22/05/2003 | 801

Al Qaeda y el desmoronamiento de Arabia Saudita

El atentado terrorista ocurrido en Ryhad, capital de Arabia Saudita, en las horas previas a la llegada del canciller norteamericano Colin Powell, fue atribuido a Al Qaeda. Nunca antes, en su trayectoria, esta organización dirigida, integrada y financiada por saudíes había atacado en el territorio del reino.


Por primera vez, Al Qaeda desafía directamente a la monarquía de Arabia Saudita. Pero «los que actuaron – advierte el director del periódico saudita Arab News – tuvieron protección de muy arriba» (Corriere Della Sera, 14/5).


Todo esto alcanza para caracterizar los atentados como una manifestación del agravamiento de la crisis política saudita y de los enfrentamientos en el seno de la propia familia gobernante. Toda un ala de la familia real plantea romper los acuerdos políticos, económicos y militares que mantiene Arabia Saudita con Estados Unidos desde hace medio siglo; Bin Laden encabeza el sector más extremo de esta tendencia.


La ocupación militar norteamericana de Irak agravó inmediatamente la crisis en Arabia Saudita. El anuncio del retiro de las tropas norteamericanas, ahora desplazadas a bases en Irak y Qatar, dejó «desprotegida» al ala pro-norteamericana.


Con la ocupación de Irak, los norteamericanos han ganado un arma decisiva para forzar las «reformas» que reclaman: el desplazamiento del ala anti-norteamericana y, en particular, la liquidación de la influencia de los religiosos (antinorteamericanos) en la educación y en la vida social. Con el control del petróleo iraquí, los norteamericanos podrán manejar el precio internacional del crudo y, en consecuencia, los ingresos petroleros del reino. El objetivo estratégico de las «reformas» que persiguen los norteamericanos es quebrar la resistencia de la familia real a la privatización de las enormes riquezas petroleras y gasíferas sauditas.


La crisis política de la casa real saudita y las presiones norteamericanas por una «reforma» se desarrollan en el cuadro de una completa impasse económica del régimen, que pese a los enormes ingresos petroleros no ha podido impedir el sistemático crecimiento de la desocupación y la caída del ingreso promedio en un 60% en las últimas dos décadas. La impasse económica, el retroceso de las condiciones de vida y la opresión de un régimen semiclerical que regimenta brutalmente a la juventud y que reprime todas las formas de expresión, son la base del creciente descontento y «antinorteamericanismo» que reina en las calles de Arabia Saudita.


El orden no reina en Medio Oriente. La ocupación de Irak es un factor de desestabilización de todos los regímenes de la región, de nuevas crisis y convulsiones. La crisis de Arabia Saudita apenas está en sus inicios.