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17 de enero de 2008 | #1024

COLOMBIA

Kirchner volvió, los rehenes salieron

"Presidente, estamos en este momento recibiendo a Clara y a Consuelo de un comando de las Farc". Desde un punto de la selva, entre los municipios de La Paz y Tamachipán, el ministro del Interior venezolano, Ramón Rodríguez Chacín, le comunicaba la novedad a Hugo Chávez en las primeras horas del jueves 10 de enero.
 
A dos kilómetros, sin intervenir, observaban la acción tropas del Ejército colombiano, que permitieron la entrega de la ex candidata vicepresidencial Clara Rojas y de la ex congresista Consuelo Perdomo, y se mantuvieron "quietas" mientras los dos helicópteros de la Cruz Roja aguardaban en tierra que los guerrilleros se "perdieran" en la espesura.
 
Esto es: la actitud del gobierno colombiano cambió radicalmente desde que sus soldados impidieron la liberación de las dos mujeres retenidas por las Farc en las últimas horas de 2007. El presidente Alvaro Uribe había saboteado las negociaciones a tal punto que encarceló a tres emisarios de la guerrilla que llevaban, según lo acordado, pruebas de vida de Ingrid Betancourt. Uribe había llegado al extremo de enviar a su "alto comisionado para la paz", Luis Restrepo, a decir a los garantes internacionales que no podían garantizar su vida ni la de las personas a punto de ser liberadas, lo cual significaba, ni más ni menos, que impedirían - tal como sucedió- la entrega de Rojas y Perdomo. Eso ocurrió aun antes de que se supiera que las Farc habían prometido falsamente devolver al niño Emmanuel, a quien ya no tenían en su poder.
 
¿Qué cambió para que la liberación fuera posible?
 
"Es altamente probable que la liberación de los rehenes se produzca e incluso que progresen las negociaciones para el ‘canje humanitario', pero el imperialismo aún tiene los medios para determinar sus condiciones políticas" (Altamira, J., Menos mal que no fue a Somalia, PO N° 1023).
 
En otras palabras: el Departamento de Estado y su títere colombiano consiguieron que la liberación tuviera lugar al margen del montaje creado con la presencia de Néstor Kirchner.
 
Por eso, ahora sí, dicen, la entrega de las personas retenidas por la guerrilla "podría ayudar a destrabar las estancadas negociaciones de paz entre el grupo rebelde y el gobierno colombiano" (Reuters, 10/1).
 
Esas negociaciones se han tornado necesarias para todo el mundo, en tanto la guerrilla se encuentra aislada y empantanada, y los militares han demostrado largamente que no pueden vencerla.
 
Chávez y las Farc habían organizado todo un montaje político, diplomático y mediático, unas para recuperar terreno y el otro para revertir siquiera en parte las consecuencias de su derrota en el referéndum por la reforma constitucional. También Kirchner se prestó al juego con el propósito de disipar el escándalo del "valijazo". Cuando Washington y Bogotá hubieron desarmado ese montaje e impuesto sus propias condiciones, hubo una tregua de 12 horas en las operaciones militares y la entrega de las prisioneras fue posible.
 
El caso Emmanuel
 
Todo lo acontecido en torno del hijo de Clara Rojas resultó una tragedia de enredos, en el cual el papel de las Farc resultó, por decir lo menos, más que confuso.
 
Cuando Uribe anunció, a modo de "bomba" informativa, que el niño estaba en manos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), las Farc lo desmintieron de manera terminante. En un comunicado, la guerrilla dijo: "Sólo cuando la comunidad internacional - Chávez entre ellos- le exigió si habían hecho una prueba de ADN... fue cuando procedieron a hacerlo. No antes. Ellos ya saben el resultado: allí estará la mano siniestra de los Estados Unidos. Todos los exámenes que ellos hagan demostrarán que ese niño ‘es Emmanuel'. Habrá en consecuencia dos Emmanuel. Sólo su madre sabrá cuál es el verdadero..." (Anncol, 2/1).
 
Sin embargo, cuando el resultado del examen de ADN fue ratificado por la Universidad de Santiago de Compostela, las Farc admitieron que se trataba en efecto del niño en cuestión: "A pesar del sainete del ICBF, estamos contentos. Emmanuel estará con la familia de su madre", y añadieron: "Las Farc han actuado correctamente. Tenían ubicado al niño en Bogotá, alejado de la peligrosa confrontación bélica, a la espera de un momento adecuado para su entrega", cosa que se habría frustrado porque Uribe "secuestró al niño" (Anncol, 5/1).
 
Menos creíble aún resulta la versión del gobierno. Según ellos, las Farc habrían entregado al niño a un supuesto campesino, José Crisanto Gómez, a quien atribuyeron pertenencia a las Farc. Sin embargo, ese hombre estuvo vinculado - fue incluso candidato electoral- con el partido Colombia Viva, de la derecha uribista, complicado con paramilitares y narcotraficantes. Y ahora, como Antonini Wilson en Miami, es un "testigo protegido".
 
Además, si bien en un primer momento Uribe informó que el chico estaba en el ICBF, enseguida corrigió y dijo "estaría", para confirmar la noticia poco después.
 
¿La inteligencia colombiana ignoraba el paradero de Emmanuel? Es imposible, pero todo indica que Uribe sí lo desconocía y fue informado a último momento. Como corresponde en un Estado que se sustenta en el narcotráfico, los servicios tienen allí completa autonomía y no es al gobierno, por más derechista que sea, a quien rinden cuentas. Es un Estado descompuesto, disoluto, gobernado por camarillas y bandas mafiosas.
 
En cuanto a las Farc, en el mejor de los casos, dejaron a la vista que no controlan su propia logística y llegaron al absurdo de ofrecer la libertad de alguien que ya no tenían en su poder. Peor aún, hasta es posible que lo ignoraran.
 
En cualquier caso, todo indica que al equipo guerrillero conducido por Marulanda Vélez se le han vuelto difusos sus propios objetivos políticos y aumenta su aislamiento respecto de la población explotada.
 
Por eso el derechista Uribe y el Departamento de Estado lograron salir bien parados de este atolladero. Ellos pueden estar muy interesados en "reconvertir" a las Farc como ya hicieran con el sandinismo nicaragüense o con el Farabundo Martí en El Salvador, pero mantienen la capacidad de no permitir que sean la guerrilla o Chávez quienes impongan las condiciones.
 
 

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