07/11/2020

Aplastar las maniobras golpistas de los trumpistas bolivianos

Luis Camacho

Pese a las maniobras e intimidaciones represivas de todo tipo el resultado de las elecciones del 18 de octubre pasado fue terminante: Arce del MAS se impuso, en forma plebiscitaria, por el 55,10%, contra el derechista Mesa (CC) que obtuvo 28,81% y el fascistoide Camacho (Creemos) que apenas llegó al 14%.

Con resignación la presidenta golpista Áñez, después de algunas demoras y remilgos en presentar los resultados electorales, tuvo que reconocer el triunfo del MAS. Y así sucedió con todo el cuadro político patronal, derechista e imperialista (OEA, Unión Europea, EE.UU., etc.).

Recién 48 horas después lo reconoció el excandidato presidencial, el perdidoso Camacho, líder fascistoide de Santa Cruz.

Pero… a los pocos días se fue produciendo un giro político en la derecha. Camacho impulsó un Cabildo Abierto con la presencia de centenares de derechistas, en su fuerte de Santa Cruz y desde allí convocó a una movilización nacional… contra el fraude.

El primer intento de seguir este llamado lo hizo Pumari, quien fue candidato a vicepresidente en la lista de Camacho. Convocó a un Cabildo en la plaza central de Potosí, “baluarte” de su accionar político. Pero terminó en un fiasco. Rodeado de un grupo de matoncitos fachos, fue abucheado por centenares, recibió huevazos y tomatazos a granel y tuvo que ser salvado de la bronca popular por la intervención de la policía del ministro Murillo.

Pero el accionar de Camacho se fue extendiendo. Un nuevo “cabildo” frente al Cristo Redentor en Santa Cruz (único Departamento donde ganó electoralmente) reunió a miles. Y paso directamente a la acción directa: se instalaron “vigilias” frente al Departamento de Policía y al octavo regimiento del Ejército. Piden la intervención de las Fuerzas Armadas para enfrentar un fraude informático, plagado de “hackeos”, dobles padrones, etc. Reclaman una auditoría judicial y que se impida la toma del poder por Arce este domingo 8 de noviembre

Este accionar de la derecha fascistizante en Santa Cruz se repite con menor eco en Cochabamba (vigilias frente a destacamentos policiales y militares, bloqueos de calles céntricas, etc.), Tarija, La Paz, etc. La derecha fascistoide no encuentra el miso eco en sectores de la clase media que logró en noviembre del 2019 cuando fue impulsora del golpe de Estado, que derribó a Evo Morales. Igual que en aquella oportunidad presiona sobre los mandos militares que terminaron consumando el golpe, reprimiendo al pueblo movilizado (Sacaba, Senkata, etc.).

Dos tercios o mayoría

El triunfo plebiscitario del MAS le dio mayoría absoluta en las dos cámaras parlamentarias. Pero, por muy poco, no tiene los dos tercios que se reclaman para votaciones especiales. Entre ellas: el nombramiento y/o desplazamiento de jefes policiales y militares, constitución de comisiones especiales de investigación, etc. Este criterio de dos tercios surge de resoluciones reglamentarias tomadas por el propio Congreso. En la última sesión del parlamento que se retira (el martes 2 de noviembre ya asumió el nuevo parlamento electo) la asamblea legislativa -con más de dos tercios de sus votos- resolvió modificar su propio reglamento. Para que todos esas medidas, que necesitaban mayorías “especiales”, fueran a partir de ahora aprobadas por mayoría simple. Esto levantó un griterío de toda la oposición derechista: la fascistizante y la liberal. Ambas –que apoyaron el golpe- consideran que es antidemocrático que no se busque el acuerdo con la minoría. Introduce, objetivamente, un derecho a veto para estas minorías. Si no les gusta una disposición a votar, aunque sean minoritarios no se podría aprobar. Esto sí que es verdaderamente antidemocrático: las mayorías deben resignar sus posiciones ante el veto de las minorías.

¿Qué hay en juego en esta disputa entre el MAS y la derecha?

Entre varios problemas importantes está en primer lugar el desplazamiento de los mandos militares ejecutores de la represión contra el pueblo. Fueron nombrados por la presidenta golpista que incluso había sacado una resolución eliminando toda responsabilidad por “excesos” represivos. Luego Áñez los ascendió a puestos clave, sin aval del parlamento que es el que constitucionalmente debe nominarlos. Hubo incluso un planteo militar amenazando con la disolución del Congreso si no se ratificaba su nombramiento. Áñez los nominó por decreto.

Elementalmente, incluso para cualquier gobierno burgués, se plantea colocar al frente de las Fuerzas Armadas y de Seguridad un cuerpo de oficiales que les sea afín. La constitución de comisiones investigadoras también está a la orden día para analizar la responsabilidad de las represiones, negociados y corrupciones de todo tipo.

La derecha camachista sale a la calle en defensa de este cuerpo de oficiales. Por eso ha ampliado la plataforma de su reclamo: anulación de las elecciones, investigación judicial sobre el fraude, impedir el ascenso de Arce Catacorras a la presidencia, restituir los dos tercios obligatorios de votación para destituir o nominar mandos militares y policiales y para formar comisiones investigadoras.

El reclamo de los dos tercios ha servido de base para que Mesa (el segundo –y lejano- candidato después de Arce) que había reconocido plenamente el triunfo del MAS saliera a manifestar su oposición. Llamando a una resistencia –por ahora pasiva- que se manifestara en que no concurrirá al acto protocolar de la asunción de Arce.

