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7 de noviembre de 2007 | #1016

Crisis financiera: Cuesta abajo en la rodada

La segunda rebaja de la tasa de interés anunciada por la Reserva Federal (Fed) a mediados de semana ha durado en su efecto tan solo 24 horas, al mostrar su ineficacia para impulsar el mercado del crédito. Sí ha reforzado “una pérdida de confianza en la divisa de Estados Unidos y, dado el tamaño del déficit norteamericano, no es un riesgo que la Fed puede tomar” (Financial Times, 31/10).

Mientras tanto, el Citigroup informó pérdidas de entre 8.000 y 11.000 millones de dólares que reflejan la declinación de activos respaldados por hipotecas subprime (de alto riesgo) desde el 30 de septiembre” (The Wall Street Journal, 5/11).

Agujero negro

“Apenas hace un mes la declaración anticipada del Citi sobre el tercer trimestre esperaba mostrar pérdidas por desvalorización activos de respaldados en hipotecas subprime por 1.300 millones de dólares. Estas cifras se han incrementado ahora al menos en seis veces” (Financial Times, 4/11).

Merril Lynch había hecho una “revisión similar” de unos 8.400 millones de dólares (Wall Street Journal, 5/11). Pero la cosa recién empieza, porque “según Deutsche Bank, Merryll Lynch podría verse forzado a registrar nuevos cargos en el cuarto período, que orillarán los 10.000 millones, sólo por su exposición en el infierno subprime” (Ambito Financiero, 6/11). Las pérdidas del tercer trimestre le costaron la cabeza al capo de Merryll Lynch; las del cuarto trimestre podrían tener consecuencias peores: “pondrían en tela la propia independencia de la firma”.

Otro gran banco golpeado es el Morgan Stanley, que contabilizará pérdidas por 6.000 millones, como consecuencia de transacciones con bonos respaldados en hipotecas.

Todos los grandes bancos de Estados Unidos tienen enormes exposiciones en dichos créditos. Los de Merril Lynch, Wachovia, Deutsche Bank, JP Morgan, Barclays, UBS, Bank of America, Morgan Stanley, etc. suman unos 400.000 millones de dólares, unas tres veces la deuda externa argentina. El índice ABX, que refleja el precio de esos activos, “ha caído 80 por ciento desde el inicio del año”. O sea que se ha producido una desvalorización elevada del patrimonio de los bancos. Un informe de Financial Times dice que es esperado que los “bancos revelen más desvalorizaciones” (ídem). “Sin pecar de omisión parece claro que las cosas se espera que empeoren antes que mejoren” (ídem).

“El último trimestre también sorprendió con un gran incremento en pérdidas de las reservas de préstamos al consumo en EEUU” (Financial Times, 4/11). Lo que está reflejando una desaceleración de la demanda personal.

Los criterios de valuación de los activos (préstamos, hipotecas, etc.) “dan mucho lugar para la subjetividad", los “auditores urgen a los bancos que marquen los activos al precio de mercado que reflejan las recientes transacciones (...) La preocupación de los inversores es que los bancos estén oscureciendo el valor de los activos esperando que suban. Pero todas las señales apuntan a que los precios tienen que caer más antes que los compradores sean tentados a ingresar.” Lo que sería lo mismo decir que sólo apareció la punta del iceberg de las pérdidas y de la desvalorización de los activos (The Economist, 1/11).

El agujero negro parece tragarse todo. No hace mucho se estimaba que el total de pérdidas por la crisis hipotecaria ascendería a los 100.000 millones de dólares. La cosa ha ido mucho más lejos. “El JP Morgan salió con una cuenta que resulta amenazadora: las pérdidas totales por el ajuste de los títulos vinculados a hipotecas ascendería a 200.000 millones de dólares”, el doble de lo estimado hasta hace poco (El Cronista, 6/11).

Pero “lo peor es que hasta el momento sólo se han reconocido pérdidas por 40.000 millones” (ídem). Hay 160.000 millones que deberán declararse como perdidos en los próximos meses. El Morgan sostiene que, de esa cifra, 100.000 estarían en instituciones financieras; el resto (60.000 millones) constituye una “caja negra que nadie sabe qué tiene adentro” (ídem).

Gran Bretaña

En Gran Bretaña, el Banco de Inglaterra no ha logrado, a pesar de una inyección fenomenal de fondos, evitar el “contagio” provocado por la quiebra del banco Northern Rock. Por eso, “(otros como) Paragon, Alliance & Leices o Bradfor & Bingley, por la naturaleza similar de sus operaciones, están en la mira” (Ambito Financiero, 6/11). Mucho más importante, es la caída de las acciones del Barclays, uno de los gigantes bancarios británicos, por las dudas acerca de su capacidad para conseguir los fondos necesarios para hacer frente a sus obligaciones.

El agujero no negro no tiene tampoco fronteras.

Fracasó el plan de rescate

El anuncio hecho en octubre por los grandes bancos y el secretario del Tesoro, H. Paulson, acerca de la creación de “un fondo de unos 75.000 millones de dólares que podría adquirir activos de riesgo en el sector hipotecario y otras industrias para aliviar la presión en los mercados crediticios” (The New York Times, 14/10) fue un fiasco. En realidad era un “emprendimiento con un olorcito de auto rescate, especialmente considerando al Citigroup, quién está más expuesto que ningún otro banco al mercado de los papeles comerciales” (The Economist, 18/10).

Analistas de bancos dicen que el Citigroup, para mantener sus ratios de capital, “necesita aumentar su liquidez en 30.000 millones de dólares. Mayores pérdidas en los próximos meses podrían elevar esta cifra a 50.000 millones.

Concebido para salvar la crisis, el fracaso del “superfondo” ha creado un vacío que se manifiesta en el récord histórico de 860 dólares que alcanzó la cotización del oro y en la fenomenal caída de la bolsa del miércoles 7 de noviembre.

Cherchez la Chine

China ha estado financiando a la economía norteamericana desde 2002 (junto a Japón y los países del Golfo), de modo que es la estación terminal del derrumbe del crédito en Estados Unidos y en casi todas las economías desarrolladas. Las exportaciones chinas, a precios reducidos, crearon una deflación que neutralizó el impacto de la expansión de los créditos especulativos en los precios de consumo. El escenario ha cambiado. Por un lado, China es ahora un generador de inflación, como consecuencia de su demanda de materias primas. Pero aún más importante es la desvalorización que sufren sus activos en Estados Unidos, que forman la mayor parte de las reservas que fue acumulando, por un billón y medio de dólares. Ahora, el temor de las autoridades chinas es la caída del mercado.

“Los reguladores del mercado de acciones y los bancos temen que miles de millones de dólares en fondos podrían fugarse de las acciones locales y de las instituciones de préstamo (de Estados Unidos)” (Financial Times, 5/11).

La ruptura del nexo económico entre Estados Unidos y China, que marcó el ciclo en curso, iniciado en 2002, constituirá el momento de la verdad de toda la crisis presente, su núcleo duro.

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