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26 de septiembre de 2007 | #1011

Italia: La izquierda no puede salvar al gobierno Prodi

A pocos días de la presentación en el parlamento de la ley de presupuesto, Italia enfrenta una crisis política de fondo. Según el diario Il Manifesto (19/9), la suerte del presupuesto podría sellar el destino del gobierno centroizquierdista encabezado por Romano Prodi. Por eso, anticipa que “está cerca del ‘game over’...”. Pero ¿la burguesía italiana tiene un recambio?

“Partido demócrata”

Un factor de la crisis política es la formación del llamado “Partido Demócrata”, integrado por cinco agrupamientos del ala derecha del gobierno (ex PC, ex PS, ex demócratas cristianos). Aunque aún no tiene programa ni estatutos, el nuevo partido realizará sus elecciones internas el 14 de octubre.

El nuevo PD se presenta con las banderas del “orden” y la “seguridad”. Walter Veltroni, intendente de Roma y futuro presidente del PD, se jacta de haber expulsado de Roma a 15.000 gitanos, y ahora lanzó una campaña contra las prostitutas y los cuidadores “abusivos” de autos. Sergio Cofferati, intendente de Bolonia y ex secretario de la CGIL (la central sindical dominada por los ex PC), lanzó una campaña contra los que escriben paredes. Leonardo Dominici, el alcalde PD de Florencia, ordenó a la policía detener a los que limpian los parabrisas de los autos en los semáforos. El ministro de Interior, Giulio Amato, lanzó la iniciativa de crear un “código nacional para luchar contra la criminalidad urbana”... Según Amato, sin estas disposiciones “se corre el riesgo de ver resurgir al fascismo” (Rebelión, 7/9). Para los “demócratas” italianos, el “huevo de la serpiente” serían los limpiacoches.

Franco Giordano, secretario general del Partido de la Refundación Comunista (en reemplazo de Fausto Bertinotti, mientras éste se desempeña como presidente de la Cámara de Diputados), define al PD como “un desafío estratégico para la izquierda” (Il Manifesto, 18/9). Es que los “demócratas” podrían excluir del gobierno a la “izquierda radical” (el PRC y sus aliados) para formar una “nueva mayoría” con los “centristas” de la derecha. Pero, para ello, primero debería caer el gobierno.

Ataque a los trabajadores, crisis en los sindicatos

Uno de los pilares del presupuesto de Prodi es el aumento de la edad jubilatoria establecido en un acuerdo firmado con las burocracias de las tres centrales sindicales (CGIL, CSIL, UIL). Impúdicamente llamado “pacto de bienestar social”, eleva la edad jubilatoria y refuerza la legislación precarizadora impuesta por el gobierno de Berlusconi.

Las centrales llamaron a sus afiliados a un referéndum para ratificar el “pacto”, o sea que no basta con su sola firma. El referéndum es una extorsión porque el “pacto” está atado, en un paquete único, al aumento de las jubilaciones mínimas y otras concesiones menores. Si los trabajadores rechazan el pacto, no habrá aumento de las jubilaciones mínimas y, además, quedarían en pie las leyes de Berlusconi que también elevan la edad jubilatoria.

El pacto es masivamente impopular entre los trabajadores. El repudio al aumento de la edad jubilatoria es generalizado: el rechazo a la ley de Berlusconi que elevaba la edad de retiro fue una de las banderas electorales de Prodi. También de la burocracia que impulsa al acuerdo: en una reciente visita a la fábrica de Fiat en Mirafiori, los secretarios de las tres centrales sindicales fueron abucheados por los trabajadores, que les recriminaban su subordinación al gobierno que ataca los derechos jubilatorios.

Esta situación ha llevado a un sector de la burocracia sindical a rechazar el pacto. La Fiom, el sindicato metal-mecánico de la CGIL, el gremio más fuerte de Italia, se declaró públicamente en contra del acuerdo. La Fiom está dirigida por Gianni Rinaldini y Giorgio Cremaschi. Este último, afiliado a Refundación Comunista, dirige la “Rete 28 Aprile”, que agrupa al ala izquierda de las direcciones sindicales de la CGIL.

