16/04/2015 | 1359

A 100 años del genocidio del pueblo armenio


En la madrugada de un 24 de abril de 1915, el gobierno de los Jóvenes Turcos del Imperio Otomano ordenó el secuestro y asesinato de 600 intelectuales, así como de líderes políticos y sociales armenios residentes en Estambul. Fue el comienzo del primer genocidio del siglo XX.


 


En el lapso de ocho meses, en una operación planificada hasta en sus mínimos detalles, fueron asesinados y deportados no menos de 1,2 millones en una población original estimada en no más de dos millones.


 


Estaba en desarrollo la Primera Guerra Mundial -una guerra entre potencias explotadoras por el reparto del mundo y la esclavitud de los pueblos. La Triple Entente -Inglaterra, Francia y Rusia- era vista, sin embargo, con expectativa por parte de las clases sociales de Armenia, como un bloque que las liberaría del yugo de Turquía (aliada a Alemania y a Austria).


 


La Guerra de los Balcanes


 


En 1908 se había producido, en un cuadro acelerado de descomposición del Imperio Otomano, la llamada revolución de los Jóvenes Turcos. Anidada en el cuerpo de oficiales, fue un intento tardío y fracasado de superar la condición semifeudal de Turquía. Al igual que lo que ocurría en Rusia, el ala republicana quería reestructurar la sociedad para salvar el imperio.


Lenta, pero sistemáticamente, estos pueblos se convirtieron en protagonistas de un movimiento de liberación nacional, atizados por los Estados balcánicos y por el zarismo ruso, tutelados por el imperialismo anglo-francés.


 


En 1912, una coalición de los Balcanes -Bulgaria, Serbia, Montenegro y Grecia- alentada por Rusia, declaró la guerra a Turquía. En pocas semanas ocuparon la mayor parte de la Turquía europea, lo que despertó el júbilo de todos los pueblos eslavos diseminados en la Europa Oriental. La ofensiva fue parada en seco por Austria, Hungría y Alemania, aunque Turquía debió ceder importantes posesiones y aceptar la constitución de Albania como Estado, tutelado por Austria-Hungría.


 


El genocidio


 


La Guerra de los Balcanes no cesó nunca. Simultáneamente con el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, el gobierno turco proyectó el exterminio del pueblo armenio como reaseguro frente a la beligerancia de los pueblos del Cáucaso y la injerencia rusa. La movilización militar de los adultos, ya en septiembre de 1914 partió en dos a la población armenia: quedaron sólo las mujeres, los niños y los muy ancianos. Turquía, alineada con Alemania y la Triple Alianza sufrió una nueva derrota a manos de las tropas rusas y sus fronteras quedaron amenazadas. Allí partió la orden: el 20 de abril comenzaron las masacres en las ciudades, eliminando, primero, a la población masculina y, luego, a mujeres, niños y ancianos, a través de marchas que no tenían otro destino que la muerte. Las masacres se prolongaron hasta diciembre de 1915. A partir de esa fecha dio comienzo la forzada conversión del islamismo de los sobrevivientes, acompañada de frenéticas carnicerías, que duraron hasta la capitulación de Turquía (1918).


 


El genocidio tuvo desde el respaldo explícito (Alemania) hasta la inacción y el silencio cómplice del conjunto de potencias enfrentadas y del Vaticano. Sólo Karl Liebknecht, escindido del Partido Social Demócrata Alemán y fundador luego de la Liga Espartaquista, condenó la masacre y a los asesinos.


 


La Revolución Rusa


 


La Rusia de los soviets (1917) renunció a los proyectos imperialistas del gobierno del zar, contenidos en los tratados secretos firmados con los aliados, y los hizo públicos. Lenin se pronunció en favor del derecho de autodeterminación de Armenia y el regreso de los refugiados a sus hogares. En 1919, un llamamiento a los obreros y campesinos de Turquía llamó a «expulsar a los bandidos europeos mediante la fuerza simultánea y combinada» y a sus aliados internos. El llamado «había minado la disciplina en el ejército y animado la resistencia de los armenios»1.


 


Ese mismo año se produce un giro internacional con el inicio de la guerra de independencia de Turquía contra las tropas francesas y griegas, por parte del movimiento nacionalista burgués orientado por Mustafá Kemal Atatürk. Turquía será, entonces, uno de los primeros países en reconocer a la URSS. El 29 de noviembre de 1920, un comité revolucionario alentado por el Ejército Rojo proclamó una Armenia soviética, que luego se fundiría junto a Azerbaiyán y Georgia en la Federación Transcaucásica de Repúblicas Socialistas.


 


Negación


 


El movimiento nacionalista turco se opuso, sin embargo, sistemáticamente a reconocer el genocidio armenio, a abrir los archivos del Estado y juzgar a los responsables. El movimiento nacionalista y el propio Estado estaban infestados de personajes implicados en la masacre. En este punto, el genocidio de los armenios fue una pieza constitutiva del Estado turco moderno. La negación del genocidio tuvo el respaldo de las potencias imperialistas y de la burocracia estalinista. En 1965 hubo un estallido popular en Armenia en el aniversario del genocidio, exigiendo el juicio y castigo, una bandera abandonada por el propio Estado armenio.


 


Europa hoy le reclama a Turquía el reconocimiento del genocidio como condición para ingresar a la Unión Europea, lo que de todos modos es una mascarada.


 


 


 


 


1. Carr, E. H.: «La Revolución Bolchevique», Alianza, Madrid, 1985.

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