

Lugo se definió políticamente al explicar que sus vínculos con la embajada norteamericana son “muy cordiales y abiertos” y que así seguirán si llega a la Presidencia (The New York Times, 9/6).

Peor aun: durante la conferencia que dio en la Universidad de las Madres, cuando una residente paraguaya le pidió definiciones sobre la situación de seis campesinos compatriotas perseguidos en su país y detenidos en la Argentina al pedir asilo político, actualmente presos en el penal de Marcos Paz, Lugo declaró: “Conozco muchos de esos casos y estamos trabajando para que no sucedan más. Sabemos que el gobierno de Duarte Frutos persigue a quienes opinan diferente” (Prensa de Frente, 6/6). En principio, Duarte Frutos no persigue a los campesinos por “opinar diferente” sino por luchar por la tierra, y Kirchner colabora con la represión sin cortapisas, al punto que llega a encarcelar aquí a los perseguidos allá. Sobre ese punto, Lugo se hizo el tonto.

En cualquier caso, la de Lugo es una salida de crisis frente al estallido del Partido Colorado y de todo un régimen político. Necesariamente, la lucha obrera y campesina deberá hacer frente a su eventual gobierno como hoy hace frente al otrora “populista” Duarte Frutos.

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