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17 de octubre de 2007 | #1014

Cartón lleno en Medio Oriente

Las fuerzas armadas de Turquía se encuentran sólidamente ancladas en la Otan, por lo cual es sorprendente que busquen iniciar una guerra contra las provincias kurdas, en el norte de Irak, contra la oposición sin atenuantes del gobierno de Bush. Varias fuentes informativas han dado a entender, por este motivo, que los despliegues de tropas y el pedido de autorización al parlamento para lanzar un ataque por parte de Turquía, no serían más que una maniobra de distracción o de presión. El ejército turco no tiene autonomía de acción; no hay que esperar que se la dé su aliado, Israel, que tampoco admite un ataque al Kurdistán iraquí. Una acción militar turca desbarataría los planes de ataque de Estados Unidos y de Israel contra Irán, para lo cual Bush espera contar con el apoyo de los kurdos de Irán y de Siria.

Los sones de guerra, sin embargo, no son mera cortinas de humo; reflejan impasses explosivos en Medio Oriente. Si el ejército de Turquía se declara afectado por los ataques de la guerrilla del PKK (kurdo) desde el norte de Irak, lo inquietan mucho más los movimientos que tienen lugar entre los kurdos que viven en Turquía, que forman la mayoría del conjunto de la población kurda distribuida entre cuatro estados de la región. En varias oportunidades el PKK se declaró dispuesto a aceptar al Estado turco en la medida que respete un conjunto de derechos para la población kurda. El gobierno turco, liderado por el partido islámico AKP, ha iniciado movimientos de apaciguamiento hacia la población kurda de Turquía, incluso una semi-alianza con el HDP, el partido ‘moderado’ de la minoría kurda. Pero no es esta la política del alto mando militar, que ve en estos sucesos una amenaza a la unidad estatal de Turquía. El ejército nunca apoyó la invasión norteamericana a Irak, precisamente porque preveía que llevaría a la consagración de un Estado semi-autónomo en el norte de Irak, que podría alentar la subversión de los kurdos en Turquía. Ahora observa que el Congreso de los Estados Unidos está por aprobar un proyecto que convertiría a Irak en un Estado confederal, lo que daría a la provincia kurda un status estatal semi-independiente. El Kurdistán iraquí posee las mayores reservas de petróleo de este país, que podrían acrecentarse si prospera un referendo para que la provincia de Kirkurk sea considerada parte de Kurdistán. Ese petróleo debe pasar por Turquía para desembocar en Ceyhan, en el mar Negro.

Una invasión, siquiera parcial, del norte de Irak por parte de Turquía le daría un golpe mortal a la ya empantanada ocupación militar norteamericana de Irak, incluso si no llega a ser mal vista por las fracciones sunnitas y shiitas que rechazan la autonomía kurda. Pero en cualquier caso sería un manotazo de ahogado, porque la cuestión kurda de Turquía no está en Irak sino en la propia Turquía. El gobierno turco cedió al pedido del ejército para que autorice una invasión al norte de Irak, para impedir un golpe de Estado. La cuestión kurda (y no las divergencias entre laicismo e islamismo) está en el corazón de la crisis turca. La nación turca no ha resuelto aún las tareas democráticas que le dejó pendiente la disolución del imperio otomano.

En este marco se produjo la declaración de una comisión del Senado norteamericano que reconoce el genocidio armenio perpetrado por las fuerzas armadas del Estado otomano en 1915. Se trata de una fuerte provocación contra el Estado turco, pero que parte del reconocimiento de que sin la neutralización del militarismo turco los planes norteamericanos en Medio Oriente pueden volar por los aires. Lo que arriesgan los congresistas norteamericanos es que, golpe de Estado mediante, Turquía acabe aliada a Irán contra las poblaciones kurdas en ambos territorios y en Siria e Irak. Condoleezza Rice advirtió a Turquía que una agresión contra el Irak kurdo podría acabar como la de los sionistas contra Hezbollah el año pasado. Pero la señora no tiene en cuenta sus propios consejos cuando se trata de planificar un ataque contra Irán.

Turquía ocupa un lugar estratégico para el imperialismo en todo lo que tiene que ver con las naciones turcómanas y caucásicas de la ex Unión Soviética, pues además de ser una enorme influencia política, es la vía de tránsito para los oleoductos que han sido trazados para esquivar el territorio de Rusia. El capital y las fuerzas armadas turcas tienen en sus manos cartas invalorables. El imperialismo norteamericano se ha metido en una verdadera mierda al ocupar Irak y desmantelar el Estado que fue creado con enorme dificultad por el nacionalismo militar iraquí, cuyo último caudillo fue Saddam Hussein.

Lo señalado hasta aquí pone de manifiesto cómo la penetración imperialista de Medio Oriente, la ocupación militar de Irak y el carácter artificial y opresivo de todos los estados de la región son incompatibles con la paz y la prosperidad de los pueblos. La vía emancipadora para las masas turcómanas, persas, árabes, kurdas y otras minorías no pasa por reestructuraciones de fronteras, reconfiguraciones estatales o de territorios, y de cualquiera de las alquimias de que es capaz la diplomacia imperialista. Es necesaria una unión de los explotados para expulsar al imperialismo con la perspectiva puesta en una federación de estados socialistas de Medio Oriente.

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