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7 de noviembre de 2007 | #1016

El Arca de Zoe

El tráfico de niños, una "actividad humanitaria"

Chad, en el centro de Africa, alberga 2 millones de refugiados procedentes de las guerras tribales y la limpieza étnica en Darfour (Sudán). Esa frontera está “custodiada” por 7.000 Cascos Azules de la ONU, cuyo comandante, Maliki, está acusado ante la Justicia de genocidio contra los hutus en el Congo (1977). En noviembre, una fuerza multinacional constituida por europeos (Eurofor), dirigida por Francia, multiplicará el control militar en la región, rica en petróleo. ¿Qué mejor escenario para traficar niños? Es lo que aprovechó una organización humanitaria francesa, El Arca de Zoe, para secuestrar a 103 chicos, la mayoría menores de 5 años. Desde abril, la ONG pidió públicamente dinero para sacar “10.000 huérfanos de guerra de Darfour” en su página web y en los foros de adopción más populares de Francia y Bélgica. Recibieron donaciones que la Cancillería francesa “cifra en un millón de euros” (Le Monde, 31/10; RFI, 26/10). El Arca es una organización fantasma, dirigida por un aventurero, con domicilio falso y militantes anónimos, que se comunicó con los adoptantes vía correo electrónico (El Mundo, 4/11). La operación era ilegal: Chad y Sudán son islámicos, prohíben la adopción internacional y la noción de “huérfano” es extraña a una cultura donde los niños son responsabilidad de la familia extendida y toda la comunidad. Pero el gobierno de Sarkozy se limitó a recomendar “máxima prudencia”.

Los “humanitarios” de El Arca no fueron a Darfour sino a Chad, usando el nombre de Children Rescue. Ese ardid parece haber alcanzado para despistar tanto al gobierno francés como al de Chad. Los chadianos dicen que los “engañaron prometiéndoles construir un hospital y un refugio para niños enfermos” (El País, 3/11). El 25 de octubre, alertados por Francia, detuvieron a nueve franceses (entre ellos tres periodistas), y a la tripulación de un avión español cuando ya habían embarcado los chicos. El simulacro de evacuación sanitaria se desmoronó en el acto: los chicos no eran refugiados ni huérfanos: fueron secuestrados ofreciéndoles golosinas. No estaban enfermos: los habían vendado y empapado con yodo para simularlo. Tráfico puro y duro.

En medio de la ira popular —cientos de mujeres salieron a las calles-, el presidente de Chad, Idriss Deby Itno, acusó a los europeos de tráfico de menores con fines “impensables e inadmisibles”, entre ellos “pederastia y venta de órganos”. Dijo que serían juzgados en el país y “severamente sancionados” (AFP, 26/10). Sarkozy intentó tomar distancia y la secretaria de derechos humanos francesa, Rama Yade, calificó la operación como “clandestina e ilegal”. Pero están implicados hasta los tuétanos. “El gobierno no puso fin a una operación que conocía de antemano” y los miembros de El Arca “transportaron dos toneladas de material y viajaron a Chad en aviones del ejército francés” (Hora Digital, 6/11; El Mundo, 29/10). Párrafo aparte merecen los legisladores socialistas, que abuchearon a Yade porque “abandonaba a sus ciudadanos” y no exigía que fueran juzgados en Francia. También la prensa está plagada de artículos que tratan de justificar a la ONG como un grupo de inexpertos bienintencionados, si bien poco respetuosos de las leyes, e incluso como un intento de forzar las infames leyes contra los inmigrantes africanos de Sarkozy (www.rebelion.com). Una cosa es tirar chicos africanos al mar que llegan en pateras o quemarlos en los hoteles de inmigrantes. Otra muy distinta es que los africanos se atrevan a enjuiciar ciudadanos europeos.

Los abogados de El Arca prendieron el ventilador: “No hubo ninguna prohibición de la cancillería francesa. Tenían todas las autorizaciones requeridas y todo el mundo estaba enterado, tanto en París como en Yamena”. También se dicen víctimas de “una trampa geopolítica” porque Chad habría intentado presionar a Francia, “principal promotora del despliegue de la Eurofor”, a la que el presidente Déby se opone (La Nación, 2/11).

El incidente no puede ser más inoportuno: “Sarkozy está haciendo intensos esfuerzos para evitar que el escándalo ponga en riesgo la misión” de la Eurofor (La Nación, 3/10).

Un viaje relámpago de Sarkozy a Chad alcanzó para que el gobierno chadiano retrocediera de todas sus amenazas y el socialista Rodríguez Zapatero (España no tiene relaciones diplomáticas con Chad) quedara como un idiota a la rastra del francés. Sarkozy logró que Déby ordenara abrir los juzgados el domingo para liberar a los periodistas franceses y las azafatas españolas, que ya están en casa. También se comprometió a discutir la situación del resto de los presos. Este pacto “es una forma de acabar con un problema y evitar posibles daños colaterales sobre el inminente despliegue de las tropas (de Eurofor)”.

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