La agitación callejera de la derecha y sus convocatorias crecientes y estentóreas a impedir el acceso de Arce a la presidencia están acompañadas del llamado a que los militares asuman directamente el poder, a constituir un gobierno cívico-militar: un nuevo golpe derechista y represivo con injerencia directa de las FF.AA.

Una vocal del Tribunal Electoral salió a declarar su desconfianza en los recuentos electorales y plantear la intervención de la OEA. El presidente del episcopado católico acompañó los reclamos de Camacho.

Cuarenta y ocho horas más tarde un plenario de obispos desautorizó el desconocimiento de las elecciones, pero manteniendo el reclamo que se restituyan los dos tercios para votar en el parlamento. La mayoría de la clase burguesa y el imperialismo acepta el triunfo electoral del MAS, al que ven como elemento fundamental para la contención de la movilización popular y eventual apertura de una situación revolucionaria. El mismo secretario de estado yanqui, Mike Pompeo, en mitad de la aguda crisis por la que atraviesa el gobierno de Trump, se comunicó ayer con Arce para felicitarlo por su triunfo, proponiendo restablecer relaciones diplomáticas.

Ante el desarrollo abierto y creciente de esta agitación golpista, un dirigente de segunda línea del MAS declaró que iba a propugnar una reforma constitucional para formar milicias ciudadanas. Esto fue motivo para el Comando en Jefe del Ejército sacará un comunicado público, exigiendo a la Fiscalía que procese a este dirigente por subversivo. Entiéndase: no convocó a formar milicias ciudadanas, sino a la necesidad de una reforma constitucional para habilitar este proceso. El ejército permite los llamados golpistas directos de Camacho y sus fascistas, pero coloca ultimatums contra los que plantean reformas constitucionales.

Aplastar la amenaza derechista

No se puede saber si el planteo golpista se va a consumar directamente. La mayoría de la burguesía teme que esto provoque una reacción revolucionaria de las masas obreras y campesinas. Prefiere, por ahora, negociar con el MAS para que contenga y trata de disolver estas tendencias de lucha y radicalización, como lo hizo en el pasado. Pero… ve en este accionar golpista la oportunidad de condicionar al próximo gobierno del MAS logrando que se respeten las “conquistas” contrarrevolucionarias que impuso el gobierno golpista de Áñez: el cuerpo de oficiales, los dos tercios en el parlamento, etc.

La lucha contra el golpe ha venido recorriendo distintas fases. Desde las masivas resistencias de noviembre-diciembre del año pasado que fueron contenidos por el “pacto de pacificación” que avaló el renunciante Evo Morales con la mediación activa de la Iglesia y las Fuerzas Armadas, para que tomara el poder Áñez y sus aliados fachos y derechistas. La huelga General de 12 días de agosto enterró los intentos de no convocar a elecciones y mantenerse en el poder el equipo golpista. La huelga general no logró –sin embargo- voltear al gobierno golpista como se había ido reclamando en los más de 200 cortes de ruta que paralizaron el país. Nuevamente, por la intervención de Evo Morales, opuesto a este reclamo revolucionario, que acordó un segundo pacto de pacificación, aceptando que Áñez convocara a las elecciones del 18 de octubre. Frenada una salida revolucionaria inmediata, el centro de la movilización política se trasladó al terreno electoral. Desmintiendo a algunos izquierdistas que consideraban que la crisis se había cerrado y que los resultados eran indiferentes para el futuro de la lucha popular, las masas se movilizaron como nunca aplastando electoralmente a la derecha. Pero esta no se resigna: vuelve a levantar cabeza amenazando con un nuevo golpe, pretendiendo salvar a los mandos militares represivos y las conquistas contrarrevolucionarias y antipopulares impuestas bajo el régimen golpista. Las patronales se suman a esta “ofensiva” despidiendo masivamente, en primer lugar a los activistas luchadores.

Es una nueva tontería considerar que este es un problema en las alturas, que solo hay una disputa por el botín del Estado. Esto está siempre presente en un Estado explotador, como es un Estado burgués. Pero se trata de un choque en la cual las masas deben intervenir en forma independiente, llevando a fondo la lucha contra la derecha, sin prestar un apoyo político a Evo y el MAS, quienes intentarán volver a conciliar con los golpistas.

Inmediata destitución de todos los militares implicados en la represión: cárcel, juicio y castigo. Constitución de milicias obreras y campesinas, armamento popular. Rechazo de los despidos patronales: reincorporación inmediata de todos los cesanteados. Control obrero general de la economía.

Las organizaciones de masas de los trabajadores y explotados deben intervenir activamente. Es necesario que la central obrera (COB) rompa con su subordinación a las direcciones burocráticas y capituladoras del MAS. Convocatoria urgente a un Congreso con delegados elegidos en las bases nacional y en cada departamento, para que los trabajadores fijen en forma autónoma, directa e independiente el programa y la intervención en la crisis nacional y medidas de acción directa: relanzar la huelga general, con piquetes y cortes. Organizar la ocupación de fábricas para imponer la reincorporación de los despedidos.

Frente único para aplastar a la derecha y las provocaciones patronales-gubernamentales. Más que nunca es necesario que la vanguardia obrera y campesina y de la izquierda avance en la formación de un partido revolucionario, obrero y socialista que tenga como objetivo estratégico la lucha por un gobierno obrero y campesino. El camino hacia este objetivo pasa hoy por aplastar a la derecha fascista y golpista.

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