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14 de noviembre de 2007 | #1017

Kirchner en la guerra de Bush contra Irán

La Asamblea de Interpol en Marruecos votó la orden de detención urgente (circulares rojas) de cinco ciudadanos iraníes y uno libanés, acusados por el gobierno y la Justicia argentinas de ideólogos y organizadores del atentado contra la Amia. La decisión arrancó aplausos del Congreso Judío Mundial y del gobierno norteamericano, que antes había logrado que se retirara el pedido de captura contra “las tres figuras políticas que habían sido incluidas (el ex presidente Alí Akbar Rafsanjani, el ex canciller Ali Akbar Velayati y el ex embajador Hadi Soleimanpour)”. Bush “quería evitar sentar precedentes y que un día pudieran perseguir a un ciudadano estadounidense en el exterior, como el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld” (Clarín, 8/11).

El dictamen del fiscal Nisman no ofrece pruebas contra los imputados y se basa exclusivamente en incomprobables informes de inteligencia de la CIA y el Mossad, al punto que “fuentes diplomáticas y de inteligencia estadounidenses consideraron que hubiese sido muy difícil que Interpol emitiera las llamadas circulares rojas si Estados Unidos no hubiera estado a favor y no hubiera presionado a otros gobiernos para que también votasen a favor” (Clarín, 8/11).

El gobierno kirchnerista cumplió un doble servicio a los halcones norteamericanos, no sólo contra Irán sino contra su “amigo” Hugo Chávez. Aunque “hubo en el Congreso de EEUU un lobby judío muy activo a favor del pedido de captura de los iraníes, el interés por el tema creció por el impacto que tuvo en los sectores más duros del Partido Republicano la relación del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, con el venezolano Hugo Chávez”.

El representante de Venezuela ante Interpol no participó de la Asamblea, “lo que fue interpretado como un gesto hacia la Argentina: en caso de haber estado allí, seguramente hubiera votado en favor de la posición iraní”. Brasil se abstuvo con el argumento de que “votar por la afirmativa volvería a traer sobre el tapete el papel que juega la zona de la Triple Frontera como área sensible para operaciones del terrorismo islámico” (La Nación, 8/11). El gobierno proimperialista de Lula hizo gala de una autonomía nacional que deja al desnudo el servilismo político de los “nacionales y populares” de Argentina.

“Después de un largo año de esfuerzos formales de Estados Unidos e Israel para acusar a Irán de ser un Estado patrocinador del terrorismo, buscando su aislamiento y condena internacionales, es el gobierno de Kirchner quien facilitó el triunfo de esta política al obtener las órdenes de captura pedidas por Interpol contra funcionarios iraníes, en nombre del supuesto esclarecimiento del ataque a la Amia”, señala un reciente comunicado de Apemia.

Apemia puntualiza que “suponer que este apoyo internacional a las políticas de Bush y Olmert devendrá en 'un avance' en el esclarecimiento de la causa Amia es, sencillamente, un engaño y un nuevo esfuerzo por manosear la ilusión de familiares y amigos de las víctimas”. Estafa descaradamente reconocida por el director ejecutivo del Comité Judío Americano: “Una victoria de la Argentina en Marruecos no significará necesariamente arrestos en el corto plazo, pero enviará un mensaje contundente al mundo (…) Aún si demora (otros) trece años, involucra pasos en falso, encubrimiento y comienzos inconducentes… Argentina merece apoyo absoluto… deberían seguir su ejemplo”, recomendó David Harris. La acusación contra Irán es absolutamente ajena a la voluntad de esclarecer el atentado, es la columna vertebral del disciplinamiento kirchnerista detrás de la política bélica del imperialismo.

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