El rechazo de Rinaldini y Cremaschi no significa que estén empeñados en derrotar el pacto; mucho menos al gobierno, al cual apoyan. Su oposición al acuerdo es puramente declarativa: la Fiom ha dejado expresamente en claro que no va a hacer campaña por el “no” al acuerdo en las fábricas y empresas.

Esto no ha impedido que el “partido demócrata” y sus burócratas aliados salieran a un ataque frontal contra la Fiom... acusándola de buscar la caída de Prodi.

Bajo la presión de la derecha, la izquierda retrocede. La Fiom reafirmó que no hará campaña por el “no”. Refundación Comunista, con la excusa de la ‘autonomía sindical’, llamó a sus afiliados a “participar en el referéndum (...) expresando libremente con un ‘sí’ o con un ‘no’ vuestro parecer sobre el acuerdo” (Resolución de la Dirección Nacional del 18 de septiembre).

El Movimiento por un Partido Comunista de los Trabajadores ha llamando a organizar una campaña por el “no” mediante la formación de comités unitarios en todas las fábricas y empresas, y mediante la convocatoria a un congreso general de delegados elegidos en los lugares de trabajo para lanzar un plan de lucha contra la precariedad y la defensa de los derechos jubilatorios.

Siguen las maniobras

La izquierda política y sindical del gobierno convocó a una movilización “contra la precariedad”, para el 20 de octubre, diez días después del referéndum.

El PRC busca con esto ‘contrapesar’ al bloque derechista del “partido demócrata” y, al mismo tiempo, contener el rechazo obrero y juvenil y al gobierno. La Fiom, que busca lo mismo en el plano sindical, concurrirá a la movilización.

Además de una “manifestación para salvar al gobierno” (según la definición de Carlo Pallavicini, jefe comunal del PRC en Piacenza), se trata de una manifestación para salvar la participación de la “izquierda radical” en el gobierno.

La “cosa roja”

Los partidos que integran la izquierda gubernamental (Refundación Comunista, el Partido de los Comunistas Italianos, los Verdes y la Izquierda Democrática) han formado un bloque para presentar candidatos comunes en las elecciones administrativas del año próximo. Como carece todavía de nombre, la prensa lo ha bautizado “la cosa roja”.

La “cosa roja” reclama “el alineamiento del gasto social con el promedio europeo” (el 1,5% del presupuesto). A esto se reduce todo su programa.

Pero la manifestación del 20 de octubre ha puesto un interrogante sobre las posibilidades del agrupamiento. Los Verdes y la Izquierda Democrática rechazan participar en la movilización, alegando que “nace crítica con el gobierno y crítica con el acuerdo entre el gobierno y los sindicatos. La resolución de la Fiom hipoteca la naturaleza y el contenido de la movilización del 20 de octubre”. Bajo la presión de la derecha, la izquierda se resquebraja.

Crisis política

Italia asiste a una crisis de gobierno que tiene lugar en el cuadro de un masivo repudio popular al gobierno y de un creciente rechazo entre los trabajadores.

En este cuadro, asistimos a maniobras extremas del ala izquierda de la burocracia sindical y de la izquierda de la coalición para evitar una ruptura de los trabajadores con el gobierno. Este es el contenido real del rechazo de palabra por parte de la Fiom al acuerdo jubilatorio y de la movilización del PRC “contra la precariedad”. La izquierda oficial está recurriendo a los últimos recursos para sostener al gobierno, al que sigue defendiendo con uñas y dientes.

Se trata de manotazos.

La izquierda oficialista pone su máximo empeño en ahogar las tendencias autónomas de los trabajadores. Esta es la razón de su crisis: reman contra la corriente de la tendencia popular.

La crisis de la izquierda oficialista confirma el planteo estratégico con que ha nacido el Movimiento por la conformación de un Partido Comunista de los Trabajadores: la necesidad de romper con el gobierno centroizquierdista de los capitalistas y banqueros para formar un polo de oposición de clase, obrero y socialista, al gobierno de Prodi.

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