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14 de noviembre de 2007 | #1017

Los pulpos petroleros desangran a Sudán

En Darfur, en el oeste de Sudán, se asiste desde hace cuatro años -a vista y paciencia de las grandes potencias- a una salvaje limpieza étnica de la población local (de etnia negra) por parte de las tropas y milicias del gobierno central en manos del árabe Partido del Congreso Nacional Islámico. La masacre ya ha provocado 200.000 muertos y el desplazamiento de 4,5 millones de personas.

La “conferencia de paz de Darfur”, que se realizó en Libia con el auspicio de la ONU y de la Unión Africana, terminó en un fracaso mayúsculo: sin la asistencia de los dos principales grupos rebeldes de Darfur, la dictadura sudanesa de Al Bashir anunció un cese del fuego unilateral que, como los anteriores, no cumplirá. El genocidio sigue mientras la “fuerza de paz” de la Unión Africana (escasa de hombres y sin recursos materiales) se limita a contar los muertos.

Al mismo tiempo, está a punto de colapsar el acuerdo de paz establecido hace dos años -bajo presión norteamericana- entre el gobierno central y los rebeldes del sur (también negros, de confesión cristiana). La guerra entre el norte y el sur costó dos millones de muertos en los últimos veinte años; según The Economist (20/10), “una quiebra del acuerdo podría hacer que la debacle de Darfur pareciera, en comparación, modesta”.

Lo que los medios presentan como guerras “étnicas” o “tribales” no es más que una disputa salvaje por las enormes riquezas petroleras de Sudán. Desde 1999, Sudán multiplicó por 30 su producción petrolera y todavía está muy lejos de su potencial. Las zonas en explotación se encuentran en el límite entre las regiones del norte y el sur; la lucha por su dominación llevó a una guerra que duró veinte años. Sin embargo, las mayores reservas petroleras se encuentran bajo el suelo de Darfur.

Contra lo que se podría imaginar en un país que sostiene una guerra civil en el oeste, enfrenta la posibilidad de una guerra civil en el sur y está sometido a sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea, “Jartum (la capital sudanesa) vive el mayor auge de la historia” (El País, 5/11). Están en construcción hoteles de lujo, edificios oficiales, puentes y complejos de oficinas, financiados por China, Libia, Turquía, Arabia Saudita y Dubai. Como dice el enviado especial del diario español, “ni las sanciones económicas ni la inestabilidad han asustado al capital”. Tampoco el genocidio.

La prensa internacional responsabiliza a China por la política genocida del gobierno sudanés y por su incumplimiento de los acuerdos de paz y cese del fuego. China es el principal socio comercial de Sudán: realizó grandes inversiones en la industria petrolera y compra el 70% de la producción sudanesa. Aunque esto es real y la burocracia china no ha movido un dedo para detener la masacre, no es el único responsable.

A pesar de las “sanciones” (absolutamente inútiles) y de las declaraciones de prensa, el gobierno de Bush considera a la dictadura sudanesa como un aliado en la “guerra contra el terrorismo”. John Prendergast, del International Crisis Group, denunció que “Estados Unidos invitó al jefe de seguridad del régimen al cuartel central de la CIA para fortalecer la relación con el hombre considerado el arquitecto de la campaña de limpieza étnica en Darfur. (Bush) le está diciendo a Jartum que mientras esté ‘con nosotros’ en la guerra contra el terror, podrá continuar lo que el propio presidente norteamericano calificó como un genocidio en Darfur” (The Philadelphia Inquirer, 14/9/06). Por esta misma razón, “Estados Unidos se ha negado a proporcionar información e inteligencia a la Corte Criminal Internacional que investiga los crímenes de guerra en Darfur” (ídem).

En la disputa entran, también, los intereses de Francia. La francesa Total está instalada en Chad (fronteriza con la región de Darfur) pero su presencia ha sido bloqueada en Sudán. Francia se apresta a enviar una fuerza militar a Chad con la excusa de permitir el acceso de las “misiones humanitarias” a Darfur. Las propias ONG que trabajan en la frontera rechazaron la presencia de tropas francesas por considerarla “contraproducente”, lo que no le impidió a Sarkozy y a su canciller Kouchner insistir con el envío de las tropas. Kouchner es un agente de Total.

Los pueblos de Sudán están siendo desangrados en la lucha de las distintas camarillas (asociadas a pulpos internacionales) por la apropiación de las reservas petroleras.

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