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7 de noviembre de 2007 | #1016

Chavo-trotskista se opone a boicot obrero internacional al sionismo

Prensa Obrera denunció, más de una vez, las posiciones sionistas de la tendencia The Militant, encabezada por Alan Woods. Un artículo recientemente publicado en su página web (“¿La división de Jerusalén puede resolver el conflicto israelí-palestino?”) nos obliga a volver sobre el punto.

Su autor, Luke Wilson, dice que “Israel ha existido por sesenta años, un hecho que no puede ser ignorado. A pesar de las horrorosas circunstancias bajo las cuales fue establecido (incluyendo la limpieza étnica de 750.000 palestinos), los israelíes tienen aún derecho a una identidad nacional, la cual sería violada por la simple remoción de su Estado desde el exterior”.

¿A qué Israel se refiere Wilson? ¿Al de 1948, al de 1967 o al actual, que ocupa porciones enteras del territorio de Cisjordania mediante asentamientos internacionalmente considerados ilegales? ¿Los asentamientos forman parte de la “identidad nacional” de los israelíes? ¿Y la demolición de casas y la erradicación de los olivos en tierras palestinas?

Contra lo que dice Wilson, las “horrorosas circunstancias” de la limpieza étnica de los palestinos no terminaron con el establecimiento del Estado de Israel; continúan hasta hoy. La existencia de Israel se basa en la expropiación de la tierra y la expulsión de los palestinos; Israel existe renovando cotidianamente esa expropiación y expulsión. Defender semejante existencia equivale a desconocer las aspiraciones nacionales del pueblo palestino y desconocer su derecho elemental al retorno de los refugiados.

Wilson dice que “el número de Estados es un detalle político”, que lo que realmente importa es el socialismo. ¿Pretende construir el socialismo en Israel sobre tierras expropiadas a los palestinos y con bombas nucleares que amenazan a todos los pueblos de la región?

La mención al “socialismo” le sirve a la tendencia de Alan Woods para pasar por alto la obligación más elemental de un socialista: luchar por la vigencia de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos. En el pasado, le sirvió para oponerse a la unificación de Irlanda o, tiempo después, para no apoyar a la Argentina ante la invasión de la flota inglesa que recuperó las Malvinas (a las cuales la tendencia de Alan Woods denomina... Falklands).

Wilson dice que lo que importa no es el número sino la “base económica” de los Estados, y que no habrá “solución duradera” si los Estados (uno, dos o los que fueran) son capitalistas. En estos días se cumplen noventa años de la toma del poder por los bolcheviques, que lograron conquistar a las mayorías explotadas planteando reivindicaciones tan poco “socialistas” como el reparto de la tierra o la autodeterminación de los pueblos que, como explicaba Lenin, no es otra cosa que el derecho de los pueblos oprimidos a tener su propio Estado nacional... burgués. Con el cuento de la "base económica", The Militant no lucha por la República ni en Gran Bretaña ni en España.

Boicot al boicot

En julio de 2005, casi dos centenares de organizaciones palestinas (políticas, sindicales, culturales, de derechos humanos, profesionales, representantes de palestinos de los territorios, de Israel y de la emigración) realizaron un llamado internacional para organizar un boicot a los productos e instituciones israelíes.

Poco a poco, fue tomando cuerpo una campaña internacional, a la que se han integrado importantes sindicatos como el Cosatu (la central sindical sudafricana). En Gran Bretaña, la campaña por el boicot agrupa a los más importantes sindicatos –como Unison (de empleados públicos, con 1,3 millones de afiliados), TGWU (de transportes, con 800.000 afiliados) y los sindicatos de periodistas y de profesores universitarios.

Los sionistas amenazaron a los participantes del boicot... y no sólo con acciones legales. En los sitios sionistas se ha lanzado una campaña terrorista de agresiones y amenazas contra las organizaciones que participan de la medida.

En lugar de defender a los sindicatos amenazados por los sionistas (un deber elemental de un militante obrero), la tendencia de Alan Woods hace causa común con los sionistas contra el boicot.

El boicot a Israel plantea, por primera vez en mucho tiempo, una posición política y una intervención de la clase obrera en la política internacional. Woods se opone al boicot, pero se cuida muy bien de indicar mediante qué otros métodos debería intervenir la clase obrera internacional en apoyo de las víctimas y de la nación palestina. Woods rechaza que la clase obrera intervenga en las luchas nacionales en Medio Oriente. Se trata de una posición claramente proimperialista.

Wilson dice que el boicot “empujaría a los israelíes a los brazos de sus líderes reaccionarios”.

Curiosamente, Wilson no dice lo mismo que Hugo Chávez, quien denuncia sistemáticamente al sionismo por sus crímenes contra los palestinos y mantiene una alianza con Irán. El bolivariano Chávez está cien veces a la izquierda del “socialista” Woods.

Más importante: ¿en manos de quién se echaría a la población palestina si –siguiendo los “consejos” de Alan Woods– los sindicatos repudiaran el planteo de ciento setenta organizaciones sociales, culturales y políticas palestinas? Sólo si los trabajadores y la población oprimida palestina pueden ver a la clase obrera europea e internacional como su aliado incondicional en la lucha contra la opresión nacional y contra el sionismo, tendrán posibilidades de desarrollo las tendencias clasistas y socialistas en Palestina.

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