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6 de diciembre de 2007 | #1020

Un balance para avanzar

Con las grandes mayorías todavía ilusionadas con Chávez y la democracia burguesa

La derrotada no fue la reforma, fue Chávez el gran derrotado y con esto la política chavista. Por antonomasia, el triunfador directo no es el imperialismo sino la derecha remozada con el aire estudiantil y pequeño burgués. Un parte significativa de la mayoría tradicionalmente chavista le dio la espalda absteniéndose o hasta votando en contrario, y la fuerza numérica de la oposición de derecha retuvo sus posiciones.

¿Qué es bueno y malo de estas conclusiones? Por una parte, la propaganda anticomunista de la derecha caló en los sectores más atrasados políticamente del chavismo, siendo paradójico (o lo más triste) que el chavismo no representa en nada al comunismo. Por la otra, estos sectores atrasados sencillamente no se manifestaron porque la propuesta de reforma (¿la geometría del poder?) no respondía a sus necesidades cotidianas que están siendo golpeadas desde mucho antes. Su falta de respuesta es un pase de factura ante la incapacidad manifiesta del chavismo por atender esas necesidades mínimas. Es importante tratar de reconocer en los sectores proletarios aquellos que se abstuvieron, o votaron en contra o nulo asumiendo posiciones por la izquierda. Sabemos que no son muchos, pero manifiestan posiciones de clase que pueden ser la alternativa para la construcción de un partido auténticamente socialista y revolucionario. Con el resultado cuantitativo reflejado por el CNE se observó que hubo abstención en los sectores tradicionalmente chavistas, pero también en los tradicionalmente escuálidos y que, en el sector chavista, muchos votaron por el No.

La derecha ha salido fortalecida y pretenderá ampliar los alcances logrados, por lo que ahora más que antes debemos continuar denunciándola. Su ventaja la van a aprovechar para desestabilizar aún más el gobierno nacionalista burgués de Chávez, apoyándose en los sectores estudiantiles con que cuentan. Frente al desgaste notorio de sus dirigentes, donde hasta sus mismos partidarios le vuelven la espalda, el sector estudiantil muestra caras frescas (no contaminadas) que calzan muy bien en la alternativa naranja que promueve descaradamente el imperialismo. Estos sectores estudiantiles de derecha pretenderán cobrar su crédito político frente a los sectores más conciliadores de Primero Justicia y Nuevo Tiempo, quienes tratarán de ganarlos bajo su dirección con el fin de ser usados como ariete para concretar la retoma formal del Estado por la burguesía y el imperialismo. Un frente con las consignas por la retoma de los centros de estudiantes con los sectores progresistas y de izquierda, inclusive de los chavistas que las han abandonado políticamente, levantando las banderas de las reivindicaciones tradicionales, transporte, comedores, bibliotecas, becas, etc., deben ser llevadas hasta las universidades públicas y con clara preponderancia de la derecha. Con las universidades del chavismo se debe plantear la inmediata aplicación de la autonomía universitaria y el cogobierno paritario (docente-estudiantil-trabajadores no docentes) y superar hacia posiciones de independencia del chavismo a sus sectores estudiantiles actualmente cooptados por éste. Este accionar permitiría reducir la preponderancia de la derecha juvenil en la calle.

