21/02/2020

Alemania: el atentado neonazi y la crisis política

Los once muertos que dejaron los tiroteos de un atacante xenófobo en dos bares de Hanau, cerca de Fráncfort, reabrieron el debate sobre las agresiones ultraderechistas en Alemania. En octubre pasado, un agresor había matado ya a dos personas en una sinagoga, y pocos meses antes un referente político de la democracia cristiana fue asesinado en el estado de Hesse. En el caso que nos ocupa, el autor de los crímenes dejó para la posteridad un manifiesto en que llama a “aniquilar” una serie de pueblos africanos y asiáticos.


El repudio a esta clase de crímenes y a las bandas ultraderechistas ha desatado movilizaciones populares en los últimos tiempos. En septiembre de 2018, decenas de miles de personas se movilizaron en Chemnitz contra los grupos que se habían organizado para la caza de migrantes. Estas bandas son incentivadas por sectores de Alternativa por Alemania (AfD), el grupo neonazi de fulgurante ascenso político en el país: ingresó por primera vez al parlamento nacional en la última elección al obtener más del 12% de los votos y viene de lograr una serie de progresos electorales en las elecciones regionales del este del país (Sajonia, Brandenburgo, Turingia), es decir la zona que padece un mayor desempleo, salarios más bajos e índices más altos de pobreza. AfD capitaliza el malestar de franjas populares con las políticas de ajuste, combinándolo con un discurso de odio contra los migrantes.


La canciller Angela Merkel, de la democracia cristiana (CDU), es una de las que se mostró más compungida por el nuevo crimen de odio. El vicecanciller, Olaf Scholz, declaró por su parte que “nuestros debates políticos no pueden obviar el hecho de que hay terrorismo de ultraderecha en Alemania 75 años después de la dictadura nazi. Tenemos que defender nuestra democracia liberal”.


Pero hay una profunda hipocresía en estas declaraciones. El caldo de cultivo del desarrollo de la agitación ultraderechista se encuentra en la propia política oficial, que frente a la catástrofe migratoria en el Mediterráneo y la llegada de migrantes al país se dedicó a instituir cupos y crear un clima de alarma y persecución. Merkel es presentada muchas veces como una figura “centrista”, pero ha designado en su gabinete a connotados miembros del ala “dura” de su partido, como el ministro de sanidad Jens Spahn. En tanto, la CSU, o sea los conservadores de Baviera, socios de la CDU, se dedicó en su última campaña electoral regional a copiar el discurso de la AfD –sin lograr de todos modos evitar un fuerte retroceso.


El cuadro político


Alemania se encuentra gobernada actualmente por una coalición entre la CDU (incluyendo a los conservadores bávaros) y la socialdemocracia. Ambos partidos sufrieron una importante caída en las últimas elecciones europeas y generales, que capitalizaron los neonazis y liberales, y en menor medida los verdes y la izquierda (Die Linke). Los dos partidos tradicionales vienen siendo golpeados también en las elecciones regionales.


La debacle de los dos partidos históricos se verifica también en el estado de Turingia, donde las recientes elecciones desataron una tormenta política. Allí crecieron los dos extremos del tablero, es decir los nazis (que quedaron segundos) y la izquierda (Die Linke, que fue la ganadora). El cuadro es aún más notorio si se considera que el sector del AfD que ganó en este estado es el ala derecha de su propio partido -lo que es decir. La CDU quedó tercera, en tanto que la socialdemocracia se hundió hasta el 8% de los votos.


Tras las elecciones de Turingia, la CDU regional promovió un acuerdo con los neonazis y el partido liberal que votó como titular del gobierno a una figura de este pequeño partido, rompiendo por primera vez el llamado “cordón sanitario” por el que los partidos “democráticos” no deberían forjar alianzas con la extrema derecha. Este acuerdo pretendía bloquear la repetición de una coalición entre Die Linke (grupo aliado de Syriza y Podemos), la socialdemocracia y los verdes.


Así se precipitó una aguda crisis política. Annegret Kramp-Karrenbauer, la titular de la democracia cristiana, ligada a Merkel, que se oponía a votar junto al AfD, anunció su renuncia a término al partido debido a que quedó políticamente desautorizada. Merkel llamó a deshacer la coalición y también se generó una crisis en el partido liberal. Como resultado, el gobernante electo renunció 24 horas después de su coronación. Hoy la provincia se encuentra en una situación conflictiva y probablemente las elecciones se repitan. En el medio, se han producido movilizaciones antiderechistas.


La crisis en la CDU traduce la deliberación en la burguesía alemana respecto a los métodos y orientaciones para hacer frente a la crisis, en medio del desarrollo de tendencias a la radicalización política. Por ahora, la fracción de Merkel (que es mayoritaria), “europeísta” y “democrática”, privilegia los acuerdos de “centro” con la socialdemocracia.


Con la renuncia de Kramp-Karrenbauer, se reabre el debate sobre la conducción en la CDU. Para desafiar a Merkel se presentaría Friedrich Merz, un ex integrante del fondo de inversión Black Rock, representativo del ala derecha del partido, que en el último congreso quedó cerca de la delfín de la canciller.  En la socialdemocracia, en tanto, después de su desastre electoral, asumió la conducción un sector discursivamente más “izquierdista”, en un intento desesperado por evitar mayores deserciones en el partido.


Die Linke no juega un rol dinámico en la situación política, de movilización de las masas contra la derecha y el ajuste, sino que busca componendas con el desgastado partido socialdemócrata. Y es vulnerable a todo tipo de presiones políticas, incluyendo el discurso anti-migrante. Una de sus dirigentes, Sahra Wagenknecht, se opuso a la consigna de “fronteras abiertas” planteada en algunas movilizaciones argumentando que "cuando hablamos de fronteras abiertas para todos, es una exigencia que la mayoría de la gente encuentra irreal y completamente ajena al mundo, y tienen razón al respecto".


La derrota de las bandas derechistas requiere del frente único de las organizaciones obreras y populares. Frente al régimen de ajuste de Merkel y la socialdemocracia, cabeza de la Unión Europea imperialista, es importante el desarrollo de una fuerza política revolucionaria que plantee la unidad socialista de Europa.

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