La derrota política de Chávez como consecuencia de hacer pasar su reforma como un plebiscito de su gobierno (o yo o Bush) retrae el accionar de las masas que se tornarán más cautelosas en sus exigencias; sin embargo, entrarán en contradicción con Chávez al mantenerse sus condiciones de precariedad ante un salario insuficiente, el aumento en la escasez de los alimentos de la cesta básica, los elevados índices de inseguridad pública y la notoria corrupción en los círculos políticos del chavismo. Sólo un giro a la izquierda por parte del propio Chávez podrá recomponer su situación a corto plazo frente a las grandes mayorías oprimidas. La derecha intentará mediar para atraerlas a su lado antes que Chávez lo haga, buscando la desestabilización del orden impuesto por Chávez (revolución naranja). El planteamiento de consignas de movilización por sus necesidades mínimas se hace prioritario. Las consignas deben llevar una carga política suficientemente clara hacia el socialismo verdadero, hacia el gobierno de los trabajadores, cuestión que se opone por el vértice con cualquier cosa que pueda ofrecerles la derecha, a pesar de su demagogia. Las consignas de la administración directa y control de los mercales, barrio adentro, o vuelvan caras por las organizaciones populares (comités de tierras, juntas comunales, asociación de vecinos, mesas técnicas, etc.) debe estar a la orden del día. La depuración de los vividores “socialistas rojo rojitos” de los organismos públicos y de dirección de gobierno, y de empresas e instituciones del Estado y hasta del PSUV, debe ser uno de los objetivos primordiales de los trabajadores, de los campesinos, de los estudiantes y de las comunidades. Como consecuencia del golpe a la llamada revolución bolivariana, los luchadores honestos deberán hacer unas purgas en quienes hasta ahora viven y disfrutan los privilegios a sus expensas. Desde las organizaciones de base de la población deben ser ellas las que identifiquen y seleccionen por maulas, ineficaces, corruptos o vividores los que deben ser sacados de los puestos de vanguardia. La justicia la debe ejercer el pueblo, caiga quien caiga.

Durante este proceso de campaña refrendaria llamamos a defender los beneficios alcanzados con la movilización y las consignas de control obrero y expropiación sin indemnización de los burgueses y patronos que intentaban dar el golpe fascista. Hoy, como vengan los nuevos intentos de la derecha, se deben continuar planteando estas consignas. Con aún mayor razón se debe plantear la fraternidad con los soldados y exigir su derecho de deliberar y escoger sus oficiales. De igual modo hay que proceder con los miembros de la reserva. La independencia de clase desde los sindicatos debe ser continuamente planteada conjuntamente con el de la construcción del partido de los trabajadores como referencia. La propaganda en los métodos de los obreros, como clase, la ocupación y expropiación sin indemnización de los bienes de los capitalistas y burgueses que esconden, acaparan o exportan los bienes de consumo diario necesarios para la población debe hacerse rutinaria.

Se torna imprescindible la publicación del programa que le llegue a la clase trabajadora. La renovación de las autoridades sindicales harto vencidas, la obligación de trabajar (con sus atenuantes) y de permanecer en sus sitios de trabajo de los delegados sindicales directos y el reclamo de una federación única de trabajadores también debe formar parte de la rutina.

Esta es la diferencia para que los explotados y oprimidos vean el socialismo como la única salida a lograr y no un anhelo para el 2021.

Como consecuencia de su derrota, Chávez, y con él el chavismo, están en un callejón sin salida ante su incapacidad de avanzar con el nacionalismo burgués. El PSUV resultó un fiasco como organización partidaria ya que más de la mitad de sus candidatos a militantes no fue a votar. Las organizaciones de izquierda que se diluyeron en él, deben estar imaginando cómo reflotarlo, en especial los grupos trostkistas que viven construyendo y desvaneciendo (cual marea que sube y baja) cuanto movimiento se les ocurre a la sombra del nacionalismo burgués y en detrimento de la independencia de clase. Esto sólo trae como consecuencia de manera terrible la desorganización militante. Los resabios de las organizaciones políticas con posiciones estalinistas (de apoyo al democratismo burgués) tienen una incapacidad innata para hacer algo con su militancia, salvo a sobrevivir del empleo como funcionarios del gobierno.

Opción Obrera se plantea ser un núcleo para avanzar hacia la organización del partido de los trabajadores. Ofrecemos nuestro programa de total independencia de clase frente a la burguesía y los burócratas y con el objetivo cierto del socialismo, el cual es posible si quien lo dirige es la clase obrera.

El problema fundamental de no poder avanzar formalmente hacia el socialismo es la consecuencia de pretender hacerlo en el marco del capitalismo y la conciliación de clases. Los nacionalismos regionales son un obstáculo en la lucha de clases para que el proletariado resulte triunfante. Unicamente bajo una Federación de Estados Socialistas de América Latina, el socialismo dentro de las fronteras nacionales propias tendrá concreción y provocará el hundimiento definitivo de los imperios.

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